Exportaciones en el puerto de Santander
Exportaciones en el puerto de Santander - EFE

Las filiales empresariales en el exterior impulsan la marca España

La facturación de estas empresas superó a las exportaciones desde el año 2012

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Que las exportaciones han sido uno de los motores que ha logrado sacar a España de la crisis es algo bien sabido. Las empresas nacionales vieron en el mercado exterior una vía con la que suplir la deprimida demanda interior y apostaron por las exportaciones como nunca antes lo habían hecho. La decisión fue aplaudida por todos los economistas, pues se aprobaba con nota la que había sido la asignatura pendiente de la economía española durante años. Ahora bien, según un reciente estudio publicado por Esade, Cofides y el Consejo General de Economistas, desde el año 2012, la facturación de las filiales extranjeras de empresas españolas ha superado con creces la de las exportaciones.

En concreto, entre 2012 y 2015 (los datos más recientes), las filiales de las empresas españolas en el exterior han facturado 427.000 millones de euros frente a unas exportaciones de bienes y servicios -incluido turismo- que en el mismo periodo se han situado en los 327.000 millones. «Esto convierte a las filiales en las verdaderas embajadoras de la marca España», asegura Xavier Mendoza, profesor de Esade y director académico del estudio. Todo ello, a través del estudio de casos prácticos de filiales de empresas españolas de diferentes sectores (agroalimentario, automoción...) en países como México o Perú. Se trata de uno de los primeros estudios hechos en España que emplea los denominados objetivos de desarrollo sostenible como marco de referencia para evaluar la contribución que las empresas efectúan al desarrollo de un país. «Desde la perspectiva del país receptor, tanto o más importante que el volumen de la inversión extranjera recibida es la calidad de la misma», destacan los autores del informe.

Y, según el citado estudio, la calidad de la inversión se relaciona con la voluntad de permanencia a largo plazo de la empresa inversora en el país, su interés en establecer vínculos productivos con la economía local y el desarrollo de la actividad con criterios de sostenibilidad económica, social y ambiental. Además, el impacto positivo de estas prácticas es recíproco y llega también a España. Nuestra nación obtiene una mejora de la balanza de pagos a través de la repatriación de dividendos y el pago de «royalties», o cuando la filial crea una demanda de bienes de equipo o productos que se exportan desde España. También tienen un efecto positivo sobre el empleo, por el llamado «efecto arrastre» sobre las exportaciones y el incremento del empleo cuantificado en la matriz. Todo ello sin olvidar «la proyección de una imagen positiva de España como país de origen del inversor, otra de las ventajas de que nuestras empresas internacionales adopten enfoques de inversión responsable», afirma el estudio, a cuya presentación también acudió la secretaria de Estado de Comercio, Marisa Poncela.

Internacionalización

La titular de la Secretaría de Comercio comparó la apertura actual de la economía española con la situación a principios de los años 80, «cuando no había un buen número de empresas fuera del país». En este sentido, destacó que la entrada en la UE y la salida de las empresas españolas al exterior, especialmente Latinoamérica, «obligó a rehacer algunas cosas en la casa matriz y asentó las bases para la competitividad» de la economía y puso como ejemplo la introducción de estándares de calidad como la certificación ISO 9000.

También recordó que en Estados Unidos, la balanza comercial es favorable a España. En concreto, según el Bureau of Economic Analysis (BEA), la inversión directa española durante 2016 fue de 68.200 millones de dólares -un 1,8% más respecto a 2015- frente a la inversión directa estadounidense en nuestro país que fue sólo de 37.400 millones de dólares. Según el INE, el país presidido por Trump es el sexto destino de nuestras exportaciones y el quinto origen de nuestras importaciones.