Ángel Antonio Herrera - CARTAS A LA ALCALDESA

La papelera

Sospecho que usamos más la papelera del móvil que la papelera propiamente dicha, alcaldesa. Lo digo porque viene viendo uno mucho papeleo suelto, y el rastro correspondiente de colillas

Ángel Antonio Herrera
MADRIDActualizado:

Sospecho que usamos más la papelera del móvil que la papelera propiamente dicha, alcaldesa. Lo digo porque viene viendo uno mucho papeleo suelto, y el rastro correspondiente de colillas, igual en el pavimento de la Puerta del Sol que en el pavimento de Plaza Castilla, o Lavapiés, que es barrio promiscuo, aseado lo justo, y muy de moda, en relevo ameno de Chueca.

Pero a lo que iba. Resulta que somos unos alegres forajidos, en general, de ir soltando por ahí el envoltorio de la golosina o el remate del marlboro, como si no hubiera papeleras a propósito. Y papeleras hay, porque si no me equivocan los que me han sacado la cuenta tenemos en la ciudad más de 60.000 unidades. ¿Y por qué cuento esto de la papelera, hoy?

Pues por dos motivos, en esencia. Motivo uno, porque esta esquina de artículo semanal se quiere un menú al día de los vicios o virtudes de la ciudad, y resulta que estamos saliendo unos incívicos. Y motivo dos, porque la papelera es artesanía que no pocos vándalos revientan porque sí, muy a menudo, y la papelera tarda a veces mucho tiempo en restaurarse o reponerse, con el consiguiente disgusto del que quiere cumplir, y la mala lámina de un mobiliario urbano que parece un desguace.

De modo que la papelera siempre está ahí, como una reliquia de poblachón, pero no le hacemos caso suficiente el gentío el general, y luego los operarios de turno, cuando un golfo de deshoras va y rompe la papelera, porque sí. La papelera es inocente, y una olvidada, salvo cuando viene un cafre con tres copas de más y le pega una paliza nocturna a la pobre papelera, que pasa más rato con las vértebras al aire que en plena forma. Esto ya va según los barrios, naturalmente.

Lo que vengo a destacar hoy aquí, alcaldesa, es que la papelera nos viene haciendo el test de ciudadanos no siempre amables que somos. Y, de paso, le da al Ayuntamiento un trabajo de reposición o reparación que no siempre llega a tiempo. Eso, y que siempre hay por ahí cuatro zánganos sin alma que practican la violencia con la papelera.

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