Internacional

El emporio que deja atrás Donald Trump para ser presidente de Estados Unidos

El que será el inquilino de la Casa Blanca más rico de la historia de EE.UU. comparecerá el 15 de diciembre con su familia para explicar el futuro de sus negocios

Los posibles conflictos de intereses del futuro presidente de Estados Unidos, marcan un proceso de transición sin precedentes. El hombre más rico de la historia que se va a sentar en el Despacho Oval no puede limitarse sólo a nombrar la nueva Administración y el equipo de confianza. La situación le obliga a dejar todo atado, y bien atado, para que alguno de los innumerables vínculos empresariales que mantiene en medio mundo no se vuelva contra su presidencia. Trump ha confirmado que dejará en breve la gestión de su imperio, pero no aclaró si serán sus hijos o gestores independientes los que se pongan al frente de The Trump Organization. La mayoría de los expertos legales consultados le han aconsejado lo segundo porque, en su opinión, su indudable influencia sobre futuras decisiones de sus hijos en cualquiera de los negocios, podría ser utilizada en su contra en el futuro.

El presidente electo, Donald Trump, utilizó a primera hora su herramienta de comunicación favorita, su cuenta de Twitter, para confirmar lo que ya era un secreto a voces: que dejará sus negocios para centrarse en la presidencia. Trump explicó que lo hacía porque «la presidencia es una tarea mucho más importante», y recurrió a su eslogan de campaña para incidir en su propagandística manera de seguir cerca de sus fieles: «Quiero hacer América grande otra vez».

Para quien asumirá la presidencia de EE.UU. el 20 de enero, los 140 caracteres de límite que impone Twitter nunca han sido un problema. Sencillamente, dispara cuantos tuits necesite para sus explicaciones. De esta forma, Trump aseguró sobre su decisión de dejar la gestión de su emporio que «por ley, no está obligado a hacerlo». Esta afirmación es cierta, pero también lo es que existe una prohibición legal muy precisa, y que afecta a todos los empleados del Gobierno Federal (también al presidente de Estados Unidos), que es la de recibir regalos de países extranjeros. Una ley que aprobó el Congreso a principios de los años 60, durante el mandato de John F. Kennedy, como reacción al discutido nombramiento de su hermano Robert como Fiscal General. El presidente electo es muy consciente de que su actividad al frente de cualquiera de las empresas que posee podría chocar con esa ley. Por ejemplo, cuando se tramite la adjudicación de una obra a una compañía extranjera con la que opera cualquiera de las divisiones de la Trump Organization. Un supuesto que le han planteado estos días los expertos legales a los que ha consultado.

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