Vídeo: Nadal alcanza la final de Roland Garros tras vencer a Federer - Vídeo: Roland Garros

Roland GarrosNadal y Thiem repiten en la mejor final de la tierra

El español persigue su duodécimo Roland Garros ante el rival al que venció en 2018. El austriaco lleva mucha más carga física

Enviado especial a ParísActualizado:

La final de hoy es la final del ayer, muy probablemente también la del mañana. París, que estos días genera dolor de cabeza con tanto cambio de tiempo, imposible predecir con exactitud la lluvia y el viento que tanto alteran a la organización, asiste a la reedición del gran duelo de 2018, decimotercer episodio de una rivalidad al alza como la que viven Rafael Nadal y Dominic Thiem. Se decide Roland Garros en domingo tal y como estaba previsto y llegan los aspirantes por dos caminos muy diferenciados, pletórico y precoz el español para alcanzar la última ronda y mucho más fatigado el austriaco, quien compensa la paliza que llevan sus piernas con la autoestima que supone un triunfo como el que firmó ayer ante Novak Djokovic.

En una semifinal de locos, imposible descifrar lo que pasó de verdad en la Philippe Chatrier, el centroeuropeo terminó con el número uno después de cuatro horas y 13 minutos (6-2, 3-6, 7-5, 5-7 y 7-5), más que justificada la etiqueta de heredero cuando de tierra toca hablar. Es, casi con toda seguridad, el humano que mejor se emplea en esta superficie, ahí están los números y sus formas, pero el problema es que hoy tiene enfrente a alguien que escapa de lo común. Solo así se entiende que Nadal esté en condiciones de abrazar, ahí es nada, su duodécima Copa de los Mosqueteros (15 horas, Eurosport, DMAX y ABC.es).

Nadal, al tanto

Al tiempo que Thiem se vacía en la Chatrier para terminar con la mística de Djokovic –perseguía el serbio enlazar los cuatro grandes y llevaba 26 triunfos en torneos de esta categoría–, Nadal se entrenaba en la pista 4 con Carlos Moyá durante algo más de una hora. Es imposible que el balear altere sus rutinas y siempre antes de una final en París calca lo que hizo el año anterior. Esa, la pista 4, es la elegida para peinar los últimos flecos y pregunta con la cabeza cada vez que oye una ovación de la central, que hubo muchísimas.

«Set para Thiem», se le informa a Moyá cuando el austriaco se apunta la tercera manga. Ladea la cara con gesto de aprobación, sin que le sorprenda en absoluto, y sigue probando la derecha y el revés de su chico, al que poco hay que corregir. En la grada, todo el clan Nadal imaginándose la final, a la que el español llega con una ventaja evidente.

Desde que se clasificó para octavos de final, y eso fue el pasado domingo, Nadal únicamente ha saltado dos veces a la pista. Los cuartos, contra Nishikori, fueron el martes, y su duelo de semifinales, contra Roger Federer, se celebró el viernes según lo previsto. Fueron coser y cantar esos partidos, además, así que no hay más desgaste del necesario y ha llegado a la última etapa con 13 horas y 24 minutos en sus piernas.

Thiem, por su parte, lleva sin parar desde el jueves, muy perjudicada esa parte del cuadro por culpa de la lluvia. El miércoles no hubo tenis en París y desde entonces se ha tenido que apretar el calendario para sacar el torneo adelante sin moverlo al lunes, que era exactamente lo que pretendía el austriaco y su equipo, sobre todo al saber que la semifinal ante Djokovic no iba a terminarse el viernes por el agua y el viento. La organización descartó esa idea por mucho que se difundiera el bulo y hoy será, de este modo, su cuarto día consecutivo en pista. Esas 15 horas y 25 minutos pueden pesar mucho. 

«Su partido ha durado cuatro horas, pero se ha repartido en dos días, no creo que sea una ventaja para mí», sostiene Nadal en la previa. «Físicamente me encuentro bien», desvela Thiem, un deportista con unos valores excelentes que casi nunca pone excusas para justificar un resultado. «Tengo mucha adrenalina y mañana durará. No estoy cansado, podré descansar tras el torneo. Lo voy a dar todo», anticipa.

Sabe que no le queda otra porque el reto es tan grande que solo dos personas, Robin Soderling en 2009 y Novak Djokovic en 2015, han sido capaces de vencer a Nadal en un partido a cinco sets sobre la tierra batida de París. Los otros 92 duelos con el balear de por medio ya se sabe cómo terminaron. «Jugar contra Rafa es el mayor desafío posible», acepta.

Los datos le dan la razón, pero Thiem puede presumir de superar a Nadal varias veces, y no hace mucho precisamente de la última. De hecho, en ese cara a cara (8-4 para el mallorquín), todos los encuentros menos uno se han disputado en tierra, y ganar cuatro veces al rey en su superficie predilecta está solo al alcance de Djokovic (7). «Hace seis semanas jugué contra él en Barcelona, trataré de hacer lo mismo sabiendo que aquí es más complicado», aporta. «Dominic es lo más difícil que te puedes encontrar en una final, tengo que jugar a mi mejor nivel», le piropea el zurdo.

El Nadal-Thiem tiene ya tres entregas en la Chatrier, y en todas se produjo el mismo resultado. Aquí no hay debate porque Nadal no lo permite, y únicamente cedió 23 juegos ante su enemigo de hoy en esas citas. La derrota en el Godó le pone en alerta, pero esto es otra cosa muy diferente, esto es Roland Garros, su paraíso.

A un paso tiene la opción de estirar aún más su leyenda, adaptado a sus 33 años recién cumplidos al tenis de ahora, igual de efectivo que ese muchacho que en 2005 se bautizó con esos piratas y esa rebelde camiseta sin mangas. Nadal ganaba antes, gana ahora y ganará después, aunque Thiem ya está listo para recoger el testigo. «Si no es esta vez, lo cual es posible por la magnitud del adversario, no me voy a poner mucha presión», dice. Enfrente tiene a una bestia, y  da mucho miedo.