George H. W. Bush en la Feria de Málaga aquella jornada
George H. W. Bush en la Feria de Málaga aquella jornada - Rafael Díaz / EFE
GENTE

Cuando George H. W. Bush descubrió Málaga

Llegó un día de feria al puerto en un lujoso yate junto a su esposa, visitó la Catedral y fue agasajado de forma espontánea por los malagueños que celebraban en la calle

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Era el día que Málaga lleva la bandera a su patrona. Las carrozas habían partido para ir al Templo de la Victoria y por la retaguardia, a media mañana de un soleado día de agosto de 1993, entró en el Puerto de la ciudad un yate de lujo que traía a un inesperado visitante. Solo Rafael Díaz, fotógrafo de la agencia EFE, lo esperaba. Apostado en los muelles, aguardaba la llegada del presidente de los Estados Unidos, George Herbert Walker Bush (Milton, Massachusetts, 12 de junio de 1924 – Houston, Texas, 30 de noviembre de 2018). Aquel fotógrafo lo había estado siguiendo varios días en su periplo por las aguas y campos de golf andaluces. Sabía que Málaga era su nuevo destino.

Atracó el barco y, el que entonces era el hombre más poderoso del mundo, bajó por la pasarela acompañado de su esposa, Bárbara Bush. Allí les cazó aquel fotógrafo. Sacó las imágenes y le dijeron que querían ver la Catedral de Málaga. Quizá atraída por la leyenda que la convirtió en La Manquita para la posteridad. Aquella que narra que un militar malagueño del municipio de Macharaviaya, Bernardo de Gálvez, se llevó el dinero de la construcción de la segunda torre para sufragar su campaña de apoyo a George Washington en la Guerra de Independencia. Labor por la que está reconocido desde 2014 en el Capitolio de los Estados Unidos.

Por los motivos que fuese, la «primera dama» quería visitar el monumento y pidieron a Rafael Díaz que les hiciera de guía. El fotógrafo los llevó a todo el grupo, ya que no solo viajaba la pareja, hasta el monumento, que se encontraba cerrado. Llamaron a la sacristía y un albacea salió. Díaz le explicó quiénes eran sus acompañantes y que querían visitar el templo, pero el hombre se mostró reacio. «No se lo creía. Le decía que saliera y le mirara la cara, que era el presidente de Estados Unidos», recuerda Rafael Díaz.

Fiesta en la calle

Finalmente, aquel hombre reconoció a George H. W. Bush y pudieron acceder a la Catedral. Durante la visita, la fiesta se propagó por las calles de Málaga. Había acabado la romería hasta el Santuario de la Victoria y la gente había seguido celebrando. La comitiva del presidente salió de la Catedral y en calle Císter se encontró a una muchedumbre que cantaba y bailaba al son del vino dulce.

Fueron hacia el Palacio de la Aduana y buscaron el Puerto de Málaga para regresar al barco a través del Parque, donde la gente, que los había reconocido, los agasajaba con vino, música y alegría. «Estuvo muy jovial hasta que se retiraron», rememoró Díaz, que asegura que tiene guardadas las fotos con ellos como recuerdo a aquella inesperada jornada.

«¡Ah, Málaga!»

Y seguro que, en este sábado de diciembre, les echará una ojeada con una media sonrisa, recordando el día en el que fue improvisado guía del 41 presidente de los Estados Unidos. Fallecido este pasado viernes a los 94 años por complicaciones relacionadas con la enfermedad de Parkinson que padecía. Aquel veterano de la Armada, empresario de éxito, diputado por Texas durante cuatro años, embajador ante las Naciones Unidas y en China, director de la CIA, vicepresidente con Reagan y, años más tarde, padre de presidente. El hombre que arrolló al demócrata Michael Dukakis en 40 de los 50 estados americanos para ser presidente entre 1989 y 1993.

Último veterano de la Segunda Guerra Mundial en ocupar el puesto, que llevó a cabo la Primera Guerra del Golfo y perdió la reelección contra Bill Clinton, pero esto después de estar en Málaga. Una ciudad a la que recordó con un agradable «¡Ah, Málaga!», horas después de aquella visita a la Catedral y a la Feria, cuando le recordaron en Barcelona que la ciudad por la que había pasado era también la cuna de Pablo Picasso.