Turistas en el interior de la Mezquita-Catedral
Turistas en el interior de la Mezquita-Catedral - VALERIO MERINO
Pretérito Imperfecto

El botín

Todos quieren la propiedad del «bien de dominio público» (sic), pero lo que realmente buscan es el «dominio del bien»

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Detrás del enmarañado bosque del argot registral y la densa cortina jurídica, habita en la polémica de la Mezquita-Catedral un goloso tesoro que disimuladamente se orilla según qué momentos. Más allá de las soflamas anticlericales ya conocidas o el nuevo subgénero de novela histórica que los expertos (¿) del «Informe Ambrosio» han creado para dar verosimilitud a su relato político sobre Fernando III el Santo -cuánto monárquico y seguidor de la Corona de Castilla nos ha salido de repente de entre la «gauche caviar»-, no hay que perder de vista el cepillo. Todos quieren y reclaman y proclaman la propiedad del «bien de dominio público» (sic), pero lo que realmente buscan es el «dominio del bien». En dicha misión y otras llevan muchos trienios los socialistas cordobeses. Tanto como que ya superponen generaciones de militancia y dirigencia en la empresa, aunque el fin sea común. Dominar CajaSur, el Córdoba CF y la Mezquita han sido tres codiciadas piezas de altísima montería. Tres trofeos a exponer en el despacho del máximo dirigente entre congresos, aún inédito en estas lides.

En la primera salió el disparo por la culata cuando el objetivo se puso a tiro tras fallar el vehemente asedio de Magdalena Álvarez, la presunta diplomacia del «Pacto de Santa Lucía» para sacar a Castillejo de la sala de mandos y la operación madriguera de Medel. Zapatero «ayudó» lo suyo y prefirió el cupo vasco a la vía de Unicaja que tanto se labraron algunos socialistas del cinturón periférico al poder andaluz. La carambola estaba tan afinada, que con la entrada de don Braulio por Ronda de los Tejares se habilitaba el control del Córdoba CF y la masa social blanquiverde (electoralismo con calzonas), en estado preconcursal y graves dificultades económicas -su estado natural-. Dos buenos ejemplares de una sola tacada. Una jugada maestra con la que algunos ya se frotaban las manos. Poder financiero, poder de entretenimiento del pueblo, igual a poder municipal... La última ficha del álbum. Como es de dominio público, la historia terminó con la entidad financiera en manos de BBK y el club blanquiverde bajo las garras de otro González en las antípodas del icono socialista. Y en ambos casos, el omnímodo poder del PSOE y sus tentáculos se quedaron con tres palmos de narices y sin las pretendidas reliquias taxidérmicas. Aunque bien es cierto que alcanzaron el poder municipal, pero no por ninguna de las anteriores sendas de influencia. Paradojas.

El foco vira ahora hacia la Mezquita-Catedral, donde vuelven a reencontrarse viejos compañeros de viaje. Los ojos siguen en el botín, aunque las ínfulas ideológicas de Sánchez y sus socios radicales simulen un manido marco de arquetipos a los que tampoco hay que subestimar. Ni tan siquiera con el nuevo mantra de la ley francesa de 1905 y la equiparación a Notre-Dame por la vía del decreto-ley, que no sería otra cosa que una expropiación legal sin justiprecio y la presunta compensación del uso religioso (aunque en Francia el usufructo lleva clériman). Nosotros la titularidad y ustedes las misas. Y luego, esa delgada línea hacia el uso compartido.

La verdadera titularidad está en los derechos económicos y el consiguiente instrumento de poder al que contribuyen adornado con el discurso bonito. Ni los contundentes argumentos jurídicos que hay sobre la mesa, ni la doctrina registral, ni los argumentos históricos, ni los propios actos administrativos y legales suscritos por ambas partes con el reconocimiento del propietario..., ni como dice Moneo, «lo primorosamente cuidada que está», ahondan en el convencimiento. Una vez levantada la veda, no debe parar la cacería.