La socialista Susana Díaz
La socialista Susana Díaz - ABC

Elecciones en Andalucía 2018Susana Díaz, «prusiana», bética y socialista desde los 17 años

La candidata del PSOE a la Presidencia de la Junta de Andalucía llega a estos comicios con el juicio por los ERE al alza

SevillaActualizado:

Susana Díaz Pacheco (Sevilla, 1974) tiene una mueca muy característica cuando está tensa. Se le tuerce la mandíbula y se le levantan las cejas. Esa cara la suele reservar para su archienemiga, la «podemita» Teresa Rodríguez, para el líder de IU Antonio Maíllo, y se le ha visto también cuando ha tenido que hablar de la corrupción en su partido, como el caso de los ERE y de la financiación ilegal en el Senado.

Ella ha dicho de sí misma que es «prusiana». Quienes la han tratado confirman su disciplina militar y su capacidad de trabajo. Ya quienes estuvieron con la socialista en sus tiempos del Ayuntamiento de Sevilla hablan de jornadas maratonianas. «Se lo lee todo y se lo estudia todo», cuentan quienes coincidieron con ella entonces. Pero los mismos que alaban esa dedicación hablan también de su muy mal genio cuando se enfada y sus broncas absolutamente explosivas. Y de un carácter soberbio. Ese adjetivo casi siempre que se pregunta por ella, en cualquier foro que se pregunte por la socialista.

La presidenta de la Junta de Andalucía y candidata del PSOE en estas elecciones no ha llegado donde está sin una cantidad igual de olfato polítco y cierta dosis de maldad. A lo largo de su carrera, los cadáveres políticos que ha ido dejando son la crónica de sus peleas por el poder. Desde los 17 años, cuando se afilia al PSOE, (casi) nada se le ha resistido y ha ido orillando a todo el que le ha hecho sombra. A Pepe Caballos, de quien aprendió mucho de los que es ella hoy; a los expresidentes Chaves y Griñán a los que sucedió en la Junta y que fueron sus padrinos políticos; a su gran valedor, Antonio Viera...

Sin embargo, las victorias indiscutibles de Díaz parecen cada vez más lejanas. La socialista vive desde hace tiempo de capa caída. Consiguió los peores resultados del PSOE en Andalucía en las elecciones autonómicas de 2015. Luego intentó echar a Pedro Sánchez de su cargo de secretario general de su partido para dar ella el salto a Madrid y el resultado fue justo el contrario: hoy, Sánchez es no solo máxima autoridad del PSOE sino también presidente del Gobierno y Díaz pelea por mantener el suelo electoral de su partido y ni sueña ya con una mayoría que le permita gobernar sin pactar. Andalucía, La otrora plaza fuerte del PSOE es hoy, bajo su mando, solo plaza de mercado donde negociar cómo seguir mandando en la Junta.

A lo largo de su carrera, pero más especialmente desde que es presidenta de la Junta, Díaz ha recibido una crítica persistente. El de la apropiación de Andalucía como símbolo. La socialista se envuelve en la bandera blanca y verde y confunde a los ciudadanos, dicen sus enemigos, asegurando que cuando alguien la critica a ella le falta el respeto a Andalucía. Una versión moderna de aquél «El Estado soy yo» que dijese Luis XIV de Francia.

Entre quienes la siguen en su día a día hay ciertos reparos con ese lenguaje suyo y esas formas que, aseguran, imposta Díaz cuando se quiere mimetizar con la gente de barrio. Ella ignora esas críticas y salpica su discurso con frases recurrentes como «mis vecinas me dicen que no me pelee con nadie». No escatima en el tipismo andaluz cuando llama «tieso» y «criatura» a su marido. Vecina del sevillano barrio de El Tardón (como Isabel Pantoja, Los Morancos o Chiquetete), ella presume de ser como cualquier vecina: la mayor de cuatro hermanas, padre fontanero, madre ama de casa. Busca pasar por una señora cualquiera camino del mercado. Solo que no lo es. Es la presidenta de la Junta.

Como le pasa a muchos políticos, es una mujer que gana en las distancias cortas. Maneja bien ese tú a tú y se mueve como nadie en la arena política. No hay que olvidar que lleva desde los 17 años en el PSOE y desde los 23 con cargo. En esa dilatada experiencia de la que ella presume hay quienes ven un defecto. Muchos critican que, en realidad, no ha hecho nada en su vida salvo medrar en política. Que jamás ha cobrado una nómina de una empresa privada. Que no ha tenido que hacer ni una entrevista de trabajo. Y añaden a la crítica que tardó diez años en acabar la carrera de Derecho, al estar centrada solo en su partido y en escalar políticamente.

Ella, que ha sido catequista, es forofa confesa del Betis y devota de la Esperanza de Triana, siempre explica que entiende que la política, su política, está para cambiar la vida de la gente. Desde la bancada contraria, el PP reconoce que sí que cambia la vida de la gente. De su gente: de su marido y tres cuñados, cuyos nombres aparecen como contratados en empresas que la Junta subvencionó con dinero público. Por delante, Díaz tiene ahora el reto de volver a ganar unas elecciones que el PSOE no ha perdido nunca, con el agravante de que, en caso de perder, va a tener difícil sobrevivir.