El féretro es portado a hombros camino de la Iglesia
El féretro es portado a hombros camino de la Iglesia - De San Bernardo

El último «No hay billetes» de Victorino, «el Belmonte de los ganaderos»

Multitud de toreros, ganaderos, empresarios y aficionados despiden al legendario criador de toros bravos

GALAPAGAR (MADRID) Actualizado: Guardar
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Y Victorino, así, a secas, colgó su último cartel de «No hay billetes». Otra tarde más, como tantas, las emociones de desbordaban mientras Victorino, con un sombrero de paja calado, su pícara sonrisa a media asta y un habano kilométrico entre los labios, observaba al cónclave desde el altar de la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. Era el retrato que, encima del féretro, observaba a la abarrotada parroquia, que se quedó pequeñísima. El adiós de Victorino, la figura ganadera más popular de todos los tiempos, hubiese llenado la mismísima Monumental de las Ventas, su plaza santo y seña, la misma donde merecía una despedida el legendario criador de toros bravos.

Un retrato de Victorino, en el altar de la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción
Un retrato de Victorino, en el altar de la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción - De San Bernardo

No olvidó la cornada de «Hospiciano» ni el indulto de «Velador»: «Ahora le ha llegado la cornada última de la muerte, que siempre duele y no tiene idulto, pero no es el final de la historia, ahora traspasa las puertas del cielo entre aplausos y una vuelta al ruedo eterna». El famoso verso de Miguel Hernández puso el colofón, «aunque no estemos destinados al luto, sino a la esperanza». La esperanza brava de Victorino que siempre empapará de casta la arena de una España por la que se pidió «unidad».

El eco de una cerrada ovación del planeta del toro trepó a las alturas mientras el féretro era portado a hombros. «Gracias, Victorino», era la frase más repetida. GRACIAS. Honores a un ganadero de leyenda.