Nick Kyrgios - Reuters / Vídeo: La polémica entre Nadal y Kyrgios viene de atrás

WimbledonEl torbellino Kyrgios desafía a Nadal

El australiano, más famoso por sus salidas de tono que por sus títulos, se cita mañana en Londres con el español, con quien ha tenido más de un choque

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Nick Kyrgios es buen tenista, muy bueno. Ayer, en su estreno en Wimbledon, venció a Jordan Thompson por 7-6 (4), 3-6, 7-6 (10), 0-6 y 6-1. Tan genial en sus golpes, con servicios que superan los 200 kilómetros por hora, como en su mentalidad: levantó el primer set desde el 2-5, se dejó llevar en el cuarto set y atropelló a su rival en el quinto sin apenas inmutarse. Ilegibles sus drives, contundentes sus reveses, sorprendentes sus willis, sus voleas, sus remates. Tiene 24 años. Y todo lo necesario para triunfar.

Pero su palmarés se reduce a cinco títulos, ninguno en grandes plazas, las noticias que protagoniza suelen ser por mal comportamiento y las pistas en las que juega no se llenan por que regale un tenis de postín, sino porque los espectadores esperan su espectáculo, sus locuras y diabluras con la raqueta y sus salidas de tono, arranques de rabia, insultos a los jueces. El de lanzar una silla por los aires en el Masters 1.000 de Roma , el de atacar a árbitros y espectadores, como en Queen’s -«Estoy aguantando a jueces idiotas y a espectadores idiotas. ¿Qué queréis que haga?»-, el de ponerse de espaldas cuando saca el rival.

Comportamiento que divide al mundo del tenis, porque para algunos es divertido y para otros es una falta de respeto. Andy Murray está entre los primeros. También Roger Federer, que lo defendió cuando lo expulsaron en Roma. No hay que olvidar que en todas las épocas hay un tenista irreverente que arrastra defensores y detractores. Ya lo fue John McEnroe. O incluso Novak Djokovic en sus primeros tiempos ofrecía imitaciones de sus rivales o abandonos cuando el partido se le escapaba o gestos exagerados al ganar o al perder.

Surge la duda de si el tenis necesita a personajes como Kyrgios que se salgan de la norma de la corrección que acompaña a los Federer, Murray o Nadal. Nunca un grito más alto, pocos gestos de rabia, cordialidad y rivalidades sanas.

El que no tiene ninguna duda es Rafael Nadal. El español, que se enfrenta mañana a este chico malo del tenis, recriminó el comportamiento del australiano en su último choque, en los octavos de final del Abierto de Acapulco. Ganó el de Canberra, levantando tres bolas de partido, después de fingir dolores de estómago en el primer set, recriminar casi cada decisión del juez de silla, celebrar de forma exagerada la victoria e incluso increpar al público, que abucheó su actuación.

«No creo que sea mal chico, pero le falta el respeto al público, al rival y a sí mismo. Tiene talento para ganar Grand Slams, pero por algo está donde está», comentó el balear en ese momento. Unas palabras que contestó el australiano con despecho y mucha mala leche: «Rafa no me conoce y no voy a escuchar lo que me diga. No voy a respetar al alguien por pasar la pelota por encima de la red. Cada uno es como es». Kyrgios es el tenista que también respondió a Nadal en Instagram con un emoticono de un fantasma y otro de una jeringuilla.

Se citan ambos en la segunda ronda de Wimbledon, donde «nació» el nombre de Kyrgios en el planeta tenis. En 2014, se enfrentaban en los octavos de final. Pocos conocían al australiano, pero sus saques martirizaron al español, que acabó sucumbiendo. Y todo el mundo comenzó a hablar de ese tal Kyrgios, con más pinta de jugador de baloncesto que tenista, que alardea de pasarse las noches de torneo jugando a la videoconsola, que califica de «mierda» a un torneo como Roland Garros, que pasa de entrenadores y hasta de partidos si no le interesan. Que ha ganado tres veces a Nadal y ha perdido otras tantas.

Ayer, en su estreno contra Jordan Thompson brindó un poco de todo: detalles de su calidad, concentración, roturas de ritmo, toques de genialidad, gestos exagerados, lanzamientos al suelo, carreritas, risas, conversaciones con los espectadores, fotógrafos y jueces, dejadez absoluta en un cuarto set en el que se borró de la pista (0-6 en 18 minutos). «Bueno, no creo que pudiéramos ser amigos de ir a tomar una cerveza, pero lo respeto. Es uno de los mejores tenistas», dijo Kyrgios sobre Nadal. Por contra, el español dejó un plácido debut contra Yuichi Sugita (6-3, 6-1 y 6-3). Salvó una fea caída y un susto inicial (0-2 y 0-40), pero solventó la papeleta con corrección. «Dije lo que dije y creo en lo que dije. Estoy aquí para disfrutar de mi deporte», contestó Nadal. Mesura y algo de calma antes de la tormenta Kyrgios.