Atletismo

La consagración de Ana Peleteiro

«Si sabes utilizar tus armas, puedes llegar a ser imparable. Yo antes me veía poca cosa»

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Le preguntaron a Ana Peleteiro «¿qué tal?», y como si fuese un torrente de emoción contagioso y vivaracho, la saltadora gallega perpetró una sinopsis de su vida, de sus últimos meses dolorida en un pie, de su milagroso entrenador (el cubano Iván Pedroso) que tanta autoestima la ha proporcionado, de su traslado de Galicia a Guadalajara para mejorar su técnica, de sus miedos y fantasmas, de sus sueños en los que imaginaba saltar 14,68, de su familia, sus tíos, primos, de su chico (el triplista marfileño nacionalizado portugués Nelson Évora)... Y no se remonta ocho años atrás cuando era una promesa mundial porque se queda sin tiempo en la entrevista. Es la imagen de la felicidad. Ana Peleteiro, gallega de 23 años, campeona de Europa en sala, récord de España incluido.

«Vine al Europeo sin pensar mucho, como me había dicho mi entrenador, Iván Pedroso», comunica Peleteiro, una atleta racial, diferente, todo garra y estímulo al rojo vivo en una especialidad compleja, el triple salto, que requiere destreza sin igual y muchas horas de ensayo para incrementar la velocidad de la carrera, la fuerza de salto en los dos apoyos posteriores al talonamiento en la tabla, y la correcta armonización de la técnica en la caída con el juego de brazos.

«Nadie sabe por lo que he pasado en el último mes. El primer salto lo hice el pasado martes», reconoce Peleteiro, autora de un salto en la final que quedará en las hemerotecas del atletismo español. Un brinco de 14,73, más allá de lo que ella tramitaba en sueños, nuevo récord de España que se evapora de las manos de Carlota Castrejana (desde 2003).

Un salto de 14,73

Fue un momento delicioso, único, que ya venía anunciando la española en un concurso sensacional en el que hizo cuatro nulos y otro intento de 14,56 metros. Peleteiro voló en unos segundos, carrera dinámica, los dos apoyos acompasados por los brazos y el dulce aterrizaje en la arena. Peleteiro se levantó como un jugador de la NBA, de pie postrada en la tierra, orgullosa. «Cuando vea el vídeo me va a dar vergüenza porque he dado un espectáculo. Parecía un machote, pero soy así, y además eso también amedrenta a las rivales», confesó.

Para llegar tan lejos, la gallega se sobrepuso a sus miedos, a la campeona mundial la ucraniana Saladukha, a la griega Papapahristou, que tantas veces la ganó, a las portuguesas Mamona y Costa, sus adversarias de siempre. Un concurso durísimo, con la sexta clasificada saltando 14,29, nivel altísimo, en el que la española fue de nuevo aquella muchacha de 16 años que asombró a la comunidad del atletismo al proclamarse campeona mundial júnior en Barcelona.

En cada intento, se golpeaba la cara, reclamaba apoyo a la grada, gritaba para liberar tensión y se decía a sí misma, «sí, sí, es aquí y es ahora» en una metabolización del optimismo. «Si sabes utilizar todas tus armas juntas, eres imparable. Yo aquí me veía poca cosa, comparada con estas estrellas, pero sé que tengo 23 años y estoy empezando», dijo la gallega, que siempre ha tenido algún problema con su autoestima y su confianza competitiva. Peleteiro se arrancó el dorsal con rabia al terminar la prueba, lo mostró al auditorio y se declaró eterna por unos momentos en una evidente reivindicación personal.

Descubierta por la vallista María José Martínez Patiño, Ana Peleteiro guarda una discreción total sobre sus orígenes, «evidentemente de sangre africana», según cuenta. Su familia adoptiva (la atleta nació en Viveiro) la transportó hacia el atletismo y después de la explosión del mundial júnior atravesó una franja de vacío, de la que solo salió gracias al excampeón cubano Iván Pedroso. Se ha integrado en un grupo de elite, en el que también están la campeona mundial Yulimar Rojas, el campeón olímpico Nelson Évora, Alexis Copello o Teddy Tamgho.

«Ana ha mejorado mucho su potencia y la velocidad, que ya era una de sus grandes virtudes. Ahora tiene que seguir trabajando en pulir la técnica, porque ambición e ilusión le sobran para seguir en el camino del éxito», analizó su mentor, Iván Pedroso.

Hace tres años, Peleteiro estaba desolada en su casa, llorando y viendo el Europeo de Amsterdam por televisión. «He crecido mucho mentalmente. Tengo un coraje que antes no tenía», resumió la nueva campeona continental.