Fachada de Moody's
Fachada de Moody's - REUTERS

Moody’s alerta sobre la difícil situación de la banca portuguesa

Los nuevos mensajes, que coinciden con los emitidos en relación a Italia, tienen en cuenta que las políticas presupuestarias deben ajustarse aún más

Corresponsal LisboaActualizado:

Moody’s no deja lugar a dudas en sus apreciaciones: Portugal se mantiene en el alambre. La influyente agencia de calificación lanza sus advertencias después de reconocer que se han realizado ciertos progresos, pero pone el dedo en la llaga de las reformas que todavía se necesitan para que los desafíos no se lleven por delante la estabilidad aparente instaurada desde que gobierna el primer ministro socialista António Costa.

La complicada situación de la banca en el país vecino constituye el principal motivo de preocupación puesto sobre la palestra por los inspectores estadounidenses, que se unen a Standard & Poor’s y a Fitch en su criterio de ‘bono basura’ aplicado a Portugal.

Los nuevos mensajes, que coinciden con los emitidos en relación a Italia, tienen en cuenta que las políticas presupuestarias deben ajustarse aún más y que la subida de los tipos de interés puede provocar una evolución negativa en sus cuentas.

El director de la división de riesgo soberano de Moody’s, Dietmar Hornung, ha realizado unas declaraciones al respecto en las que asegura: «Estamos observando un equilibrio con posterioridad a la crisis, pero los riesgos políticos están ahí. Puede estar fraguándose algo que precisará de nuestra atención». Y eso a pesar de que, a su juicio, Europa se halla más preparada que hace cinco años para afrontar las turbulencias de los mercados.

De forma significativa, la conferencia de Hornung se celebró en Lisboa, un claro espejo de que tiene al país vecino en el punto de mira después de que emergieran fracturas entre los socios de la izquierda radical que sustentan a los socialistas en el poder.

Otro de sus dardos, basados en datos absolutamente empíricos, se centra en que la República lusa continúa mostrando unos altos niveles de endeudamiento, razón de más para exhibir una inquietud que pone nervioso al ministro de Finanzas, Mário Centeno.

Para colmo, la española Pepa Mori (también perteneciente al ‘staff’ ejecutivo de Moody’s) agrava los malos augurios para Portugal, ya que ha expresado su preocupación por el alto volumen de créditos de baja calidad que persisten al otro lado de la frontera. Es decir, los activos tóxicos están lejos de haber desaparecido del panorama financiero.

Además, el flujo de crédito no deja de ser bajo y los índices de liquidez y rentabilidad de los bancos portugueses no abandonan los niveles reducidos.

En consecuencia, la volatilidad bancaria que se instaló en Lisboa desde la quiebra del Espírito Santo no ha recuperado en ningún momento el grado de estabilidad anterior.

Se da la circunstancia de que, hace dos semanas, Moody’s hizo pública su nota de calificación sobre Portugal, que no sufrió variaciones y, por tanto, persiste la espada de Damocles del ‘bono basura’.