Maggie O’Farrell ganó el premio Somerset Maugham en 2004
Maggie O’Farrell ganó el premio Somerset Maugham en 2004
LIBROS

«Sigo aquí», el miedo siempre llega después

La escritora norirlandesa Maggie O’Farrell narra, entre la memoria y el cuento, su vida partiendo del riesgo de perderla

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Una chica de dieciocho años que aún no es escritora -aunque algunos dicen que se nace ya siéndolo- ha conseguido un trabajo lejos de casa en un lugar que se llama a sí mismo «retiro alternativo holístico», al pie de la montaña. Ahí, la chica hace de todo: servir desayunos, limpiar habitaciones, recoger alfombras de meditar. Una mañana que libra decide levantarse pronto e ir a dar un paseo hasta el lago y la chica, confiada, toma otro camino al habitual y es ahí donde un hombre empieza a seguirla. La quiere matar, lo sabe. «¿Le hizo daño?» -le pregunta después un policía. «Lo habría hecho. Iba a hacerlo», responde la chica.

Y, sin embargo, a pesar de que él fuera un poco raro, a pesar de que la persiguiera y de que en un momento dado le pusiera la correa de los prismáticos al cuello para ver unos patos, ella regresó sana y salva. ¿Cómo contarle al policía, entonces, que ella había visto el horror en sus ojos? ¿Cómo hacer que él la creyera? Pero al final, aunque fuera demasiado tarde, el policía terminó creyéndola. Tuvo que hacerlo. Dos semanas más tarde, el hombre de los prismáticos asesinó a una chica joven en los alrededores del lago.

Desde la casi muerte

La chica de dieciocho años que ahora sí es escritora -y qué gran escritora- se llama Maggie O’Farrell (Irlanda del Norte, 1972) y es la autora de siete novelas -entre las que se encuentran las espléndidas «Tiene que ser aquí» y «La primera mano que sostuvo la mía»- y este inolvidable libro de memorias llamado «Sigo aquí. Diecisiete roces con la muerte», en el que cuenta, de manera no cronológica, distintos episodios en los que su vida pendió de un hilo: un avión que cae en picado, un hijo malogrado, muerto en su interior, que no quiere desprenderse de ella; una ola fuerte que la engulle hacia el fondo del mar; un atracador en medio de un parque; una infección intestinal, o una dolorosa y larga encefalitis.

Este punto de vista, el de contar la vida partiendo del riesgo de perderla, de la casi muerte, convierten a estas memorias en una celebración de la vida. El título, «Sigo aquí» procede de la cita de Sylvia Plath que da inicio a estas páginas: «Respiré hondo y oí la consabida fanfarronada de mi corazón. Sigo aquí, sigo aquí, sigo aquí».

La maravilla de existir

Para O’Farrell, la constatación de la fragilidad de la vida no se vive desde el miedo sino desde la lucha, desde el hecho de afirmar -gritar, mejor dicho- justamente esto: «sigo aquí». Por eso, en la mayoría de estos estremecedores relatos el miedo sobreviene después, desde la reflexión. Por el contrario, en el momento de la catástrofe se vive, se lucha.

En los cuentos clásicos siempre hay que pagar un precio muy alto por los deseos concedidos, eso lo sabe bien Maggie O’Farrell, que convierte unas memorias sobre las veces en las que se estuvo a punto de morir en una profunda e inteligente reflexión sobre la maravilla de existir, sobre la belleza que entraña el misterio de que a pesar de todo, aunque no siempre las tengamos todas con nosotros, sigamos aquí.