Las jugadoras del EDF Logroño, durante un entrenamiento
Las jugadoras del EDF Logroño, durante un entrenamiento

Liga IberdrolaEl EDF Logroño, el éxito del compañerismo

El equipo riojano, fundado por dos , disputa por primera vez la Primera división femenina

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De una amistad surgió uno de los mejores equipos de fútbol de España. El año pasado, un humilde club que apenas tenía diez años de vida logró algo que nunca imaginaron sus fundadores: llegar a la élite femenina.

El Escuelas de Fútbol de Logroño consiguió subir a la Liga Iberdrola por primera vez después de pasar las eliminatorias contra dos de los clubes más potentes de Segunda, el Real Oviedo y el Club Deportivo Tacón. La historia de esta formación es cuanto menos llamativa. Lejos de nacer a partir de equipos profesionales masculinos, dos compañeros que enseñaban fútbol a niños en diferentes colegios se aventuraron a llevar su pasión por el deporte un paso más allá. Más que un paso fue una zancada, tanto que ahora se cuentan por miles los jugadores que visten la camiseta de su club, como afirma a ABC uno de sus creadores, Iván Antoñanzas, actual presidente del club.

«Cuando Paco Rivillas y yo fundamos el EDF Logroño contamos con 150 niños la primera temporada (2008-2009). Entre chicos y chicas, ahora son más de 1.000. Nunca imaginamos llegar a lo más alto del fútbol femenino. Desde que lo fundamos, nos centramos por completo en el fútbol base y no nos marcamos la máxima categoría como un objetivo». Y de un año para otro, la llamada de unas niñas ansiosas por dar patadas a un balón hizo que se crease el combinado femenino. La noticia de que estos dos licenciados en educación física formasen un nuevo equipo se propagó a una velocidad endiablada por la ciudad. «Al enterarse de que creamos un nuevo equipo, varias niñas que vinieron a nuestro club. También llegaron de otros equipos que no les daban salida para jugar a fútbol 7, por lo que nosotros nos lanzamos a crear un equipo de fútbol 7 femenino», asegura Antoñanzas.

El dos de junio de 2018 será una fecha que esta escuadra no olvidará nunca. Llevaban tres años consecutivos quedándose a las puertas del ascenso hasta que llegó el gran día. El Logroño se jugaba llegar a la Liga Iberdrola contra el Tacón. Tal fue la expectación generada que un autobus lleno de aficionados y familiares partió hacia Madrid para animar a sus jugadoras. La escuadra dirigida por Héctor Blanco venció por 1-2 y gracias al empate a uno en casa la hazaña se consagró. El EDF Logroño era equipo de Primera.

Continuidad y metodología. Estas son las bases que considera Antoñanzas fundamentales para que el Logroño sea el equipo que es hoy, un orgullo para los riojanos. «Somos una comunidad muy pequeña pero tenemos una muy buena base. Contamos con jugadoras que llevan cerca de 10 años en el equipo, que lo conocen y saben como es el funcionamiento y el método de trabajo. Esa es la principal clave. El cuerpo técnico ha hecho un trabajo excelente y hemos acertado mucho con los fichajes de fuera».

Implicación máxima

El Logroño se preocupa al máximo por sus jugadoras, pues no solo vela por los resultados deportivos, también por el porvenir profesional de sus integrantes. «Hace cuatro años decidimos invertir más dinero y pusimos dos o tres pisos para las jugadoras que venían de fuera y les buscábamos trabajo. Lo bueno que como club tenemos muchos niños niños y necesitamos muchos entrenadores. También disponemos de una empresa de actividades deportivas, con la que también podemos para contratar a las futbolistas», explica Antoñanzas.

No cabe duda de que esta familia, como la define su dirigente, ha puesto a La Rioja en el mapa del fútbol español. Ahora, puede presumir de ser el primer conjunto de esa comunidad que está en la máxima categoría futbolística y sus éxitos también se han traducido en un efecto llamada para las mujeres que aman este deporte. «El día que ascendimos nos llamaron un montón de padres que nos decían que sus hijas querían formar parte de la entidad. Eso ya da buena nota de que muchas niñas nos siguen».

No tienen vértigo a la Primera división. Es el reto de su vida y prometen no defraudar. Su objetivo es claro: lo llevan en su ADN, competir.