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Casarse con la víctima violada, el «atajo» en muchos países musulmanes para eludir la cárcel

Jordania abroga la norma del código penal que lo permitía, pero la práctica sigue vigente en el mundo árabe y en Asia

Mujeres musulmanas en Cachemira
Mujeres musulmanas en Cachemira - AFP
FRANCISCO DE ANDRÉS - Actualizado: Guardado en: Sociedad

El Parlamento jordano derogó ayer un polémico artículo de su código penal, que permite a los violadores eludir las condenas de cárcel si se casan con sus víctimas. Por insólito que parezca, la norma está todavía en vigor en muchos países del mundo árabe. Según la ONG Human Rights Watch, es el caso de Argelia, Libia, Palestina, Bahréin, Irak, Kuwait, Siria, e incluso el Líbano, donde el proceso para la derogación está en pleno trámite. Túnez, el único país donde triunfó la revolución liberal de la Primavera Árabe -y conocido por su «legislación progresista» en derechos de la mujer- no abolió hasta el mes pasado la norma que protegía a los violadores y condenaba doblemente a las víctimas. En Marruecos, fue norma legal hasta enero de 2014.

¿Qué fundamento se ha buscado en el Corán, o en la Sharía, la ley islámica? El código jurídico y moral mahometano prohíbe, como es lógico, la violación. Pero dado que el crimen afecta por lo general a mujeres, con frecuencia menores, la atmósfera islámica -en particular en los medios rurales- perjudica gravemente a las víctimas. De entrada, los tribunales islámicos establecen que el testimonio de un varón equivale al de cuatro mujeres. Esa discriminación, la dependencia de las menores respecto a sus familiares varones, y el llamado «crimen de honor», hace muy difícil que la víctima de una violación dé el paso de formalizar la denuncia.

En el mundo musulmán, la costumbre ha sido, hasta la fecha, resolver los casos de violación -salvo los que afectan a familiares cercanos- ofreciendo al acusado la posibilidad de eludir el castigo casándose con la víctima. Muchos juristas creen que así ganan las dos partes. El criminal evita la cárcel o una pena mayor, y la mujer evita el «deshonor» de la pérdida de la virginidad, que según la Sharía le haría muy difícil un matrimonio futuro. Su familia se cree así además satisfecha, y exonerada del deber de venganza.

En Malasia, el presidente de la Asociación de Abogados de la Sharía, Musa Wang, defendió hace tres meses la «sabiduría» de esta solución, siempre que el violador y la víctima acepten voluntariamente el matrimonio. Un elemento que redondea la fórmula es el hecho de que el islam acepta el matrimonio con niñas, en principio hasta de 12 años -cuando comienza la pubertad-, o incluso menores si la familia les asigna un guardián. El matrimonio con niñas y la poligamia juegan en favor de la solución abierta a los abusadores, tener otra esposa más, y ahondan en cambio el drama de las mujeres.

En Marruecos, la norma del código penal de «cielo abierto» para los violadores fue abrogada en 2014 después del polémico «caso Amina Filali», la muchacha de 16 años que se quitó la vida con un matarratas tras ser obligada a casarse con quien la había forzado. Otro caso, menos patético, se produjo en 2013 en un hotel de Dubái, donde una turista austriaca denunció una violación, fue detenida por mantener «sexo ilícito y consumir alcohol», y recibió como única opción para evitar la cárcel la posibilidad de matrimonio con su violador, un ciudadano yemení. La movilización -con 272.000 firmas recogidas en pocos días- llevó al gobierno austriaco a movilizar un equipo de rescate diplomático que logró sacar a su compatriota de los Emiratos.

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