Novak Djokovic, durante la entrevista con ABC
Novak Djokovic, durante la entrevista con ABC - De San Bernardo / Belén Díaz
Mutua Madrid Open

Djokovic: «Intento vivir más de lo que me dice el corazón que de la cabeza»

El serbio, ganador de los tres últimos grandes, busca sensaciones en Madrid. Ha recuperado a su equipo de siempre y ahora se toma la vida con mucha filosofía

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En una entrevista con Novak Djokovic (22 de mayo de 1987) apenas da para formular preguntas. Más que nada porque cada cuestión deriva en una respuesta eterna, intensa y llena de gesticulaciones, reclamando siempre la atención del periodista porque es de los que mira directamente a los ojos sin titubear. El problema es que, claro, al cabo de un rato se advierte de que el tiempo pactado llega a su fin, y es una pena porque el serbio es de los que habla bien, puede que de manera excesivamente filosófica por momentos, pero huye de los tópicos y se abre para analizar un momento particular en su vida. Ha tenido altos y bajos, y ahora es el número uno del mundo, campeón de los tres últimos grandes y un reclamo para el Mutua Madrid Open, en donde hoy se estrena ante Taylor Fritz (13.30 horas).

Hace dos años, más o menos a estas alturas de la temporada, rompió con su equipo de toda la vida. Ahora los ha recuperado a todos. ¿Cómo ha sido el proceso y por qué ha tomado estas decisiones?

En ese momento necesitábamos un pequeño descanso. No fue solo mi decisión, ellos también pensaban que necesitaban un poco de espacio. Llevábamos diez años juntos y nos separamos durante uno. Entonces volvimos a trabajar con mi preparador físico y con Marian Vajda (su entrenador de siempre) y ahora se ha sumado mi fisioterapeuta. Estoy encantado y agradecido de tenerlos de vuelta porque son mi familia, mucho más que un equipo. Creo que tomarnos ese tiempo fue muy bueno porque hemos refrescado todos nuestras perspectivas. Hemos reconectado de nuevo y han pasado grandes cosas desde entonces. Los buenos resultados también han llegado porque hemos establecido esa sinergia en el equipo que me ayuda a sacar lo mejor de mí.

¿Necesitaba, en cierto modo, como un nuevo inicio? Cambiar de piel, limpiar la mente...

Sí, exacto. Mira, yo no puedo hablar por los otros jugadores. Yo siempre he valorado las relaciones largas. En cualquier deporte, de hecho. Cuando un jugador de tenis está con su entrenador toda su carrera, o cuando un futbolista está en el mismo club hasta que se retira... Yo eso lo respeto muchísimo. Valoro mucho, además, las relaciones humanas que se establecen por las dos partes más allá del aspecto económico. Mi personalidad siempre ha sido así. Pero también me gusta innovar, me gusta aprender, crecer, evolucionar. Ese periodo fue muy útil para mí, incluso estando lesionado durante seis meses. Aprendí mucho con Andre Agassi, Radek Stepanek y otra gente que estuvo en mi equipo. Entendí dónde estaba y dónde quería ir, tomé consejos realmente buenos de ellos.

¿Ha tenido que trabajar mucho el aspecto mental? Da la sensación de que necesita tener todo bajo control para sentirse bien.

Intento vivir más de lo que me dice mi corazón que de la cabeza. Pero, claro, es necesario trabajar la mente. Cuando consigues llegar a lo más alto en tu deporte y cuando ganas tantas cosas en tu carrera te crece el ego. Tienes más expectativas y todo el mundo trata de contribuir en tu éxito. He intentado controlar las circunstancias de mi vida, ya no tanto a las personas. Y muchas veces lo he hecho, aún lo hago. Ahora intento vivir más el momento, centrarme en el presente, respetarme a mí mismo y a todo lo que me rodea. Pero, a veces, cuando no te sientes cómodo por algo, buscas a tu alrededor para encontrar respuestas que te ayuden. Yo nunca he estado asustado por salirme de mi zona de confort. Es parte de mi carácter, así soy yo. Y creo que es algo positivo para la vida, siempre trato de crecer, de aprender, de empaparme de lo que sucede. Como tenista y como ser humano.

Tiene la posibilidad de ganar en Roland Garros su cuarto Grand Slam de manera consecutiva, algo que ya hizo en 2016.

Está cerca, sí. Es solo un torneo, un gran torneo como Roland Garros. He estado en esta situación antes, en 2016, y sé lo que se siente. Son emociones positivas, me inspira y me motiva. Hace tres años, sin embargo, y estando inspirado, me cargaba con muchísima presión. En cambio, hoy es diferente. He crecido mental y emocionalmente, sé cómo negociarlo. Desconozco si eso me ayudará a conseguirlo, pero ahora no quiero más presión. La tengo de por sí siempre. Claro que quiero buenos resultados y no es un secreto, eso no cambia. Pero no necesito cargarme más. La historia está ahí y sé lo que hay. Pero soy una persona y un tenista diferente.

¿Qué significa para usted la victoria ahora? ¿Es adictiva?

Es una buena pregunta, todavía lo estoy descubriendo. Ahora, sin embargo, las victorias, aunque probablemente más las derrotas, son grandes lecciones. Aprendo mucho de las derrotas, mucho más que de las victorias. Todos queremos ganar, todos queremos grandes conquistas y tener torneos, por eso competimos. Antes todo era tenis, ganar o perder. Y si perdía, era un auténtico drama, una decepción que me duraba muchísimo, semanas o más incluso si era una derrota grande. Pero en el presente, me olvido mucho más rápido. Tengo familia, soy padre (dos hijos), llevo quince años como profesional... Sigo queriendo hacer historia, ganar grandes y ser número uno, es obvio. Pero, la segunda parte de la pregunta exige una reflexión más filosófica. En la pista me he sentido vacío, enfadado, sufría más... Todos esos contrastes de emociones no los he encontrado en ninguna otra parcela de mi vida, solo en el tenis, y es una gran oportunidad para aprender de todo esto. Y, en tercer lugar, está mi contribución al tenis y mi legado. No solo en el mundo del deporte. El tenis me ha dado una plataforma para compartir mensajes que me importan: mi trabajo filantrópico, la educación, la salud en general...

Suele ir tres veces al año a Marbella. ¿Qué encuentra ahí?

Marbella es uno de los lugares más bonitos del mundo. Mi hermano vive ahí desde hace cinco años, mi cuñada también. Sentimos que es nuestra casa. Sigo viviendo en Montecarlo, llevo ahí diez años, es donde mis hijos han crecido, pero sentimos que es nuestro hogar, además de Serbia.

Ahí está Pepe Imaz, con quien ha trabajado el aspecto mental. ¿Qué relación mantiene con él?

La prensa enredó muchísimo sobre Pepe (se le considera una especie de gurú). Nuestra relación es larga, de hace muchos años. Es difícil a veces explicar algo cuando la gente no quiere escuchar o no quiere entender. La gente juzgó demasiado. Pepe Imaz es parte de mi vida, un amigo y que colabora con mi hermano desde hace siete u ocho años. Ha estado ahí todo este tiempo, cuando era número uno, cuando era el 22, cuando volví a ser el uno, cuando era el cinco... No ha cambiado nada. Cuando he experimentado pequeñas crisis, cuando me lesioné o cuando bajé al 22 del mundo la gente decía que era por esto o por aquello y lo señalaban. No me gusta personalmente cuando la gente busca encontrar excusas en las personas. Asumo la responsabilidad de mi carrera, el poder de mi vida, de mis decisiones y de mis resultados. Claro que es cercano, me quiere y me ayuda.

Efectivamente, se dijo que era una mala influencia para usted.

Se habló durante meses y meses, y me sentí triste por él. No se lo merece. Es una persona estupenda, con un alma increíble, un corazón enorme. Es alguien que me inspira en la vida, no se merecía esa campaña en su contra. Cuando empecé a ganar de nuevo y me puse número uno, ya nadie habló más del tema y yo podía haber dicho algo entonces, pero no juego partidos con los medios. Todos somos lo suficientemente maduros, pero a veces se falta al respeto. Si gusto o no gusto es algo totalmente subjetivo, y lo respeto, pero a veces se ha traspasado esa línea.