Carlos Luengo y Marta Guerras, en una escena de la obra
Carlos Luengo y Marta Guerras, en una escena de la obra - Mario Zamora

«Metálica», tiempo de máquinas

El ciclo Escritos en escena del Centro Dramático Nacional estrena la obra de Íñigo Guardamino

MadridActualizado:

Nuestras relaciones con las máquinas y el cambio que éstas han operado en la sociedad contemporánea es el conflicto que Íñigo Guardamino ha querido plantear en «Metallica», una obra que se estrena hoy en la Sala de la Princesa del teatro María Guerrero dentro del tercer ciclo Escritos en escena. El propio autor dirige la función, que interpretan Pablo Béjar, Marta Guerras, Esther Isla, Carlos Luengo, Sara Moraleda y Rodrigo Sáenz de Heredia.

Escritos en escena plantea a los autores el reto de comenzar los ensayos sin un texto cerrado al que agarrarse. «Es la primera vez que lo hago -reconoce Guardamino-; siempre empiezo con una obra terminada, aunque pueda hacer cambios. Pero esto era un desafío tan emocionante como atemorizador. No quería además que fuera un taller ni un espectáculo inacabado». El resultado final, en cuanto al trabajo, es muy positivo, dice Guardamino. «Me he divertido mucho y creo que lo hemos hecho todos. El proceso ha sido muy agradable, trabajando sobre improvisaciones, sobre sensaciones, que luego han ido incorporándose -o no- al texto definitivo. La fórmula me ha dado más juego de lo que yo podía pensar en un principio».

En procesos como el de la creación de «Metálica», el papel de los actores no es simplemente el de unos meros intérpretes. «Su participación es mucho mayor, claro. en las improvisaciones, en los ensayos, se meten en el papel y ayudan al autor a escribir el texto».

«El futuro no es lo que nos habían vendido el siglo pasado -dice Guardamino-: no vemos coches surcando el cielo, abonos de teletransportación o un menú del día en una pastilla; paradójicamente el mayor cambio que ha producido la tecnología ha sido en nosotros mismos. Manteniendo la apariencia de comunicación nos estamos aislando poco a poco los unos de los otros, y esa futura epidemia de soledad será aliviada también por medio de la tecnología».

Añade el autor de «Metálica» que quería hablar de cómo nos cambia, nos deshumaniza y nos separa la tecnología -«en las redes sociales no hay sitio para el matiz y la reflexión», dice-, «pero con humor, con tono de comedia negra. El humor es nuestro mejor arma ante la desesperación. “Metálica” será una comedia simpática sobre ese siguiente paso en nuestra espasmódica “evolución”, la historia de una familia que integra a esos seres moldeables, ni de carne ni de hueso, en sus vidas, una obra sobre la agonía festiva de la empatía y la intimidad y el riesgo de que acabemos siendo como esos mismos robots suministradores de compañía y orgasmos: una conciencia o alma muerta, fría como el metal, debajo de una apariencia humana».