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Diseñan una terapia T CAR capaz de inducir una protección a largo plazo frente al VIH

La modificación genética de células madre hematopoyéticas en modelos animales confiere protección frente al VIH durante más de dos años y sin ningún efecto secundario

MADRIDActualizado:

Si bien a día de hoy existen terapias antirretrovirales muy eficaces para controlar la infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), todavía no se ha encontrado un tratamiento capaz de curarla. Y es que si bien los fármacos antirretrovirales disponibles pueden reducir la carga del virus a niveles ‘indetectables’, no son capaces de erradicarlo por completo. Hace falta algo más, y ese algo es, simple y llanamente, el sistema inmunitario del propio paciente. Tal es así que en los últimos años se han desarrollado infinidad de estudios con el objetivo de lograr potenciar el sistema inmune frente al VIH. Sin demasiado éxito. O así ha sido hasta ahora. Y es que como muestra un estudio dirigido por investigadores de la Universidad de California en Los Ángeles (EE.UU.), la ‘transferencia adoptiva de linfocitos T’ (T CAR), tipo de terapia génica ya utilizada con éxito en el tratamiento de distintos cánceres de la sangre, podría ofrecer la ansiada protección a largo plazo frente a este virus.

Como explica Scott Kitchen, director de esta investigación publicada en la revista «PLOS Pathogens», «nuestros resultados son los primeros en mostrar que las células madre hematopoyéticas pueden ser modificadas con la T CAR e injertarse de forma segura en la médula ósea, madurar y convertirse en células inmunes totalmente funcionales. Un hallazgo que puede conllevar al desarrollo de una estrategia que posibilite una inmunidad para toda la vida, y totalmente segura, frente al VIH».

Más de dos años de protección

La ‘transferencia adoptiva de linfocitos T’, también denominada ‘terapia con células anticancerígenas T o T CAR’, es un tipo de inmunoterapia experimental en la que se extraen linfocitos T del propio paciente, se potencian mediante ingeniería genética mientras se cultivan en el laboratorio y, una vez alcanzan un número considerable, se vuelven a introducir –o según la terminología científica, ‘transferir adoptivamente’– en el enfermo para que combatan una enfermedad. Una terapia que ha logrado curar a muchos pacientes con distintas patologías oncohematológicas –caso del linfoma no Hodgkin, la leucemia linfoblástica aguda (LLA) y la leucemia linfática crónica (LLC)– y que, cuando menos en teoría, podría ser empleada en otras muchas enfermedades que, como ocurre con las infecciones, afectan directamente a la sangre. ¿Sería el caso, por ejemplo, del VIH?

El principal problema que presenta el VIH son los denominados ‘reservorios virales’, es decir, las copias del virus que se ‘esconden’ dentro de algunas células del organismo, en las que permanecen ‘agazapadas’ en espera de reactivar la infección. Tal es así que, para que la T CAR fuera efectiva, los linfocitos T potenciados mediante ingeniería genética tendrían que ser ‘transferidos adoptivamente’ cada vez que se produjera una reinfección –lo que podría pasar al cabo de meses o años–. Sin embargo, hay una posible solución: potenciar no los linfocitos T, sino las células madre de las que derivan estos linfocitos T. O lo que es lo mismo, las células madre hematopoyéticas.

La T CAR podría reducir la dependencia de los fármacos antirretrovirales y erradicar los reservorios del VIH en el organismo

El VIH utiliza el receptor de superficie CD4 para colarse en los linfocitos T que expresan este receptor –denominados, por tanto, linfocitos T CD4– y, una vez dentro, multiplicarse y propagarse por todo el organismo. Por tanto, el objetivo del nuevo estudio fue diseñar un ‘receptor de antígeno quimérico’ (CAR) que, además de contener este CD4, tuviera ‘algo más’. Y una vez diseñado, se lo ‘añadieron’ por ingeniería genética a las células madre hematopoyéticas obtenidas de un modelo animal –ratones.

El siguiente paso fue cultivar las células madre con el CAR y reintroducirlas en el ratón. Y de acuerdo con los resultados, las células hematopoyéticas dieron lugar a linfocitos T con este CAR que, dado que portaba el receptor CD4, podía localizar y unirse al VIH. Sin embargo, este CAR llevaba ‘algo más’: una vez unido al VIH, emitía señales moleculares que activaban al linfocito T para que destruyera a la célula infectada por el virus.

Como destacan los autores, «la modificación de las células madre hematopoyéticas dio lugar a una producción estable de linfocitos T con el CAR durante más de dos años y sin ningún efecto secundario. Además, estas células se distribuyeron de forma muy amplia en los tejidos linfáticos y en el tracto gastrointestinal, que constituyen las principales regiones anatómicas para la replicación y persistencia del VIH en los pacientes infectados. Y lo que es más importante, estos linfocitos T CAR fueron muy eficaces a la hora de atacar y matar a las células infectadas por el VIH».

Acabar con los reservorios

En definitiva, y de manera similar a como sucede con diversos tipos de cáncer, la T CAR puede ser igualmente efectiva a la hora de combatir el VIH. Sin embargo, y cuando menos en un

Como concluye Scott Kitchen, «es probable que la nueva estrategia funcione mejor cuando se administre en combinación con otros tratamientos, caso de la terapia antirretroviral. Sin embargo, esperamos que esta nueva terapia reduzca la dependencia de fármacos antirretrovirales de los pacientes con VIH, abarate los costes de los tratamientos y permita la erradicación de los reservorios virales en el organismo».

Es más; los autores creen que esta terapia también puede resultar muy eficaz para combatir otras enfermedades infecciosas.