Donald Trump, presidente de EE.UU., junto a Pedro Sánchez, presidente del Gobierno de España
Donald Trump, presidente de EE.UU., junto a Pedro Sánchez, presidente del Gobierno de España - AFP

España, un país de exportadores amenazado por viejos socios en la guerra comercial

El sector exterior tuvo contribución negativa en 2018, el año del conflicto arancelario

MadridActualizado:

Ante la desaceleración natural del ciclo económico de expansión que experimenta España, la guerra comercial supone un elemento que acrecienta los efectos de la rebaja en el crecimiento. Y, más aún, en un país tan dependiente de las exportaciones como lo es el nuestro: hace diez años el peso de las exportaciones era de entorno al 22% y ahora alcanza ya una cifra alrededor del 35%. Una economía condicionada por el sector exterior, cuando este cada vez está más amenazado.

«A partir del cuarto trimestre de 2018, la guerra comercial ha comenzado a impactar en la economía española principalmente por efecto contagio. El deterioro de la confianza y de la inversión empresarial china han reducido su demanda de importaciones europeas, especialmente de Alemania, con el consiguiente efecto sobre las exportaciones españolas», señala Alicia Coronil, directora de Economía del Círculo de Empresarios. Es más, según datos del Instituto Nacional de Estadística, la aportación de la demanda exterior al PIB ya vuelve a ser negativa, en torno a cinco décimas el año pasado. Todo ello teniendo en cuenta que durante la crisis fue el sector externo el que evitó que España se sumiera en un pozo todavía más hondo.

Así las cosas, las exportaciones nacionales no caminan al buen ritmo de otros años. Sin ir más lejos, mientras en 2017 estas crecieron un 7,7% en interanual, el año pasado lo hicieron al 2,9%, al tiempo que las importaciones aumentaron un 5,6%. Crece el déficit comercial casi un 37%, aunque Coronil reconoce que la guerra comercial no ha sido el único factor que incidió el pasado ejercicio en el comercio español. También lo hizo, por ejemplo, el Brexit.

Narciso Casado, director general de CEOE Internacional, explica que el efecto guerra comercial no ha mermado tanto a las empresas españolas, sino que genera otro cúmulo de consecuencias. «Repercuten en la cadena de valor de muchas industrias y, al mismo tiempo, provocan desviaciones de comercio y generan un creciente clima de incertidumbre», defiende.

Como freno al proteccionismo, desde CEOE mantienen una intensa agenda de reuniones a nivel internacional para fomentar el comercio y las inversiones recíprocas. «Las principales organizaciones empresariales y la CEOE hemos expresado en la Cumbre del B20 de Tokio nuestro pleno apoyo al multilateralismo, la OMC y al mantenimiento de un acervo de reglas compartido por todos», señala Casado. Todo ello con el reto de defender el modelo de globalización actual vigente desde el final de la Segunda Guerra Mundial: «Es fundamental para las empresas españolas, cada vez más presentes en el exterior. De lo contrario, estas se verán forzadas a operar en un mercado cada vez más fragmentado, y en condiciones de mayor desigualdad frente a sus competidoras». Una amenaza global que requiere la unión de fuerzas locales.