Dopaje

40 bolsas de sangre en el Tirol

Cinco esquiadores y dos ciclistas fueron detenidos en una redada antidopaje de la policía austriaca

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En el Tirol bucólico de los Alpes de diseño y las fiestas ganaderas con Porsches a la puerta, tierra rica y fértil, se ha desatado una tormenta de insospechada dimensión. La Policía austriaca penetró en una habitación donde se dopaba con una transfusión de sangre el esquiador Max Hauke y realizó redadas en Seefeld, donde se celebraban los Mundiales de esquí nórdico, y Erfurt (Alemania), donde tiene su clínica el médico cabecilla de la red, el germano Mark Schmidt. Pero ahora los investigadores se han encontrado con una intrincada telaraña de pistas por seguir. Se han incautado de 40 bolsas de sangre codificadas con abreviaturas y pseudónimos al estilo de Eufemiano Fuentes en la operación Puerto de nunca acabar. Y el fiscal de Múnich que lleva el caso quiere conocer la identidad de los deportistas tramposos a través de una orden judicial.

El policía austriaco que grabó la reinfusión de Hauke ha sido suspendido, aunque el servicio que ha prestado a la comunidad deportiva y a los incrédulos ha sido impagable. El caso empezó con la detención y posterior puesta en libertad de cinco esquiadores de fondo, los austriacos Dominik Baldauf y Max Hauke, los estonios Karel Tammjaerv y Andreas Veerpalu y el kazajo Alexei Poltoranin.

El testimonio de Tammjaerv, desvelado por la televisión germana ARD, ha resultado revelador. «Mi entrenador Mati Alaver me dio un contacto en Alemania a finales del verano de 2016. Había un médico que organiza estas cosas si quieres esquiar más rápido. Yo tomé la decisión. Sí, quiero este apoyo: el dopaje de sangre».

El médico es, según el fiscal, Mark Schmidt, propietario de una clínica deportiva en Erfurt, localidad de 200.000 habitantes entre Fráncfort y Leipzig. Schmidt ya estuvo implicado hace diez años en otro caso de dopaje que afectó al desaparecido equipo ciclista Gerolsteiner. Dos de sus corredores, Bernhard Kohl, tercero en el Tour de Francia 2008, y Stefan Schumacher, dieron positivo por CERA, una variedad de la EPO que se administraban en la clínica HumanPlasma.

Tammjaerv relató a la Policía cómo el ya casi indetectable dopaje de sangre sigue disfrazado para los controladores antidopaje: «Me ponía sangre cada mañana antes de la carrera y me la extraía inmediatamente después de la carrera. Así no había rastro».

Los agentes también detuvieron a su supuesto ayudante: el padre del doctor, Ansgard Schmidt, un abogado jubilado con buenas relaciones a nivel político en la región de Turingia, según la ARD.

El método que usan los Schmidt es una copia de otros casos conocidos. En las 40 bolsas de sangre solo se han encontrado abreviaturas e indescifrables nombres en clave. Cuando se descubrió el caso Gerolsteiner, Bernard Kohl desveló que Schmidt utilizaba como apodo de cada ciclista el nombre del muñeco que regalaba ese día el McDonalds que había enfrente de la clínica. Kohl era «Shrek» en la macedonia de productos dopantes. La televisión alemana ha informado de que los deportistas pagaban al médico unos 8.000 y 15.000 euros por temporada por el dopaje sanguíneo.

Confesiones

Después de los esquiadores han aparecido ciclistas. La Policía detuvo e interrogó a dos corredores, los austriacos Georg Preidler, despedido de manera fulminante por el Groupama-FDJ, y Stefan Denifl, vencedor en la cima de los Machucos en la Vuelta a España 2017. Preidler admitió formar parte de ese sistema de dopaje, aunque habría dicho que nunca se reinfundió la sangre centrifugada. Y entregó a la policía de Graz dos bolsas de sangre que se extrajo a finales del año 2018. «Lo das todo, entrenas muy duro, administras cuidadosamente tu nutrición y ni aún así puedes competir en lo más alto. Sientes que siempre eres el tonto. Y un día ya has tenido suficiente», se justificó el ciclista.

Citando fuentes de la oficina del fiscal en Innsbruck, el periódico Kronen informa que Denifl también confesó haberse dopado. Denifl estaba sin equipo después de haber roto su contrato con el equipo polaco CCC a finales de 2018 alegando motivos personales.

En este barrizal se metió el danés Michael Rasmussen, expulsado del Tour 2007 cuando era el maillot amarillo, al publicar en las redes sociales sus valores sanguíneos cuando era ciclista. Cifras de hematocrito y hemoglobina entre 2005 y 2007 que nunca superaron los límites legales establecidos. Una forma de decir que el sistema antidopaje y el pasaporte biológico no funcionan.