La relación se inició cuando ella tenía solo 13 años de edad
La relación se inició cuando ella tenía solo 13 años de edad - ABC
Sucesos

Condenado un hombre de 21 años en Huelva por maltratar a su novia, una menor de solo 13 años

El agresor tendrá que cumplir más de seis años de prisión, una orden de alejamiento y pagar 36.000 euros a la víctima

HuelvaActualizado:

La Sección Tercera de la Audiencia Provincial de Huelva ha condenado a seis años y seis meses de cárcel a un joven, J.B.G.C., por maltratar habitualmente a la que fuera su pareja durante cinco años, iniciándose la relación cuando ella tenía 13 y el 21 años.

La sentencia, a la que ha tenido acceso Efe, estima parcialmente el recurso de apelación interpuesto por el acusado contra la sentencia del Juzgado de lo Penal 3 de Huelva, que lo condenaba inicialmente a 8 años de prisión, y la revoca parcialmente, rebajando de dos años a seis meses la condena impuesta por un delito de maltrato físico y psíquico habitual y de tres a dos años por otro delito de lesiones.

Ello, porque considera que conviene reducir las penas por ellos a lo mínimo porque en la sentencia apelada no se contiene argumentación suficiente para elevarlas hasta lo recogido en la misma.

Sí que mantiene los pronunciamientos de la sentencia de instancia en cuanto a condenarlo a un año de cárcel por cada uno de los tres delitos de lesiones en el ámbito familiar de los que también se le acusaba.

Por la unión de todos estos delitos, suma a orden de alejamiento a menos de 200 metros y de comunicar con la víctima durante 13 años, de tener o portar armas durante 10 años y nueve meses y el pago total de 36.385 euros en concepto de indemnización.

Se considera probado que el acusado y la víctima iniciaron una relación en 2012, cuando él tenía 21 años y ella 13 y a pesar de la oposición de la edad de la niña que le advirtió en reiteradas ocasiones de la edad de su hija.

El acusado, prevaliéndose de la superioridad que la edad la proporcionada, y con un claro desprecio hacia ella, comenzó marcando las pautas de la relación sometiéndola a un férreo control en todas sus facetas, indicándole cómo debía de vestir, con quién relacionarse y cómo conducirse en todos los aspectos y ello siempre considerando que su criterio era el correcto y beneficioso para ella a la que, por su condición de mujer, no la consideraba capaz de tomar sus decisiones.

Él reaccionaba con palabras malsonantes, gritos y gestos amenazantes cada vez que ella no acataba sus órdenes, le revisaba el teléfono móvil y, poco a poco, consiguió aislarla por completo.

Al maltrato, control y minusvaloración psíquica pronto se unió el maltrato físico, produciéndose en tan innumerables ocasiones y con tanta frecuencia que la propia madre de la menor se daba cuenta, al llegar a su casa con evidencias físicas de haber sido agredida.