Guardas de un parque de Sudáfrica preparan el cuerpo sin vida de un rinoceronte abatido por furtivos
Guardas de un parque de Sudáfrica preparan el cuerpo sin vida de un rinoceronte abatido por furtivos - EFE/Salym Fayad
CAZA FURTIVA

Andalucía, zona caliente en el tráfico de especies protegidas salvajes desde África

Los puertos de Algeciras y Málaga y la conexión terrestre con Portugal de Huelva, en la ruta del marfil ilegal de elefante

ALMONTEActualizado:

España ha pasado de ser un lugar de tránsito residual a constituirse como una pieza clave e incluso un destino en sí mismo para las redes de tráfico de especies salvajes protegidas, bien por partes —marfil y patas de elefante y cuernos de rinoceronte, fundamentalmente—, bien en forma de ejemplares vivos que son arrancados de sus hábitats naturales y enviados a otros países con fines diversos.

Los alijos incautados por los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado en el último año y medio, que rondan las 550 piezas en todo el territorio nacional, son la demostración palpable del crecimiento exponencial que ha registrado la actividad en España y que ha llevado al Gobierno a establecer un equipo de investigación dedicado en exclusiva, durante meses, a una arriesgadísima operación de seguimiento de estas mafias y de sus mercancías.

El trabajo de este equipo, según fuentes de la operación, está en una fase primaria pero ya ha permitido establecer y esclarecer algo vital para poder luchar contra esta despreciable actividad: la inclusión de nuevos puertos en la ruta comercial oeste, una ruta en la que Andalucía, por su situación geográfica entre otros factores, juega un papel fundamental.

Así, el puerto de Algeciras, las infraestructuras de transporte —puerto y aeropuerto—, malagueñas e incluso la conexión por carretera entre España y Portugal a través de la provincia de Huelva se perfilan como los coladeros andaluces utilizados por las mafias dedicadas al comercio ilegal de especies salvajes en los últimos tiempos.

Un ejemplo de ello es el hallazgo en febrero de 2017 de 288 piezas elaboradas en marfil en un comercio de Isla Cristina (Huelva) así como otros objetos como un pequeño laúd fabricado con concha de tortuga de carey y un cocodrilo naturalizado, en el marco de la operación Thunderbird impulsada por Interpol.

Este alijo, uno de los mayores requisados en España, que se encontraba expuesto al público para su venta en el citado local comercial y que además se apoyaba en una web para publicitar el producto vía Internet, demuestra que España —y Europa en general—, ya no es lugar de paso sino un destino final, y que los descubrimientos de los investigadores acerca de la intensificación de la actividad en la ruta oeste es un motivo de preocupación más que probada.

Hasta ahora, las redes organizadas del tráfico de especies salvajes contaban con una veintena de rutas con salida desde África con origen en puertos de la costa Este, desde Somalia hasta Sudáfrica, rutas «menores» en su mayoría, denominadas así por el volumen de embarque —desde unos pocos cientos de kilos hasta las cuatro toneladas—, aunque también «mayores», que alcanzan un nivel de embarque de hasta nueve toneladas de marfil y cuerno de rinoceronte, principalmente.

Las rutas occidentales, menos numerosas que las orientales, cuentan sin embargo con una que destaca por su interés: es la Ruta Oeste, con puertos de salida en Camerún, Togo, Ghana y Nigeria, a los que en los últimos tiempos se han incorporado, según los investigadores destinados por España, los puertos angoleños como origen del marfil que entra en España a través de Portugal, muy probablemente a través de Faro y Lagos y desde allí, por carretera a través de la provincia de Huelva, fronteriza con el Algarve portugués. También cobran importancia en esta ruta los puertos de Namibia y Mozambique.

Es a través de esta ruta, la Oeste, la que se ha constituido en la mayor preocupación de los investigadores ya que, según fuentes del Gobierno, es la que introduce marfil de contrabando a través de España, país de tránsito y destino más que consolidado.

En lo que concierne al tráfico de cuerno de rinoceronte, las investigaciones apuntan a la existencia de una ruta de comercio ilegal de figuras elaboradas con este material entre Sudáfrica y Hong Kong utilizando los dos grandes aeropuertos internacionales españoles, Madrid y Barcelona. No en vano, el pasado mes de enero se incautaron dos kilos de cuerno de rinoceronte oculto en maletas que procedían del aeropuerto Madrid-Barajas Adolfo Suárez.

En cualquier caso, advierten las fuentes del Gobierno que los grupos dedicados al tráfico ilegal de marfil y cuerno de rinoceronte han alcanzado un enorme nivel de sofisticación que incluye contactos dentro de las administraciones de los países de tránsito –huelga decir que también dentro de los de origen-, que estarían permitiendo que prolifere esta actividad y esto incluiría a la Unión Europea.

Presión de grupos terroristas

El comercio ilícito de especies amenazadas es una grave tragedia medioambiental pero también un drama humano y un muy lucrativo negocio que está impulsando, entre otros grupos de índole mafioso, a organizaciones terroristas como Boko Haram y al Shabab.

La presión de estos grupos terroristas, cada vez más fortalecidos por la inyección económica que les supone esta y otras actividades delictivas, están empujando a la población local a huir de sus lugares de origen. Los investigadores estiman que a este ritmo, en un plazo de seis años, no quedará ningún rinoceronte en libertad y las cifras de inmigración subsahariana hacia Europa se multiplicarán por cuatro.

Además, la ausencia de sistemas eficaces que tiendan a minimizar el furtivismo está provocando la práctica desaparición de las especies afectadas y un aumento de la inseguridad que está provocando numerosas pérdidas de vidas humanas.