Cataluña - Barcelona

El independentismo fracasa en la guerra del «pregón»

Lección de tolerancia del escritor Pérez Andújar en el inicio de fiestas en Barcelona

Los asistentes, ovacionando al pregonero en el Ayuntamiento
Los asistentes, ovacionando al pregonero en el Ayuntamiento - INÉS BAUCELLS

El independentismo en Cataluña gusta de autorretratarse a menudo como la «revolución de las sonrisas», una muy generosa manera de pintar un proceso que, en ocasiones, enseña su cara más intransigente y sectaria. Algo de eso se vio anoche en Barcelona a raíz de la polémica por la elección del pregonero de su fiesta mayor, el escritor Javier Pérez de Andújar, a quien el secesionismo más hiperventilado no perdona su postura crítica con el proceso, su papel de «mal catalán».

Cargaron contra la alcaldesa Ada Colau por no escoger a un pregonero de su gusto, y para contraprogramar el acto -todo un detalle que no llamasen al boicot, como sí hicieron con Elvira Lindo en 2006-, organizaron un contrapregón. El contraste era evidente. En Pla de Palau, varios cientos de personas, entre ellos ediles de CiU, siguieron la bufonada de Toni Albà: faltona, astracanada elevada a desagravio tras la afrenta de Colau, que escogió para el pregón «oficial» a un Pérez de Andújar de habla castellana, nacido en el muy obrero Sant Adrià del Besòs, en la periferia, geográfica y mental, del independentismo más obtuso.

A unos cientos de metros, dla plaza Sant Jaume se llenaba para escuchar el que a juicio de los presentes fue uno de los mejores pregones de las fiestas de la Mercè que se recuerdan: una reivindicación de la cultura popular, de los barrios, de la ciudad diversa, de la tolerancia... Pérez de Andújar, autor, entre muchas otras lecturas recomendables de «Los príncipes valientes», no concedió a quienes le querrían fuera el gusto de la invectiva, sí acaso una soterrada ironía cuando, citando nombres de la cultura barcelonesa, recordaba su nacimiento fuera de la misma, aunque, recordaba, «eso no importa, porque eran muy pequeños».

Andújar citó decenas de nombres y referencias: la editorial Bruguera, el Onofre Bouvila de «La ciudad de los Prodigios», «Anarcoma» de Nazario, el Capitán Trueno, Mary Santpere, Carpanta, el punk barcelonés, Gato Pérez... y también paisajes, claro, empezando por las tres chimeneas de su Sant Adrià, vestigio de una Barcelona de fábrica y taller que se construyó también desde los barrios.

Quizás por todo ello, y por no comulgar con el «proceso» -de hecho con casi nada- , parte del independentismo vio su elección como una afrenta, y organizaron una bronca que en realidad, por persona interpuesta, arremetía contra Colau, a la que el secesionismo ortodoxo ve como un submarino contra el proceso.

Travieso a ratos, emocionado, Pérez de Andújar acabó reivindicando «el derecho de ser de Barcelona cada cual a su manera». Toda una lección. Con un «¡Barceloneses del mundo, uníos!», concluía una lectura acogida con complicidad y una ovación tanto bajo los arcos góticos del Saló de Cent como a pie de plaza. Hasta el domingo la ciudad celebra su fiesta mayor, la Mercè, una excusa para una celebración que, pese a algunos, está muy por encima de la política.

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