«Violonchelo. Sueño de la música», última obra realizada por Martín Chirino
«Violonchelo. Sueño de la música», última obra realizada por Martín Chirino - PABLO LINES

Martín Chirino póstumo: ven la luz sus memorias y sus últimas obras

Su legado intelectual en forma de libro, presentado ayer en Madrid, se suma a la primera exposición tras su muerte, con dos trabajos inéditos, que se inaugura mañana en Barcelona

MadridActualizado:

Murió el pasado 11 de marzo, poco después de cumplir los 94. Tan solo unos días antes, Martín Chirino seguía al pie del cañón. Ni siquiera paró en el hospital donde estaba internado. Allí se reunió con María Cifuentes, editora de Galaxia Gutenberg, y varios familiares y amigos. El motivo, supervisar las fotografías y la portada de una suerte de memorias, de legado intelectual, en forma de diálogo con el periodista y escritor Antonio Puente. No pudo ver terminada la maqueta, pues falleció el lunes siguiente. Ese libro, que le hacía especial ilusión, se presentó ayer en el Círculo de Bellas Artes, institución que Chirino presidió y que acogerá un tributo en su memoria el 4 de junio. «Hay que cuidarlo, porque no va a ser un texto más, sino el libro de Chirino», advertía el artista.

Ahora ve la luz, como homenaje póstumo, con el título «Martín Chirino. La memoria esculpida», fruto de las conversaciones que el escultor canario y Antonio Puente mantuvieron entre 2015 y 2018 en sus casas de Morata de Tajuña y Las Palmas de Gran Canaria. Muchas horas hablando de lo divino y lo humano. Para Antonio Puente, Chirino fue «un gran solucionador de contradicciones» y su obra, «el espíritu de la contradicción hecho materia»: localismo/universalidad, viento/hierro, levedad/gravedad, silencio/sonido... «Se consideraba un estoico apasionado, otra contradicción; un cosmopolita errante, nómada enraizado, trotamundos pragmático e idealista, intelectual y creador, apegado siempre a su taller. Un exégeta de su obra que siempre tuvo los pies en la tierra y en su tiempo». Habla de la originalidad de su obra y destaca tres etapas cruciales en su biografía. La primera, en 1955, cuando llega a Madrid, sin nada en el bolsillo, junto con otros canarios de pro, Manolo Millares y Manuel Padorno. A finales de los 60 y principios de los 70, su llegada a Nueva York. Conquista la Gran Manzana. Finalmente, sus trabajos como gestor en los 80.

Lucidez absoluta, afán de perfección

Pero no sólo ha quedado póstumo este libro. También, la culminación del catálogo razonado de su trabajo, que lleva a cabo María Luisa Martín de Argila. A finales de año está previsto que se publique el segundo volumen. Y mañana se inaugurará una exposición en la galería Marlborough de Barcelona, la primera tras su muerte. Bajo el título «Martín Chirino. Mover el horizonte», incluirá sus dos últimas obras, aún inéditas. Gran melómano, una de ellas es «Violonchelo. Sueño de la música» (hierro forjado y madera), perteneciente a su serie dedicada a la música. La otra, «Cabeza. Crónica del siglo XX», un bronce de 2018 que retocó antes de morir. Ambas piezas no están a la venta. Tampoco, uno de sus «Vientos». Hay muy pocos en el mercado y quiere su hija, Marta, que acabe en una institución pública.

Marta Chirino toma el relevo de su padre en la presidencia de la fundación. Ayer recordaba no solo al padre perdido, también al genial artista, creador de espirales forjadas en hierro, y sus tres proyectos como gestor: la presidencia del Círculo de Bellas Artes de Madrid, la dirección del Centro Atlántico de Arte Moderno de Las Palmas y la creación, en 2015, en el Castillo de la Luz de su ciudad natal, de su fundación. «Mantuvo hasta el final una lucidez absoluta y un afán de perfección. Este gran herrero fabulador, forjador de símbolos, nos dejó máximas como: “Sin pasión no hay vida”». Jesús Castaño, director de la Fundación Chirino, dice que «seguiremos la hoja de ruta puesta en marcha en estos cuatro años, con publicaciones y exposiciones, siempre girando en torno a Chirino. Su muerte no es un ocaso de la fundación. Hay aún mucho por hacer».