Sacrificio, humildad y ambición

Fernando Rojo
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España reúne todos los valores posibles de un campeón del Mundo: sacrifico, humildad y ambición. El sacrificio de unos jugadores estratosféricos que, al contrario de lo que hicieron algunas de las grandes estrellas de la NBA, renunciaron a sus vacaciones para defender la camiseta de su país. Ahí está el ejemplo de Marc Gasol, que se hizo con un anillo y en este torneo ha lucido por encima de todos, como si no llevara doce meses seguidos jugando al baloncesto al más alto nivel. La humildad de un equipo que en realidad son dos, porque en este momento tenemos que acordarnos de los jugadores de las ventanas, esos soldados desconocidos para el gran público que se ganaron el pasaporte para China en partidos semiclandestinos. Y la ambición de esta generación y media de jugadores que llevan todo este siglo subidos al podio incluso con notables bajas como la de Pau Gasol.

España es, por encima de todo, un equipo, una orquesta bien afinada por un seleccionador que empezó cuestionado y que sale del Campeonato del Mundo a hombros. Sergio Scariolo también pudo haberse borrado, pero hizo todo lo posible para que los Raptors le dejaran compaginar la selección con su cometido como ayudante en el campeón de la NBA, y a buen seguro ha aplicado muchos de los conocimientos adquiridos en la mejor liga del mundo para aupar a España al olimpo del baloncesto planetario.

Y lo mejor de todo es que pasan las generaciones (se retiraron los Navarro, Reyes, Calderón y se retirará Pau Gasol) y España sigue ganando. En las selecciones inferiores se vislumbra un trabajo serio que dará frutos. También en la laureada selección femenina. En el deporte de la canasta llevan muchos años haciendo los deberes, desde los clubes a la Federación, y eso al final termina teniendo su recompensa. Cuando sobra el talento, se va a cualquier sitio con sacrificio, humildad y ambición. Un tridente imparable para la campeona del Mundo.

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