Internacional

Marine Le Pen se beneficia de las divisiones de socialistas y conservadores

La candidata de la extrema derecha, favorita para la primera vuelta de las elecciones presidenciales en abril

Marine Le Pen, en un acto de su partido este fin de semana en Brachay
Marine Le Pen, en un acto de su partido este fin de semana en Brachay - Reuters
Juan P. Quiñonero Corresponsal En París - Actualizado: Guardado en:

A ocho meses de la primera vuelta de la próxima elección presidencial, Marine Le Pen, presidenta del Frente Nacional (FN), es la gran beneficiada de los enfrentamientos fratricidas de las derechas y la crisis global de las izquierdas en una Francia empantanada, con una influencia declinante en Europa. Los últimos sondeos confirman que la candidata de la extrema derecha sigue como gran favorita de la primera vuelta, a fines del próximo abril, con un 30% de intención de voto y varios puntos de ventaja sobre todos los candidatos de izquierda o derecha.

A la derecha, Nicolas Sarkozy, expresidente; Alain Juppé, ex primer ministro; François Fillon, ex primer ministro, y Bruno Le Maire, exministro de Agricultura, compiten por el liderazgo de la derecha y la candidatura en unas elecciones primarias que son una primicia histórica en el conservadurismo francés.

Juppé es el mejor cotizado en los sondeos de las primarias de finales de noviembre, seguido de cerca por Sarkozy. Fillon y Le Maire son buenos «figurantes», sin posibilidades de ser elegidos candidatos de Los Republicanos (LR), el partido conservador.

La campaña de estas primarias ha comenzado en un tono agrio, agresivo y fratricida. Sarkozy dispara a gritos contra todo el mundo, a paso de carga, sable en ristre. Amenazado su liderazgo, el expresidente piensa «reconstruir» su decreciente capital electoral haciendo una campaña ultradinámica y feroz, violenta contra Hollande y las izquierdas, cruda contra sus rivales conservadores.

Antiguo primer ministro de Jacques Chirac, antes conservador «enérgico», Juppé se ha «recentrado» y aspira a encarnar el «conservadurismo tranquilo» de una Francia «feliz consigo misma, satisfecha de su unidad y su diversidad».

Consciente de que tiene el futuro a sus espaldas, Fillon, antiguo primer ministro de Sarkozy, dispara con mira telescópica contra la cabeza de su ex presidente, con rara ferocidad.

Y consciente de que su carrera presidencial está comenzado, Le Maire pide sin prisa pero sin pausa una «renovación generacional», manera de decir: «Dejad paso, vejetes fracasados».

La crisis de la izquierda

A la izquierda, el PS es víctima de una histórica crisis de identidad, dividido, fragmentado en grupúsculos que se odian, desde el punto de vista político, víctima del fracaso del mandato presidencial de François Hollande, instalado en el podio de presidente más impopular de la V República.

El PS prometió unas primarias «para toda la izquierda». Pero nadie sabe si Hollande aceptará participar. Si lo hiciera, varios sondeos afirman que podría ser derrotado por Arnaud de Montebourg, exministro de Economía, un nacionalista de izquierdas, tribuno populista que aspira a encarnar «otra izquierda, auténtica».

Por su parte, la burocracia interna del PS presiona a Hollande para que vuelva a presentarse. La guardia pretoriana del presidente afirma a quien quiere oírla que Hollande «dirá algo» el próximo día 8. Si no se presenta, Manuel Valls, primer ministro, pudiera sentir la tentación de hacerlo, en unas condiciones todavía muy equívocas. Emmanuel Macron, exministro de Economía, ha «robado» a Valls la franja electoral del «social-liberalismo» y aspira a convertirse en la gran revelación de centro izquierda.

A la izquierda todavía se presentarán candidatos ecologistas y de extrema izquierda, más o menos populistas, con un enemigo íntimo en común: François Hollande, encarnación de las peores traiciones de un socialismo ideológicamente desguazado, derrotado por la derecha y la extrema derecha en todas las elecciones locales, municipales, regionales y europeas desde la elección de Hollande en 2012.

Ante las divisiones cainitas de las derechas y la fragmentación suicida de las izquierdas, la primera vuelta de la próxima elección se presenta como un bulevar triunfante para Marine Le Men, que pesca en las aguas turbias de todos los ríos revueltos.

A la derecha, Marine Le Pen tira con lanzagranadas contra Sarkozy y Juppé: «Uno traicionó a Francia, aliándose con el Rey de Arabia Saudí. El otro es un blandengue multicultural». Hollande está tan hundido que Le Pen prefiere tirar contra la ambulancia general de las izquierdas: «Han hundido Francia». Entre el 30 y el 35% de los obreros votan a la extrema derecha desde hace más de una década. El FN cultiva ese campo electoral con populismo agresivo contra Europa: «Hay que sacar a Francia de la UE para volver a reconstruir nuestra patria».

Los mismos sondeos que anuncian la victoria de Marine Le Pen en primera vuelta, anuncian su derrota en la segunda. Con matices. Si se repitiese un duelo Hollande-Sarkozy, podría eliminar a Sarkozy en la primera vuelta. Ante un duelo de Juppé con cualquier candidato socialista, podría eliminar al candidato de la izquierda, para enfrentarse al candidato conservador en la segunda vuelta. Esas maniobras van a dominar el paisaje político francés durante los próximos meses.

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