Encuentro entre el Boca Juniors y el River Plate
Encuentro entre el Boca Juniors y el River Plate - AFP

Argentina, desolada por el traslado del Boca-River al Bernabéu

Los argentinos estaban preparados para todo -o casi todo- pero lo que no imaginaban es que la final de la Copa Libertadores se celebraría a más de diez mil kilómetros de su tierra y mucho menos, en Madrid

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La noticia de que, finalmente, será el Santiago Bernabeú el estadio sede del partido del siglo, dejó a los seguidores de Boca Juniors y River Plate sin palabras y las pocas que tenían en los labios no eran, precisamente, de entusiasmo. «No puede ser», repetían desolados. «Hasta Macri (Mauricio) pidió que se jugará en Buenos Aires. Si se puede organizar el G-20 se puede desplegar un dispositivo de seguridad para no tener que pasar esta vergüenza», insistía un cámara de la televisión en el recinto de prensa donde se celebra la cumbre con los presidentes más poderos del planeta.

«Son una mafia, la Conmebol, Angelici (Daniel, presidente de Boca)… todos. ¿Y, ahora qué pasa con los que compraron la entrada y fueron el sábado y el domingo al Monumental?», se preguntaba otro. Las caras de tristeza e incredulidad se sucedían. «Si se hacía acá iba a pasar lo mismo. No es fútbol, es una mezcla de rabia por la situación económica, la inflación, la política… Es todo junto», justifica un periodista. Las explicaciones y el derrotismo iban de la mano y volvían a minar la moral de una sociedad que se mira en el espejo de la frustración, el desorden y los golpes bajos. La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, entendió que la brutalidad y los desmanes del sábado contra el autobús que trasladaba al plantel de Boca no fueron espontáneos sino una revancha, «de las mafias que combatimos» y, en entrevista con ABC, añadió. «Si ese es el precio que tenemos que pagar» por seguir combatiéndolas, «lo hacemos con gusto».

Poco antes de que aterrizara Pedro Sánchez en Buenos Aires, el tuit del presidente del Gobierno hizo sospechar lo peor para unos (los argentinos) y lo mejor para otros (los españoles). «España está dispuesta a organizar la final de la #CopaLibertadores entre el @BocaJrsOficial y el @CARPofiial. Las FCSE y los servicios implicados, con amplia experiencia en dispositivos de este tipo, trabajan ya en el despliegue necesario para garantizar la seguridad del evento». Entre la incredulidad y el desconcierto, una voz se animó a decir: «No tenemos futuro».

Combativo ante la adversidad, Boca siguió anoche sin dar su brazo a torcer y emitió un comunicado en el que anunciaba que el club apelará la decisión, hasta agotar «todas las vías jurisdiccionales». El equipo del que fue presidente Mauricio Macri insiste en llevarse la Copa sin que sus jugadores salten al campo de juego y advirtió: «se interpondrán los recursos que correspondieren ante la Cámara de Apelaciones de la Conmebol y, eventualmente, ante el Tribunal Arbitral del Deporte». Su argumento sigue siendo el mismo. El «brutal» asalto al autobús del sábado es motivo suficiente para descalificar a River. La esperanza es lo último que se pierde.

Todo parece indicar que ahora, salvo otro imprevisto monumental, la suerte está echada. El próximo domingo, 9 de diciembre será una fecha para recordar en las dos orillas del Atlántico. Y pase lo que pase o gane quien gane, en la memoria futura de Boca y River, siempre quedará Madrid.