Emilio Herrera Linares, con su «escafandra estratonáutica», el prototipo en el que se basó la NASA para hacer los primeros trajes de astronauta.
Emilio Herrera Linares, con su «escafandra estratonáutica», el prototipo en el que se basó la NASA para hacer los primeros trajes de astronauta. - ABC
MEMORIA HISTÓRICA

El Gobierno restituye al granadino Emilio Herrera, el monárquico que presidió la República en el exilio

España recupera el honor del ingeniero militar que predijo la llegada a la Luna y diseñó el prototipo del traje de astronauta

GranadaActualizado:

Recuperar su honor y su memoria. Es la pretensión con la que el Gobierno de España ha puesto en marcha una comisión de trabajo para rehabilitar públicamente a miembros de reales academias sancionados durante la Guerra Civil y la dictadura franquista. Entre los primeros siete académicos, todos ellos pertenecientes a la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, se encuentra ilustre y cada vez menos desconocido granadino: Emilio Herrera Linares. Una de esas extraordinarias figuras polifacéticas en las que la contradicción resulta coherente.

Ingeniero, aviador, militar, conservador, ferviente católico practicante, monárquico, amigo personal de Alfonso XIII –quien tras abdicar le pidió que permaneciera fiel a España– y finalmente presidente del Gobierno de la II República en el exilio entre 1960 y 1962, en Francia. Antes, tras la Guerra Civil y apenado por la muerte de su hijo en el conflicto, también fue diplomático de la embajada española en Buenos Aires. La familia de su esposa, bien posicionada en el régimen franquista, intentó sin éxito que regresara a España, algo que no aceptó porque el régimen se negó a reconocerle su grado de general, entre otros méritos.

Tras abdicar, Alfonso XIII, que era amigo personal de Emilio Herrera, le pidió que permaneciera fiel a España

El Consejo de Ministros, basándose en la Ley de la Memoria Histórica y a propuesta del ministro de Ciencia, Innovación y Universidades y de la ministra de Justicia, ha declarado «el carácter radicalmente injusto» de la situación de Herrera Linares, a quien le fueron retiradas una quincena de medallas académicas, al igual que ocurrió con sus coetáneos Enrique Moles Ormella, Ignacio Bolívar y Urrutia, Honorato de Castro y Bonel, Enrique Hauser y Neuburger, Pedro Carrasco Garrorena y Blas Cabrera y Felipe.

Un genio olvidado (y recuperado)

Además de su faceta militar y su peso en el panorama político e institucional, Emilio Herrera Linares destacó por su vocación científica. Jamás dejó de investigar. Tal era su prestigio que Albert Einstein y él «se peloteaban ecuaciones», como recuerda su biógrafo, Emilio Atienza. De hecho, fue Einstein quien recomendó a Herrera para ingresar en la ONU. El español fue miembro de la Unesco en calidad de consultor para el uso pacífico de la energía nuclear hasta que la España de Franco entró y él decidió renunciar.

Impulsor del Laboratorio Aerodinámico y de la Escuela de Ingenieros de Cuatro Vientos, demostró ser un visionario. Sus conocimientos alcanzaban múltiples materias y le permitieron ingresar en diversas sociedades científicas. En 1932, pronosticó la llegada del hombre a la Luna y trabajó para conseguirlo en medio de la carrera estratosférica –en globo– cuando la del espacio era todavía una quimera. Además, fue él quien diseñó la «escafandra estratonáutica», el prototipo en el que se basó la NASA para hacer los primeros trajes de astronauta.

Estatua de Emilio Herrera Linares en Granada.
Estatua de Emilio Herrera Linares en Granada. - ABC

Falleció a los 88 años en la casa de su hijo Petere, poeta afín al Partido Comunista, en Ginebra. Finalmente, su cuerpo regresó a Granada en 1993 en presencia del Rey Juan Carlos I. Desde entonces, su figura había permanecido en el olvido, hasta que el pasado año, coincidiendo con el aniversario de su muerte, empezó a ser reivindicada por la Asociación Granadina para la Recuperación de la Memoria Histórica, que orquestó una exposición y consiguió que Granada contara con una escultura de Emilio Herrera, ubicada en uno de los accesos del Campus Universitario de Fuentenueva.