El Rey Alfonso XIII (con una x en el brazo), junto a la Reina, a bordo del «Tonino», el balandro favorito de la Familia Real. Santander, verano 1914
El Rey Alfonso XIII (con una x en el brazo), junto a la Reina, a bordo del «Tonino», el balandro favorito de la Familia Real. Santander, verano 1914 - Ramón Alba

Los 27 balandros de Alfonso XIII, un Rey amante de la vela y los navíos clásicos

El apoyo del bisabuelo de Felipe VI fue decisivo para el despegue del amor al mar en España

MadridActualizado:

Era una tarde del verano de 2010 en Sanxenxo, afamado enclave pontevedrés tan bien provisto de viento como de marisco. El mal tiempo hizo que se suspendiera la regata prevista. Dos enamorados de la vela, el Rey Juan Carlos y Luis Tourón Figueroa, aprovecharon para hablar de su pasión. «Estaba escribiendo la historia de la vela en España, que aunque parezca mentira está por escribir. Don Juan Carlos no salió de su asombro cuando le comenté que su abuelo, el Rey Alfonso XIII, había tenido 27 barcos. Pensaba que habían sido solo seis. Esa misma tarde llamó al Palacio Real y pidió que me facilitaran acceso franco a los archivos de la Casa y a todos los documentos y fotografías relacionados con la vela. Era una mina». De ahí surgió la idea de escribir «Los barcos de Alfonso XIII».

Si Lope de Vega cerró su celebrado soneto sobre el amor diciendo que «quien lo probó lo sabe», quien haya navegado a vela sabe que hay pocos placeres comparables sobre la faz de la tierra... y del mar. Y sobre todo en los veleros clásicos, que son los que amaba el bisabuelo del actual monarca. Don Juan, Don Juan Carlos y Felipe VI mantuvieron (y los dos últimos mantienen) ese fervor por todo lo que tiene que ver con el mar y el arte de la vela.

¿De dónde le vino a Alfonso XIII la afición a la vela? «Porque heredó una situación penosa para la Armada española tras el desastre del 98 y descubrió la vela primero en San Sebastián y luego en Santander», recuerda Tourón Figueroa. Alfonso XIII se empeñó en aunar arte, deporte e industria, que la gente se aficionara a la vela, que «las cosas de la mar volvieran a ser fuente de inspiración y de trabajo para muchas familias trabajadoras».

Gracias al impulso y el ejemplo de Alfonso XIII y toda la Familia Real el llamado «turismo de ola» empezó a extenderse por las playas del norte de España a comienzos del sigo XX. «Su padre, Alfonso XII, tuvo mucho menos contacto con el mar, y además las regatas no existían. Hay que recordar que hasta 1870 no se crea el primer Club Náutico, que es el de Santander. Tampoco hay que olvidar que se casó con una princesa inglesa que ya traía la afición de casa, con sus veraneos en Osborne House, en Cowes, y eso tuvo mucha trascendencia».

Dos de los imperios que empezaron a florecer en el XVII, el holandés y el inglés, comprendieron que flota y comercio iban de la mano. Por el puro «placer de navegar», comerciantes y burgueses holandeses solían disfrutar de sus «jaghts», palabra que el inglés convertiría en «yacht» y el español en «yate». Pero se atribuye a Carlos Estuardo, Príncipe de Gales, futuro Carlos II, el invento del «yachting» y su difusión primero en Inglaterra y después al resto del mundo.

El espléndido ensayo que ha escrito Luis Tourón Figueroa, con un repertorio fotográfico de gran calidad, reproducido a todo trapo a partir de los originales conservados en los archivos del Palacio Real y del diario ABC, pretende servir de reconocimiento a Don Alfonso XIII, «gran amante de la marina y apasionado regatista», que jugó un papel relevante en la vela española y europea. «Sin el extraordinario apoyo y el gran entusiasmo de nuestro Rey, la vela en España no hubiera alcanzado el desarrollo que tuvo en aquellos años de su reinado».

En el libro se recuerda que Alfonso XIII «fue un gran impulsor de la construcción naval», de la que España, en lo relativo a barcos de regata, tenía escasa experiencia. Pero predicó con el ejemplo, como recuerda Luis Tourón: «La gran mayoría de los barcos que tuvo fueron construidos en España». Tras hacer historia de la vela deportiva y de los inicios de los balandros en España, el autor de «Los barcos de Alfonso XIII» se recrea en veleros de fina estampa, como el legendario «Giralda», no solo «barco de Estado como yate real, sino residencia de verano y barco de apoyo en temporadas de regatas tanto en España como en Inglaterra, Francia y otros puertos del Mediterráneo». El «Giraldilla», construido en el arsenal de Ferrol, el primer barco de regata propiedad del Rey. El «Mouriscot», balandro construido también en Ferrol, así bautizado en recuerdo de «un día excepcional en el palacio de Mouriscot de Biarritz, en el que tuvo lugar la petición de mano de la princesa Victoria Eugenia».

Pero hubo dos balandros que pasaron a la historia de la vela española y ejemplifican la pasión de Alfonso XIII y Victoria Eugenia por los hermosos veleros: el «Hispania», construido por los astilleros Karrpard de Pasajes, y el «Tonino», construido por Martínez de las Rivas en sus astilleros del Nervión. Cuenta Tourón Figueroa que el «Tonino» fue «el barco favorito de la Familia Real. A la Reina le gustaba mucho y llevar en él a su hijo Don Alfonso. Era un barco muy manejable, con una caña (timón) más dulce que el «Hispania». Fue el que más tiempo estuvo en manos de la Familia Real, desde que se botó en 1911 hasta que lo incautó la República en 1931».

El «Hispania VI», bellamente restaurado, fondea en Palma. El «Tonino» navega por aguas italianas. Memoria viva de las velas que hermosean el mar. Quien lo probó, lo sabe.