Markle ayer en Nottingham
Markle ayer en Nottingham - REUTERS

Cuando Meghan aún no había encontrado a Harry

De las playas de California al Palacio de Kensington. Así ha sido la vida de esta actriz antes de comproterse con su Príncipe

LOS ÁNGELESActualizado:

En la fastuosa boda de Guillermo y Catalina de Cambridge, el 30 de abril de 2011 y ante 2.000 invitados en la Abadía de Westminster, la primera dama de honor a punto estuvo de robarle el plano a la novia. El «derriere» de Pippa Middleton fue uno de los asuntos más comentados de un día histórico: la «hermanísima» dejó boquiabierto al personal con su sencillo e impecable diseño de Sarah Burton para McQueen. En el enlace entre Meghan Markle y Enrique de Inglaterra, en mayo de 2018, es improbable que la presencia de su hermanastra Samantha Grant -diagnosticada de esclerosis múltiple en 2008- dé tanto que hablar como la de Pippa años atrás. Es más, si acude al enlace, más bien se debería a un gesto de indulgencia de Meghan, quien en estos momentos necesita tener cerca a su dispersa familia. Desde que se conociera el romance de Markle con el Príncipe Harry, Samantha no ha dejado de hacer campaña contra su «desagradecida» medio hermana, a quien ella crió durante 12 años para que, luego, le diera de lado. «Trepa» ha sido el calificativo que más ha empleado para definir a Meghan.

Pese a todo, a la novia del nieto de la Reina Isabel II no le van a faltar damas de honor de su absoluta confianza. Entre sus mejores amigas figuran una estilista (Jessica Mulroney), dos diseñadoras de moda (Misha Nonoo, la que le presentó a Harry, y Millie Macintosh), una actriz (Abigail Spencer, su compañera en la serie «Suits») y una estrella del deporte, la tenista Serena Williams, a quien conoció en 2014, pero que en poco tiempo se ha convertido en una aliada fiel para gestionar la intrusión de la prensa en su vida privada.

La lista de fieles de la futura Duquesa de Sussex -nunca recibirá el título de Princesa por no tener «sangre real»- es fiel reflejo de la vida social de una mujer criada en Los Ángeles, formada entre los bastidores de Hollywood y curtida en decenas de alfombras rojas. A sus 36 años, convertida en una estrella televisiva gracias a su papel protagonista en la serie «Suits» (HBO), ahora abandona su rutilante carrera artística para embarcarse en una nueva vida entre la realeza de la vieja Europa. Aunque, tal y como ella confirmó esta semana ante las cámaras de la BBC tras su anuncio de compromiso y en presencia de su embelesado prometido, «no lo veo como una renuncia, sino como un cambio. Es un nuevo capítulo».

Y la vida que Meghan Markle deja atrás es más bien convencional para una chica nacida en Los Ángeles con vocación de actriz. Mestiza e hija de padres divorciados (Thomas Markle, director de fotografía retirado, y Doria Ragland, terapeuta y profesora de yoga), durante su adolescencia estudió en el colegio católico Inmaculate Hearts de Hollywood y, como tantas jóvenes, soñaba con vivir de la interpretación. Para ello se preparó a conciencia en la Universidad Northwestern, donde se licenció en Drama y Relaciones Internacionales. Aficionada a vestir en vaqueros y con chanclas, siempre ha defendido su actitud liberal. «Soy la típica chica de California, de Los Ángeles. Me encanta mi ciudad», ha admitido. Su padre, Thomas, trabajó como director de fotografía en teleseries ochenteras, una suerte de guardería para su hija. «Pasé diez años en el plató de ‘‘Matrimonio con hijos’’, eso influyó en mi deseo de hacer cine», ha dicho en el pasado.

El flechazo

De su breve paso por «CSI Nueva York» a su papel en «Suits», hay un intenso periodo de lucha por encontrar su camino en la jungla de Hollywood. Puede que Markle no sea una súper estrella para el público europeo, pero en Estados Unidos ya había entrado en la primera división de las celebridades. Fue precisamente viendo esa serie cuando el Príncipe Harry se fijó en ella. Más bien fue un flechazo. Durante dos años la siguió temporada a temporada hasta que, en 2016 consiguió una cita con ella.

Pero antes, en septiembre de 2011, Markle se había casado con el productor Trevor Engelson, tras una relación de siete años. La boda fue en una playa de Jamaica y se celebró con un divertido sarao donde los novios y sus invitados bebieron de lo lindo y bailaron descalzos sobre la arena. La pareja se divorció dos años después y ahora Trevor aprovecha el tirón para lanzar una teleserie inspirada en su ex. El chef canadiense Cory Vitiello ha sido su último novio conocido antes de que el Príncipe Harry la conquistara.

Como Halle Berry, Meghan Markle es una actriz que ha tenido que encajar múltiples críticas por aceptar papeles que parecían esconder su identidad mestiza. Atacada sin descanso por cierto sector de la industria, un buen día decidió hablar abiertamente de ello. En un artículo publicado en la revista «Elle», contó que mucha gente asumía que su madre era su nanny por el color de su piel. Y en una entrevista con la revista «Allure», defendió sus estudios sobre la identidad desarrollados durante su etapa universitaria. «Estudiar me ayudó a entender por qué me sentía demasiado clara para la comunidad negra y demasiado mulata para comunidad blanca».

Para Harry, el apasionado hijo pequeño de Lady Di, la defensa a Markle de los ataques racistas y los comentarios de los tabloides británicos ha sido una prioridad. La primera vez que el Palacio de Kensington confirmó la existencia de una relación entre el hijo del Príncipe de Gales y la actriz estadounidense fue precisamente con una durísima crítica por el acoso de los medios. Según Palacio, Markle se vio expuesta a «calumnias en la primera plana de un periódico de alcance nacional», así como el «sustrato racista de los artículos de opinión, y el racismo y sexismo descarado en las redes sociales».

Acoso y soborno

«Y eso -continuaba el comunicado- es solo la parte de lo que se ha convertido en una lucha cotidiana con batallas legales, intentos de soborno y el bombardeo a casi todos los amigos, colegas y seres queridos» de Meghan Markle.

Ayer, la futura esposa del Príncipe Harry estrenó su agenda oficial con un baño de masas en Nottingham, donde visitó la feria benéfica Terrance Higgins Trust World AIDS Day. Recibió ramos de flores y cartas por parte de la multitud; vítores y aplausos. Ayer, aquellos ataques y calumnias de los tabloides británicos quedaron en nada.