Ana Rosa Quintana
Ana Rosa Quintana - Antonio Terrón
España, camisa blanca

Ana Rosa Quintana: «¿El amor ideal? Con mucho sexo»

Es la reina de la televisión en España. Desde 2005, su trono matinal está en Telecinco

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—No me creo que le gusten las vacaciones.

—Me encantan las vacaciones. Y es fantástico tener poca cobertura aquí, en Sotogrande. Es una gran excusa.

—Su trabajo es su pasión.

—Trabajo con pasión pero también hago vacaciones apasionadamente. Me gusta mucho cocinar.

—¿Qué hay para comer?

—Ayer hice calamares en su tinta, para hoy.

—¿Y de postres?

—No se me dan bien las tartas. No me gustan los dulces. Soy más de salado.

—Usted de vacaciones y nosotros sin Gobierno.

—Yo creo que cuando vuelva todo continuará igual y que habrá elecciones. Sigo la parte política de mi programa y la verdad es que los que se han quedado lo están haciendo muy bien. Y con una audiencias excelentes.

—De todos los temas que ha tratado, uno le ha herido más que los otros.

—Ha sido el independentismo. En el programa hemos contado cosas relevantes sobre ellos y me he convertido en la diana de una serie de periódicos y otros medios que se inventan lo que sea para insultarme. De todos modos, supongo que no sólo a mí me pasa.

—Antes las mañanas en televisión eran cursos de cocina y sus labores.

—Es verdad, y ahora somos un referente informativo. Tocamos todos los palos: política, sociedad, realities. Todos los aspectos de la vida pública española, y todos tienen su audiencia.

—¿Qué aporta más información sobre la esencia humana: una entrevista con el presidente o una con una petarda de Gran Hermano?

—Se puede leer a Ortega por la mañana y las revistas del corazón en la peluquería. Hay un tiempo para todo. Esto te lo dicen las audiencias. El salto de la Pantoja en helicóptero tuvo un 40% de audiencia. Pero luego cuando hay riadas o tensiones en el Gobierno, la gente también se vuelca. La televisión es muy democrática.

—Ya, y cuando la turba se junta…

—Los periodistas tendemos a creer que España somos nosotros y España es muy grande. Hay gente a la que la política no le interesa demasiado y le interesan las tendencias alimenticias o con quién va su hijo.

—Política sí, pero no mucha.

—Más bien informe, pero no aburra.

—¿Una lechuga puede ser información?

—Ahora interesa mucho la salud, la nutrición y el medio ambiente.

—¿A quién le interesa?

—A mucha gente.

—A mi me interesa Arcadi Espada y su valentía de tenerlo.

—Tenemos la mesa de debate más plural de la televisión española. Jamás voy a consentir que un partido político me diga a quién tengo que traer. Antes me voy. Tengo la suerte de trabajar en una cadena que nunca me ha dado instrucciones de nada. Estoy muy agradecida a Telecinco en este sentido.

—¿Ser una mujer trabajadora ha limitado alguna otra faceta de su vida?

—Trabajar no me ha limitado en nada. Soy periodista, soy empresaria y soy madre de tres hijos. Y en mi casa siempre hay una jarra de gazpacho en la nevera, de gazpacho que he preparado yo, ¿me entiendes? Luego me queda poco tiempo “para mí”, pero mi vida me compensa, y mucho.

—¿Y al revés?

—En el periodismo, pero como empresaria he notado que algunos hombres no entienden que sea una mujer quien tome las decisiones. Y sólo hay que ver que hay pocas mujeres dirigiendo los grandes medios. Presentadoras, muchas; directoras, pocas.

—Y luego están los linchamientos.

—Por ser mujer y por trabajar en la tele te dan mucho más duro. Las dos cosas en la misma medida. Es terrible. Pero en el fondo tampoco tanto. Aquel día no entro en Twitter.

—Le sobran tablas para navegar en la tormenta.

—Todo pasa. Hay que sacar el paraguas y esperar que escampe.

—Ha hablado usted de Twitter.

—Lo peor de las redes sociales es el anonimato. La gente se atreve a todo cuando se esconde tras la máscara. Por eso muchos se están saliendo de Twitter. Yo sólo lo uso para mirar y casi nunca digo nada. Además, se ha convertido en una herramienta de propaganda, usando perfiles falsos e incluso robots.

—Pero es un medio de comunicación libre en una sociedad libre.

—La libertad es dar la cara.

—El juez Marchena ha sido el hombre del invierno del que todos hablamos este verano.

—Es el aseo de nuestra democracia. Hasta nos hemos hecho camisetas con sus frases. Y lo que más me ha impresionado es que incluso en sesiones tan delicadas y maratonianas no ha perdido en ningún momento el sentido del humor.

—La sentencia pondrá fin a una época.

—La sentencia será la noticia del otoño, junto a la repetición de las elecciones. Pero no creo que ponga fin a una era porque todavía hay 2 millones de catalanes que votan independencia. Esto va a requerir mucho tiempo. Pero mira qué ha pasado en el País Vasco: ha costado, pero las cosas han cambiado.

—¿Cree que la repetición electoral aportará alguna luz?

—Beneficiará al bipartidismo pero los partidos tendrán que aprender a pactar y a ceder.