Sam Querrey - Reuters
Wimbledon

Un Wimbledon de más edad y menos bombarderos

Solo Querrey, rival hoy de Nadal, defiende el saque en unos cuartos plagados de veteranos

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A Roger Federer se le escapó la sonrisa cuando vio caer a su rival, Matteo Berrettini, en el encuentro de octavos. El italiano fue a buscar una pelota a la esquina y se encontró golpeando al aire, y de la inercia, se fue al suelo. La pelota se había ralentizado, quedándose allí frenada a varios centímetros de donde debería haber estado. Son los trucos de Wimbledon y esta hierba tan caprichosa que, como la lluvia, nunca cae al gusto de todos. Por eso, casi como cada año, es normal que los tenistas reclamen y analicen la superficie y sus circunstancias a su gusto y apetencia. «El sol que ha hecho todos estos días ha hecho más lenta la hierba», exponía Roberto Bautista tras ganar a Benoit Paire. Rafa Nadal defendía, sin embargo, la opinión contraria: «He jugado aquí desde 2003 y no creo que la pista esté más lenta. No he notado ninguna diferencia. Las pelotas sí pueden hacer el juego más lento».

Lento o no, según a quién se pregunte, la hierba ha dejado de ser territorio para los grandes sacadores. El año pasado, a estas alturas, sobresalían las enormes palancas de Juan Martín del Potro (566 «aces» en su carrera en hierba), John Isner (1.550), Milos Raonic (1.417) o el finalista Kevin Anderson (1.206). En este curso solo sobrevive Sam Querrey como el defensor de este golpe que ya no parece tan letal. En el camino, nombres que brillaron sobre el verde gracias a su primer saque como Ivo Karlovic (2.707 en total, 58 en el torneo), Isner (63), Raonic (92), Jo-Wilfried Tsonga (45) o Feliciano López (34) y jóvenes portadores de ese tenis físico que parecía imponerse: Nick Kyrgios (52), Alexander Zverev (24) o Stefanos Tsitsipas (11).

«Wimbledon es más lento que hace 30 años, pero cada año el clima cambia y eso también modifica el juego. La pelota en hierba toda la vida ha volado más lenta que en tierra o cemento. Otra cosa es cuando bota, que es cuando tienes que interpretarlo», analizaba ayer Francis Roig, entrenador de Nadal. En esa interpretación tendrá que afanarse el balear si pretende superar hoy (sobre las 16.00 horas, Movistar y ABC.es) los 198 centímetros de altura de Querrey con los que aporta a la pelota una velocidad difícil de digerir. Es líder del torneo en número de «aces», cien hasta hoy. ¿Cómo va a volar la bola del estadounidense? «Os lo diré mañana, pero va a volar rápido seguro», reía Roig.

Cien saques directos

«Será un partido muy duro y de estos que se pueden decidir por dos o tres bolas de break que no aprovechas. Puedes hacer un buen partido y si no coges esas bolas puedes perder», proseguía en su radiografía a un rival al que se ha enfrentado en cinco ocasiones, con solo una victoria del estadounidense. «De ese partido no me acuerdo», reía Roig. Fue en la final de Acapulco, en 2017, la última vez que cruzaron las raquetas. Aunque los cinco sets confieren cierta ventaja al balear. «Cuanto más rato esté en la pista más podrá imponer su ley. No hay tanto factor sorpresa porque te puedes recuperar. A tres sets sería tremendo».

El entrenador también remitía al impulso que fue enfrentarse a otro gran sacador como Nick Kyrgios en segunda ronda para la confianza al resto. «Rafa fue capaz de restar saques muy difíciles y de pasar situaciones complicadas de break contra un tipo imprevisible. Te da seguridad». No obstante, diseccionaba Roig, el segundo servicio de Querrey es mucho más efectivo que el del australiano. Y no solo eso, porque Querrey no es Kyrgios, tan talentoso como irregular. Batió a Novak Djokovic en Wimbledon 2016 y a Andy Murray un año más tarde, donde llegó a semifinales. Y tiene 31 años. Madurez, potencia y tenis.

Porque además de lento, según a quién se pregunte, este Wimbledon se ha hecho mayor. De los ocho tenistas protagonistas de la jornada, el más joven es David Goffin, 28 años. El resto: Roger Federer, 37; Nadal, 33; Novak Djokovic, 32; Sam Querrey y Bautista, 31; Kei Nishikori y Guido Pella, 29.

Madurez

Por primera vez en la Era Open (1968), los mayores de 30 años superan en número a los menores de esa edad en las rondas de octavos y de cuartos. «Prefiero al Bautista de ahora, con más bagaje, más completo, más variantes», se expresaba Bautista. «Tienes mejores resultados porque conoces mejor las opciones e incluso tu cuerpo», apoyaba Carla Suárez. «Rafa es cada vez mejor jugador porque tiene más control de situaciones diferentes en la pista», ratificaba Roig. Esa experiencia también puede ser el motivo por el que el saque ha perdido fuerza en Wimbledon. A unos se les va la agresividad, otros han encontrado el antídoto. A la espera de que rompan el cascarón Tsitsipas, Zverev o Auger-Aliassime.

Ayer se completaron las semifinales femeninas: Serena Williams-Barbora Strycova y Simona Halep-Elina Svitolina. Para hoy, a partir de las 14.00 horas, en la Pista Central: Djokovic-Goffin; Nishikori-Federer. En la Pista 1: Bautista-Pella y Nadal-Querrey.