Selección española

Luis Enrique, el dilema entre el problema familiar y el éxito laboral

Apenas hay casos como este en el deporte, anteponer la vida personal a la notoriedad profesional

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«Cuando tengas hijos entenderás que es lo más importante en la vida (...) Créeme, ni títulos ni nada (...) ¿No tienes hijos, verdad?». Sarunas Jasikevicius, exbase lituano del Barcelona, figura del baloncesto, exjugador de la NBA y actual entrenador del Zalgiris Kaunas, mantuvo una discusión que trascendió a la típica rutina de las ruedas de prensa deportivas, sus alineaciones y sus partes de lesiones. Insistía, crítico, un periodista en la ausencia del pívot brasileño Augusto Lima en el tercer partido de las semifinales de la liga lituana de 2017. «Augusto está ahora en un cielo emocionalmente y yo estoy feliz por él», zanjó Jasikevicius. «Hay personas y personas, entrenadores y entrenadores, pero este hombre es muy grande», respondió muy agradecido el jugador.

Por lo que se traduce de los acontecimientos que han desembocado en el nombramiento de Robert Moreno como seleccionador español, Luis Enrique no ha tenido dudas frente al dilema ético entre el éxito profesional y su trance personal. La disyuntiva de elegir entre dos alternativas diferentes y el dilema que puede confundir o alterar la visión no ha resultado tal para Luis Enrique. Ante un motivo personal de índole familiar y la selección española, se ha decantado por volcarse en su vida privada.

David Silva dejó, como Luis Enrique, una concentración de la selección española y en otra ocasión del Manchester City por el nacimiento prematuro de su hijo Mateo. Su novia, Yessica Suárez, se puso de parto con solo 25 semanas de gestación y ambos se temieron lo peor. «Estaba muerto miedo», admitió Silva, que hoy disfruta de su retoño.

Pedja Mijatovic es un héroe del madridismo, autor del gol de la séptima Copa de Europa, aquel tanto ante la Juventus en 1998. Han pasado los días de purpurina y lujo para él, los restaurantes gratis y las palmadas en el hombro. Nada en su existencia se puede equiparar a la muerte de su hijo, Andrea, que vivió siempre en parálisis cerebral cuidado por una familia en Valencia amiga del futbolista. «Cambiaría aquel gol por la salud de mi hijo», confesó en una entrevista a El Mundo. «Y no sólo por su vida. Cambiaría todo lo que he conseguido por haberle escuchado decir algo. Porque él era paralítico cerebral, no hablaba, no caminaba, no se comunicaba... Lo habría dado todo por escuchar un hola, ¿cómo estás?. No pudo ser». Andrea murió en junio de 2009 cuando tenía catorce años.

Luis Enrique, David Silva y Mijatovic son millonarios, futbolistas sin agujeros en el banco. Menos conocido es el caso de la jugadora de balonmano Maite Zugarrondo. Se ha retirado de la elite femenina porque no puede conciliar una vida privada singular y el deporte. Zugarrondo, pamplonesa de 30 años, era la portera del mejor equipo español, el Super Amara Bera Bera y, desde la cumbre de tres ligas y dos Copas, abandona porque no dispone de suficientes recursos para mantener a sus niñas, sus dos sobrinas de 4 y 6 años que tiene en acogida después de que los servicios sociales decidieran que no podían seguir en el hogar de sus padres biológicos. La deportista busca trabajo como enfermera.