Dopaje

Así pasó el meldonium al mercado negro

La droga que utilizó Sharapova nació para mitigar los infartos y derivó en un poderoso recuperador

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Ha destruido su imagen divina, pero veinticuatro horas después de anunciar su positivo, Maria Sharapova no es la última cliente del meldonium. Un jugador de voléibol ruso, Alexander Markin, ha sucumbido en el laboratorio a la droga de moda. Al menos quince atletas de los más variopintos deportes (atletismo, biatlón, patinaje, lucha grecorromana, ciclismo, voleibol y tenis) han quedado señalados por esta molécula comercializada con el nombre de Mildronate. Como otras muchas sustancias, primero fue un medicamento ideado para una enfermedad y después se transformó en un atajo para acelerar la recuperación, la resistencia o la fuerza.

En el tartán, la pista de arcilla, la carretera o el polideportivo se escucha la misma letanía. «Es difícil cambiar los hábitos». Incluso cuando un producto prohibido lo utiliza un 2,2 por ciento de la población deportista, según los datos en poder de la Agencia Mundial Antidopaje (AMA). El meldonium ingresó en la lista negra de la AMA el pasado 1 de enero, pero no por ello ha cesado su consumo. Además de Sharapova, otros catorce atletas han dado positivo en setenta días. La tenista lo tomaba desde hace diez años, cuando las autoridades antidopaje del deporte no había verificado su potencia como reconstituyente. No ha podido frenar el uso y se ha disculpado con un argumento escaso. «No sabía que estaba prohibido».

En 2015, el Instituto de Bioquímica y Centro de Prevención del Dopaje de Colonia descubrió trazas de meldonium en el 2,2 por ciento de las 8.320 muestras de orina elegidas al azar entre deportistas profesionales. El inventario reveló más datos: los deportes de fuerza estaban muy representados (67 por ciento) por delante de los de resistencia (25 por ciento).

Para eso no había creado la molécula el profesor Ivars Kalvins en Letonia, 1975. El propósito del científico fue utilizarlo para la prevención de infartos de miocardio y de sus posteriores secuelas. Kalvins fue finalista en el premio europeo al inventor de patentes y en el vídeo de presentación del producto ya advirtió del peligro de un mal uso: «Es una sustancia endógena que, cuando se administra en altas dosis, produce un efecto de dopaje en las células... Reduce la deposición de residuos tóxicos en infartos musculares y al mismo tiempo alimenta las células con más oxígeno».

Los gurús del dopaje, el propio sistema que alienta la competitividad y el espectáculo, convirtieron el origen terapéutico en una sustancia masiva del rendimiento. Según los científicos de Colonia, el meldonium mejora la resistencia de los atletas, facilita la recuperación tras el ejercicio, protege ante el estrés y activa las funciones del sistema nervioso central. El estudio publicado por el Instituto de Bioquímica alemán indica que los efectos en el organismo son similares a los que produce la también prohibida trimetazidina. Y señalan que el uso de este fármaco se ha extendido en parte gracias a la facilidad para adquirirlo en internet.

Veinte euros

El meldonium no estaba autorizado en Europa Occidental y América, pero sí en el mercado negro en forma de tabletas o viales. Cuesta poco, unos veinte euros la caja, lo que lo convierte en una vía de dopaje de gama baja, accesible a muchos bolsillos y que permite el consumo más allá de un seguimiento médico obligatorio.

Grindeks, la empresa letona responsable de la fabricación del meldonium, confirmó a Ap que un tratamiento normal dura de cuatro a seis semanas. «Dependiendo de la salud del paciente, el ciclo de tratamiento de meldonium puede variar de cuatro a seis semanas y puede repetirse dos o tres veces al año. Sólo los médicos pueden evaluar el estado de salud del paciente».

A diferencia de la inclusión del xenón en la lista prohibida de la AMA después de que se cotejase su uso en los Juegos de Sochi de 2014, el meldonium no era un fármaco desconocido. Diversos medios («Le Monde», entre ellos) informaron del descubrimiento de cajas de Mildronate en la consulta del canadiense Anthony Galea, doctor al que acudían las figuras del fútbol americano.