Beria, en primer plano, sostiene a un niña en su regazo
Beria, en primer plano, sostiene a un niña en su regazo - ABC
Los papeles de la CIA

Nazis, espías y el «carnicero de Stalin», juntos en Andalucía bajo la lupa de los espías de la CIA

La CIA recoge las aventuras de un nicaragüense y Lavrenti Beria en la Málaga de los años 50

SevillaActualizado:

La historia arranca así: «No sé si Beria está vivo o muerto; no sé si lo que cuenta Gallo es verdad o mentira». Y sigue con esta nómina de protagonistas: un espía suramericano, un torturador soviético; Stalin, Franco, una condesa española y sus dos hijas. El escenario es igualmente peculiar: una finca de Marbella, un aparcamiento de Gibraltar, zonas discretas de la costa andaluza. Y todo ello en la España de los años 50. Una película de espías en blanco y negro pero que, en este caso, es real.

El relato de esta historia de espías se recoge en un documento secreto de la CIA que un miembro de la agencia de inteligencia americana mandó al director de la misma el 8 de octubre de 1953. En la misiva cuenta que un tal Fabio (o Sabio) Gallo, un espía nicaragüense «que había participado en revoluciones», se habría encontrado con Lavrenti Beria, también conocido como «el carnicero de Stalin» en Andalucía.

La historia que recoge la carta al director de la CIA es como sigue y como publicó entonces también ABC: El torturador comunista, tras huir de la URSS habría recalado en España para intentar cerrar un trato que, a cambio de información sensible sobre el régimen de Moscú, le diera una visa para marchar a Estados Unidos.

Encuentro en un coche

Así, Gallo habría sido abordado por «representantes españoles» de Beria, que le condujeron hasta Gibraltar. Allí, dentro un coche, se encontró supuestamente con el comunista, quien le pidió, dijo, pruebas de que podía garantizarle un salvoconducto hasta EEUU.

«Diles [a los americanos] que me has visto. Por su interés, arreglaran los detalles», cuenta Gallo que le comentó Beria en aquel coche. Tras este episodio, el espía nicaragüense volvió a Málaga, donde paró en la casa, asegura la carta, de los González Goizueta. ¿Quienes son los Goizueta? Una de las familias más importantes de la España de la época y, además, unos de los «inventores» de Marbella y Guadalmina.

A ellos les pidió Gallo ayuda para sacar a Beria de España «en un submarino» desde una de las fincas de la familia. Y todo esto lo contó, aseguraba el espía, delante de una condesa, otra dama de la alta sociedad y las dos hijas de ésta a las que además convenció, dice, de la total colaboración del Gobierno de EEUU en la misión.

«Las señoras dejaron de mostrarse asustadas porque pensaron que todo se hacía por el bien de España», recoge la carta al director de la CIA. Tras esto, Gallo se dirige a Madrid, al hotel Palace, donde debía encontrarse con Beria. Y aprovecha para contar toda su historia, recoge la CIA, al entonces director de ABC, don Torcuato Luca de Tena.

Y de pronto, todo se torció. Según el relato de Gallo, la Policía le puso bajo custodia en su habitación. «Temía por su vida», explica la carta. Finalmente fue puesto en libertad y volvió a Málaga. «La historia de Gallo no ha sido desmentida y la búsqueda de Beria aún continúa», acaba la misiva.

Esta es una versión de los hechos. La que publicó ABC, que llegó a sacar una portada en la que, a toda página, se preguntaba «¿Está Beria en España?». Pero hay otras. Variaciones que sostienen que Beria nunca salió de la URSS y que fue ajusticiado por los muchos enemigos que hizo cuando se dedicaba a purgar a los enemigos de Stalin. En todo caso los servicios de inteligencia decidieron dar credibilidad a la historia de Gallo, del comunista fugado y la historia de espías en la costa de Málaga. Una historia de espionaje en la Costa del Sol que llegó a manos del director de la CIA en Washington.