André Gomes, durante un partido del Barcelona - Zuma Press / Vídeo: El Barça conoce la situación de André Gomes y pide a la afición que apoye al portugués
Fútbol

El fútbol como angustia

Mertesacker y André Gomes hacen pública su pesadilla profesional, más común de lo que parece, en un mundo que se supone de lujo y estrellas

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Fernando Giner es el presidente de la Asociación Española de Futbolistas Internacionales, un grupo que se creó en su día para ayudar a los cientos de jugadores que después de la fama y los millones corren el riesgo de caer en la ruina económica. El excapitán del Valencia se mueve ahora en mundos más subterráneos, alejados de la purpurina. Y confiesa que a él no le ha sorprendido la declaración pública del alemán Per Mertesacker, defensa del Arsenal, quien en una entrevista ha admitido vomitar antes de cada partido, tragarse bilis, llorar y preferir la grada o el banquillo a la titularidad porque la ansiedad, la angustia y el miedo al fracaso son más fuertes que un horizonte de optimismo y éxito. «No es nada extraño que se vomite o haya diarreas antes de los partidos. Yo lo vi bastantes veces en mi época en el Valencia», dice Giner a ABC. En un día de testimonios potentes, el portugués del Barça André Gomes declaró en la revista Panenka el tormento que vive como diana de las críticas.

Per Mertesacker ha sido 104 veces internacional con Alemania, formó con Hummels una contundente pareja de centrales, jugó el Mundial de Alemania 2006, el de Sudáfrica 2010 y se proclamó campeón en Brasil 2014 después de disputar seis encuentros con la selección de Joachim Low. El Arsenal lo fichó del Werder Bremen por diez millones hace siete años y desde entonces Arsene Wenger lo ha colocado 124 veces como titular.

El portugués André Gomes era el mejor jugador del Valencia en las campañas 2015 y 2016. Dinámico, rápido e intuitivo, fue captado por el Barcelona, un club gigante que en ocasiones simula a una trituradora. Pagó 55 millones por el centrocampista que lleva una temporada y media sin dar una a derechas, sin mezclar con el equipo y generando cada tarde una secuencia de murmullos de desaprobación en el Camp Nou.

Mertesacker y André Gomes han sucumbido a un intangible común en cualquier trabajador o desempleado: la presión, la angustia, la ansiedad, cualquier acepción es válida. Y lo más llamativo, lo han hecho público y lo comparten en dos entrevistas.

Mertesacker habló en Der Spiegel, la mayor revista semanal de Europa y la más relevante de Alemania. Y fue desgarrador: «Debido a la presión y a las expectativas que tiene la gente, vomito antes de los partidos o tengo diarrea. Es como si mi cuerpo simbólicamente dijera esto es vomitivo. Y segundos antes del pitido inicial me entran náuseas. Una vez tragué tan fuerte la bilis que los ojos me lloraban».

La revista española Panenka aborda el fútbol desde enfoques sociales o culturales, sin apego a los tópicos del balompié. André Gomes habló en este medio de sus miedos como jugador del Barça, increpado habitualmente en los medios de comunicación, en las redes sociales y en el Camp Nou. Y así explica su frustración profesional, pese a que comparte paredes con Messi en un club mundial de referencia. «Me encierro. No me permito sacar la frustración que tengo. Entonces lo que hago es no hablar con nadie, no molestar a nadie. Es como si me sintiera avergonzado. Me ha pasado en más de una ocasión eso de no querer salir de casa. Eso de que la gente te pueda mirar, tener miedo de salir a la calle por vergüenza…».

André Gomes juega mal y vive confundido y apesadumbrado, según cuenta. «Los primeros seis meses fueron bastante bien, pero luego las cosas cambiaron. Quizá la palabra no sea la más correcta pero se volvió un poco infierno, porque empecé a tener más presión. Con la presión yo vivo bien, con lo que no vivo bien es con la presión para mí mismo».

Mertesacker orienta sus pensamientos hacia la exclusividad y el oropel que se supone a las estrellas del balón. «Claro que soy consciente de que los futbolistas tenemos privilegios, pero llega un momento en que te das cuenta de que es un carga, física y mental, de que ya no disfrutas sino que simplemente tienes que rendir, incluso estando lesionado».

Las lesiones fueron una válvula de escape para él, más que una condena, como imagina cualquier aficionado. «Todos piensan que es un drama cuando eres baja por lesión: al contrario, solo así puedes descansar un poco. He explicado muchas veces que tengo la sospecha de que algunas de las lesiones que he tenido tienen un trasfondo psicológico, que el cuerpo intenta dar paz a la cabeza. Pero nadie lo ha investigado nunca. En el Mundial de Alemania me sentí decepcionado por nuestra eliminación en semifinales, pero sobre todo me sentí aliviado. Pensé ya está, al fin terminó».

André Gomes a veces encuentra paz, pero generalmente vive angustiado en el Barcelona. «Entrenando estoy muy tranquilo. Obviamente que hay algún día que estoy un poco mal de confianza, porque hasta en los entrenamientos se nota. Sabes que has sufrido. Quizás he jugado el día antes o dos días antes y aún estoy con la imagen del partido, que no me permite seguir adelante. Pero en los entrenamientos me siento cómodo con mis compañeros. Pensar demasiado me hace daño. Porque pienso en las cosas malas y, después, en lo que tengo que hacer, y voy siempre a remolque. Aunque mis compañeros me apoyan bastante, las cosas no me salen como ellos quieren que salgan».

Fernando Giner auxilia ahora a internacionales en apuros y, en su día, a compañeros agobiados por la presión, el público o la prensa. «Una hora antes de los partidos, los vestuarios son un cóctel de ansiedades. Es frecuente que haya vómitos o diarreas. Yo lo he sentido, el miedo al fallo, a los pitos de la gente... Cuando veía a un compañero con esos síntomas, usaba tácticas de distracción. Le hablaba de otra cosa, de la familia generalmente, para evitar que pensara en el fracaso. Uno no tiene que convertirse en el culpable de todo. Hay que evitar como sea la sensación de ser el centro del universo», comenta el excapitán del Valencia a ABC.

«Estudien, diversifiquen sus vidas –aconseja Mertesacker a los jóvenes futbolistas–. Dentro de poco, cuando me retire, seré libre».