Reconstrucción de la Guardia Civil del caso de la niña de Pizarra |Vídeo: Las dudas de los padres de la niña - Pedro Sánchez /ABC

La noche oscura de Lucía Vivar

ABC ha tenido acceso a las conclusiones de la investigación de la Comandancia de la Guardia Civil de Málaga abierta tras la muerte, en julio pasado, de la niña de tres años Lucía Vivar. Los padres de la niña ven aún agujeros en esa versión

MadridActualizado:

Tenía tres años. Poco antes las once y media de la noche del 26 de julio pasado se despistó mientras jugaba con sus primos en el bar de la estación de tren de Pizarra, en Málaga, donde sus padres y otros familiares cenaban durante una celebración familiar. Comenzó a andar por las vías y no oyó los gritos desesperados de sus allegados y vecinos que la buscaban. Al darse cuenta de que estaba sola debió sentir miedo, terror...

El brillo de los raíles probablemente le hizo pensar que era un sendero y casi de forma inconsciente lo siguió. Sintió, claro, la angustia de la oscuridad, de los sonidos del campo por la noche... Cayó varias veces, lesionándose levemente manos y piernas. Se sentó otras tantas sobre las vías, para descansar, manchándose el vestido, las zapatillas y las palmas de las manos con la grasa que las impregna.

Cuatro kilómetros después, ya agotada, se acurrucó entre los raíles, en el balasto que los separa, y quedó profundamente dormida. Fue exactamente en el punto kilométrico 158,5, un paraje conocido como Vega Malilla, en el término municipal de Álora. En esa postura estaba cuando un tren de cercanías pasó sobre ella. Al despertarse por el ruido, levantó unos centímetros la cabeza, donde fue golpeada por un saliente de los bajos del convoy, que no llegó a arrollarla. La muerte fue instantánea. Eran entre las 6:35 y las 6:47 del 27 de julio.

Este es el relato de los investigadores de la Comandancia de la Guardia Civil de Málaga sobre un caso que conmocionó a España. Desde la misma mañana del suceso defendieron esa versión de los hechos que, sin embargo, nunca convenció a los padres de la niña.Éstos creen que alguien se llevó a su pequeña y luchan por demostrarlo... Pero a día de hoy no hay un solo dato que avale esta hipótesis.

Veamos. A las 23:34:48 las cámaras de Adif próximas a la Estación de Pizarra graban unas imágenes en las que se ve una pequeña silueta que se corresponde con un o una menor. Anda sobre el andén, y pasados unos segundos se pone a correr, como si estuviera jugando al escondite, un juego que le gustaba mucho según explicó luego la familia. Un testigo recuerda cómo los familiares gritaban «¡Lucía, ¿dónde de estás?!, «¡Lucía, se ha acabado el juego!».

Las cámaras están situadas en la ruta natural de salida hacia el lugar donde fue encontrado horas después el cuerpo, pero además dos minutos más tarde se ve a varios adultos que buscan a la pequeña. Por tanto, no hay duda de que esa figura es la de Lucía. Desde ese punto y hasta el lugar donde fue encontrada no hay rastro de la niña; no es extraño, porque ni había más cámaras ni ella llevaba objeto alguno en las manos que pudiera perder. De hecho, el chupete fue encontrado en la estación poco después de la desaparición, por cierto en la dirección opuesta a la que luego enfiló.

Sin embargo, hay otros datos que avalan las tesis de la Guardia Civil, que ha trabajado durante meses en el caso. El maquinista del tren, que hacía el trayecto Pizarra-Álora, sale a las 6:35, momento en el que recibe un telefonema con el mensaje «marcha a la vista al paso por la estación de Pizarra por posibles personas cerca de la vía», lanzado por Adif tras comunicar la Guardia Civil la desaparición de Lucía. Cuando está a unos tres kilómetros de la estación de destino se percata, ya sin capacidad de reacción, de la existencia de un bulto oscuro e inmóvil entre las vías del tren, en un tramo ligeramente curvo a izquierda. En un primer momento el responsable del convoy atribuye el episodio a que es un animal muerto, algo frecuente por otra parte. Pasa por encima de él, sin arrollarlo, y no le da más importancia al asunto.

Freno de emergencia

En el trayecto de retorno a Pizarra, que comienza a las 6:51, vuelve a ver el mismo bulto, pero al tener mejor visibilidad distingue lo que le pareció un vestido de colores. De inmediato acciona el freno de emergencia, baja del tren y descubre, con horror, el cadáver de Lucía, aún acurrucado entre los raíles. Por supuesto, sin perder tiempo alerta de lo ocurrido.

¿Cómo es posible que el cuerpo no hubiera cambiado de posición pese a haber pasado dos veces el tren sobre él? Los datos de la investigacion lo corroboran. A la niña le salía un reguero de sangre del oído que le llegaba hasta la mejilla. No hay bifurcaciones, ni otras manchas de ese tipo en el cuerpo, pero sí una grande debajo de la cabeza, precisamente en la zona en la que recibe el fortísimo impacto.

Tampoco hay rastros de sangre en zonas próximas a donde estaba la niña, ni en las vías de acceso a esa zona. La conclusión, para los investigadores, es obvia. Lucía muere en el mismo lugar donde la encuentran, por el fuerte traumatismo. Nadie trasladó allí el cadáver. No hay una tercera persona. Lo confirma además otro detalle que se omite por su crudeza.

Relajada

La postura del cuerpo abona la misma idea. La niña estaba acurrucada, en una posición relajada, como si durmiera. En esa postura la sorprendió la llegada del tren. La distancia entre el cuerpo y los bajos del convoy era suficiente para que éste no la arrollara. Pero Lucía se despertó, se incorporó levemente y uno de los salientes de un vagón la golpeó en la cabeza. Murió en el acto. Esa escena, según la reconstrucción de los investigadores de la Guardia Civil, tuvo que producirse en el trayecto de ida de Pizarra a Álora.

Hay otro dato relevante. El vestido de la niña estaba desplazado hacia arriba y vuelto. En esa cara posterior de la ropa había una mancha de grasa, muy probablemente impregnada durante el rozamiento con algún saliente de los bajos del tren y con un tamaño y dirección compatible con el golpe en la cabeza.

Resuelta la pregunta de dónde murió Lucía, queda dilucidar cómo llegó hasta allí. El estudio de la ropa, del calzado y la propia autopsia aportan claves interesantes. En la parte inferior del vestido hay también manchas de grasa, de aplastamiento, compatibles con las numerosas veces que la pequeña tuvo que sentarse en la vía, afectada por el cansancio. Además, se mezclan con suciedad, contaminación y óxidos que también hay en los raíles. En la ropa interior se reproducen manchas grasientas de las mismas características, lo que confirma la teoría de los descansos y que se sentó en las vías en varias ocasiones.

Las sandalias de Lucía aportan, asimismo, información. Tienen manchas negras sobre todo en talones y suelas, y el resto se reparte por toda la superficie sin un patrón determinado. Eso sí, todas en zonas exteriores. Además, la palma de las manos de la niña estaban sucias y tenían grasa, mientras que el dorso no. También los dedos estaban impregnados, en este caso incluidos los dorsos.

De ello se deduce que la niña se apoyó varias veces en las vías, bien de forma instintiva, por caída o tropiezo, o bien simplemente para descansar. Además, las piernas y la cara de la chiquilla también estaban sucias de grasa y óxidos, manchas de las que se fue impregnando a lo largo de bastante tiempo, probablemente durante su recorrido por las vías.

Análisis de la grasa

La grasa manchó el vestido por contacto, y el tipo de grasa es compatible con la utilizada por el tren y con la que se puede localizar sobre las vías, según los análisis de los laboratorios de la Guardia Civil. Hay cuatro engrasadores de raíles desde la estación de Pizarra hasta el lugar donde fue encontrado el cadáver. Solo si la menor recorrió ese trayecto siguiéndolos se pueden explicar el número, las características y la morfología de las manchas en la ropa.

Hay otros datos objetivos que avalan la tesis de la investigación: no hay indicios de agresión ni abuso sexual, ni rastro de sustancias químicas que se pudieran haber suministrado a la niña, ni ninguna otro indicio que apunte a un acto violento; la data de la muerte se sitúa entre las cinco y las siete de la mañana, compatible con la hipótesis policial, si bien otros datos la acotan entre las 6:35 y 6:47; se aprecian lesiones provocadas por caídas o rozaduras, lógicas por el itinerario que siguió Lucía; no hay un solo testigo que apunte a la intervención de un tercero y los análisis de los laboratorios abonan las pesquisas de la Guardia Civil.

A partir de ahí, los padres de Lucía siguen sin creerse esta versión. La juez ha ordenado nuevas diligencias. Pero la conclusión, a día de hoy, clara: Lucía murió de forma accidental, tras toda una noche sin dormir que la llevó a tumbarse, agotada, entre las vías. Allí fue golpeada brutalmente en la cabeza por un tren. Murió en el acto.