El «ropero» de la Guardia Civil en la Ciudad de la Justicia
El «ropero» de la Guardia Civil en la Ciudad de la Justicia - ABC
En un edificio que costó 67,7 millones de euros

La Guardia Civil de la Ciudad de la Justicia de Córdoba tiene un «zulo» en el sótano por vestuario

Se trata de la estancia destinada al ala de informática que los funcionarios rechazaron por falta de luz y espacio

CórdobaActualizado:

La Consejería de Justicia de la Junta de Andalucía, que gestiona el edificio de Noreña que costó 67,7 millones de euros y que tiene más de 51.000 metros cuadrados, ha relegado a los 40 agentes de la Guardia Civil que se encuentran realizando las labores de seguridad a un sótano sin vestuario, sin baño, sin ventanas ni luz solar, y a dos despachos diminutos que les sirven a los mandos también como vestuarios improvisados. Detrás de las banderas de España y Andalucía, que apenas caben en estos despachos de 10 metros cuadrados, están los percheros a la vista de todos con la vestimenta de los agentes.

Estos efectivos de la Guardia Civil, que en su mayoría tiene más de 60 años, se ven obligados a cambiarse de ropa para comenzar su jornada en medio de un pasillo, con taquillas en las que no caben sus pertenencias, por lo que están colgadas sus prendas de paisano en unos percheros o los zapatos sobre las propias taquillas, sin un baño mientras que el aseo más próximo está tras varios pasillos, y lo comparten con todos los usuarios de la cafetería.

Prisas para el servicio

«Si alguno de nosotros tiene una necesidad fisiológica de más urgencia, no llega porque está demasiado lejos», relata uno de estos agentes, que siente, como el resto de sus compañeros un «trato que no es de recibo con estas instalaciones», después de toda una vida dedicada al Cuerpo.

Según ha constatado ABC «in situ», estas dependencias del sótano iban destinadas en el proyecto al ala de informática. De hecho, en estas instalaciones están las rotulaciones aún colocadas propias de estas áreas y allí, frente a las taquillas están los servidores informáticos (que se escuchan tras unas puertas), y el aula de informática, perfectamente equipados con mobiliario de última generación pero sin ordenadores. En cambio, el departamento de informática que depende de la Junta, según fuentes de la Benemérita, lo mudaron a la segunda planta porque sus trabajadores «se negaron a ocupar estas dependencias por la falta de luz y de espacio», y fueron recolocados en el lugar que íbamos a estar nosotros».

Estas instalaciones lúgubres a no ser por la luz artificial fueron entonces dedicadas a los agentes; unas dependencias situadas junto al almacén de la cafetería, a las que además hay que llegar a través de pasillos laberínticos atravesando hasta seis puertas.