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Marine y Marion Le Pen, dos estilos antagónicos en la extrema derecha

Iconos del FN francés libran una guerra por el poder, que trasciende en sus modos y modas

Las dos Le Pen en los Inválidos, en París
Las dos Le Pen en los Inválidos, en París - REUTERS
JUAN PEDRO QUIÑONERO Corresponsal En París - Actualizado: Guardado en: Estilo , Gente

Estilo, accesorios, etiqueta, trajes de calle, vestidos de noche, incluso la lencería íntima... También en el terreno de la imagen libran su particular batalla las dos mujeres que se disputan el liderazgo del Frente Nacional: Marine Le Pen (48 años) y Marion Maréchal-Le Pen (27), hija y nieta de Jean-Marie Le Pen (88 ), el patriarca de la extrema derecha francesa.

Marine cuenta con un 35% de apoyo entre la opinión pública y se cotiza como posible ganadora en la primera vuelta de las próximas elecciones presidenciales, que se celebrarán a finales de abril de 2017. Es, además, la artífice de la llamada «recentralización» del FN, muy criticada por la extrema derecha más ultra. Marion Marechal-Le Pen, por su parte, es la figura ascendente del FN y ya cuenta con un 30% de opiniones positivas, beneficiándose de una escalada espectacular y convirtiéndose en la personalidad más joven y cotizada de todo el paisaje político nacional.

A corto plazo, Marion acepta el liderazgo de Marine, aunque no es un secreto que tía y sobrina se disputan el poder en el futuro. Ambas encarnan dos líneas políticas paralelas, cultivando un look igualmente antagónico.

Vida sentimental

Tras su variopinta vida sentimental, muy rica en acontecimientos (dos matrimonios, hijos de padres distintos, vida de pareja de hecho con un divorciado con experiencia igualmente «rica» en «experiencias» sentimentales), Marine Le Pen ha terminado imponiendo una mirada al centro en el seno del FN, con su imagen de ama de casa de provincias: mal peinada y con trajes de chaqueta que le avejentan, gusta de camisas de seda de colores chillones, bisutería del tres al cuarto y bolsos más o menos cutres que paga en efectivo, siempre que puede.

Con orígenes y vida sentimental igualmente agitada a su edad (su padre biológico no se casó con su madre; tras su primer matrimonio, el divorcio llegó en pocos meses), Marion defiende una línea de extrema derecha tradicional / ultra, armada con un «look» muy aguerrido: puede usar trajes de Chanel (copias baratas de Chanel, quiero decir), pero con botones metálicos y cremalleras que confieren a los modelitos un fino toque «marcial». No duda en usar camisas de seda con bastante escote, para lucir sin muchos complejos su generosa anatomía, en la que también destaca su cabellera de valquiria rubia platino no desteñida. Sus pantalones negros o grises oscuros tienen el estilo viril de una oficial de caballería de paisano, que no duda en fotografiarse con dicharacheros jóvenes cuando también luce botas de montar, látigos y pañuelos de seda con estampados de flores de lis tradicionalistas.

Aguerridas amazonas

Sin duda, la imagen de ambas señoras corresponde a sus gustos e inclinaciones íntimas. Pero también forma parte visible de la «panoplia guerrera» de dos amazonas cabalgando, sable verbal en ristre, a la conquista de distintos públicos.

El ama de casa que paga con calderilla en la tienda de la esquina (Marine) viste con una «elegancia» que sería muy generoso tratar como de oldfashioned: se trata de un arcaísmo propio de señoras bien de pueblos devastados por la crisis, jubilatas prematuras usando los mismos vestidos del año de su primer matrimonio, disfrazándose de moderna con trajes Nina Ricci de hace diez o doce temporadas. En una Francia caída de hinojos en varias crisis superpuestas (crisis económica y social, crisis multicultural, ocaso diplomático en Europa...), el look pasado de moda de Marine Le Pen encaja bien ante el fantasma de un ocaso histórico. Por su parte, la chica de rompe y rasga, presta a defender la «auténtica» extrema derecha, sumándose a las peregrinaciones de la iglesia tradicionalista (muy mal vista en el Vaticano), viste con el «trapío» de la juventud ultra sin complejos, dirigiéndose a un periodista, en una recepción, con una copa en la mano y muy abierto el escote, en estos términos: «Ten cuidado, que vamos a por ti».

Jean-Marie le Pen contempla impotente el duelo de su hija y su nieta. El patriarca está peleado con su hija, y preferiría que su nieta terminase imponiéndose. En su soledad última, recuerda la faena de la madre de Marine, que decidió fotografiarse desnuda en «Playboy» para afirmar su “independencia”, cuando la pareja se arruinó definitivamente.

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