Internacional

La Casa Blanca se juega en un puñado de condados

Una serie de condados en estados bisagra como Florida, Nevada, Ohio o Pensilvania inclinan la balanza

Vídeo: Así es el sistema de voto en Estados Unidos - ABC

Sacar el paraguas del armario en un apartamento del East Village neoyorquino o la furgoneta del garaje en una granja de Woodward para hacer cola un 8 de noviembre en un colegio electoral es un acto de decoro democrático formidable. Todo el mundo sabe que Hillary Clinton ganará los delegados para la elección presidencial que concede el estado de Nueva York y que Donald Trump hará lo propio en Oklahoma. Ocurrirá lo mismo en muchos otros estados de corte demócrata –California, Massachussetts, Washington, Illinois o Vermont– o republicano –Arkansas, Alabama, Idaho, Nebraska o las Dakotas–.

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La elección se decide en una decena de estados «bisagra», aquellos en los que la historia ha demostrado que su apoyo oscila entre ambos partidos. Son Ohio, Florida, Pensilvania, Carolina del Norte o Iowa. Allí es donde Trump y Clinton repiten sus apariciones públicas y donde las campañas atiborran a los ciudadanos de anuncios electorales.

Hay analistas que creen que la elección se definirá en 50 condados. Otros, que solo hay que tener en cuenta 7

Pero todavía es posible hilar más fino. Dentro de esos estado, un puñado de condados serán clave. Hay analistas que aseguran que la elección se definirá en cincuenta condados. Otros están convencidos que solo hay que tener en cuenta siete condados para saber quién será el ganador. El profesor David Schultz, de la Universidad Hamline (Minnesota), cree que el rumbo de las elecciones está en manos de medio millón de votantes en diecisiete condados de «estados bisagra». Los candidatos ven a esos condados «como barómetros, en el sentido que predicen lo que ocurrirá en su estado», explica Schultz a AlterNet.

Entre esos condados, cita los de Hamilton (Ohio), Bucks (Pensilvania), Hillsborough (Florida), Clark (Nevada) o Bremer (Iowa). Según los cálculos de Schultz, autor del libro «Los estados bisagra en las presidenciales: por qué solo importan diez», si Mitt Romney hubiera tenido un mejor desempeño en estos estados en las elecciones de 2012, podría haber impedido la reelección de Barack Obama.

Dentro de los estados, cada voto vale lo mismo. El candidato que más votos obtiene en el estado se lleva la totalidad de delegados que van al Colegio Electoral, el órgano que elige al presidente (las excepciones son Maine y Nebraska, que tienen un sistema algo distinto). Por lo tanto, el voto en uno u otro condado dentro de un mismo estado tiene el mismo valor. ¿Por qué se considera a algunos condados clave?

Representativos de la tendencia

Los analistas los consideran así porque son representativos de la tendencia que seguirá el voto en el estado y, en la mayoría de los casos, porque son los condados más poblados y los que pueden inclinar la balanza hacia uno u otro lado. Uno de ellos es Cuyahoga, el condado en el que se asienta Cleveland, la principal ciudad de Ohio. O Wake, en Carolina del Norte, segundo más poblado del estado. O Clark, que acoge al 70% de la población de Nevada. En todos ellos, se celebrará la gran batalla de estas elecciones: la de la ciudad contra el campo. En las últimas elecciones se ha consolidado la tendencia por la que el voto demócrata se centra en los núcleos urbanos, que reúnen el grueso de su electorado: la población blanca con índices altos de educación universitaria y las minorías negra e hispana que viven en los barrios pobres alrededor de las ciudades. Los republicanos tienen más peso en el medio rural, con menor densidad de población y con más votante blanco de clase media.

Esa es la razón por la que si se coge un mapa de EE.UU. dividido en condados, la mayoría del país se tiñe de rojo –el color republicano– y apenas hay algunas manchas del azul demócrata. En 2012, Obama goleó a Romney en delegados (332 a 206) y ganó por poco en votos en todo el país (51% frente a 47%), pero fue el candidato menos votado en la mayoría de condados. Obama solo ganó en el 22% de los cerca de 3.000 condados de EE.UU., pero se alzó con la victoria en varios condados clave.

La evolución en estados clave apunta a que esta tendencia se acentuará el próximo 8 de noviembre. Cada vez hay menos condados «púrpura», aquellos donde las fuerzas están igualadas y que se pueden inclinar a un lado o a otro.

En Ohio, Colorado o Iowa, la victoria de Clinton pasa por ampliar su dominio en un número pequeño de condados en zonas urbanas. Trump, por el contrario, solo podría ganar si aguijonea a su rival con pequeños aumentos en los condados rurales y contiene el avance de los núcleos urbanos. Así es como Romney consiguió que Carolina del Norte cambiara de demócrata a republicana en 2012. Lo que Obama perdió en muchos condados poco poblados y dominados por blancos de clase media no lo pudo recuperar con lo que ganó en el puñado de condados urbanos del estado. Si Trump replica esa fórmula aquí y en otros estados, tendrá posibilidades.

Participación

Aquí será clave la participación, el poder de movilización del voto. Si las ciudades y sus suburbios van en masa a votar, estará casi asegurada la llegada de la primera presidenta a la Casa Blanca.

Las últimas encuestas hablan de una recuperación de Trump a nivel nacional. Para conseguir la remontada, Trump no solo deberá mejorar ese resultado sino, sobre todo, conseguir los votos en los lugares adecuados.

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