CASO AUSBANC-MANOS LIMPIAS | PERFIL

Virginia López Negrete: La fama y el dinero, su tumba

La abogada de recursos de multas vio en Manos Limpias el trampolín hacia sus dos obsesiones, la fama y el dinero, que ya le han reportado dos imputaciones: apropiación indebida y extorsión

López Negrete, en los juzgados de Palma con motivo de la declaración de la Infanta, en febrero de 2014 - REUTERS

Virginia López Negrete (Valladolid, 1974) era una discreta abogada de recursos de multas cuando su entonces pareja le presentó a Miguel Bernad para que colaborara con él en Manos Limpias. De primeras no le pareció buena idea, pero pronto vio que el pseudosindicato le podía reportar dos cosas con las que sueña: la fama y el dinero, según coinciden quienes la conocen bien.

Se ganó el favor de Bernad tirando de sus habilidades sociales y logró que el líder de Manos Limpias rompiera con todo su entorno, que no veía con buenos ojos el ascenso en la organización de una abogada a la que tildaban, a voz en grito, de «analfabeta del Derecho». Ejerciendo la portavocía de Manos Limpias -y luego la dirección jurídica- se hizo habitual de los platós de televisión.

Una relación de interés

Esa fama le reportó clientes, amén de todos los que Bernad le derivaba entre los muchos desesperados que acudían a Manos Limpias. Aunque los temas fueran del todo inviables, Negrete les cobraba del orden de 9.000 euros por denuncias de apenas cinco folios que eran rechazadas de plano.

Virginia López Negrete, en el juicio Nóos
Virginia López Negrete, en el juicio Nóos- EFE

De forma coordinada, Negrete y Bernad convirtieron Manos Limpias en un negocio muy lucrativo. Además, la relación de la abogada con la Agencia Tributaria era más que laxa, exigiendo habitualmente los pagos en negro, motivo por el que tiene varias denuncias e inspecciones en Hacienda.

Bernad, pese a tener opciones de mucha mayor solvencia jurídica, le dio la joya de la corona del sindicato: ejercer la acusación popular en el caso Nóos. Esto permitió a Negrete tomarse gin-tonics con el juez Castro en los atardeceres frente a la bahía de Palma y saborear la sensación de sentirse importante, que la gente, el «pueblo», la felicitara en la calle por acusar a la Infanta.

Manos Limpias también le puso en contacto con un hombre poderoso y multimillonario, cualidades que a la letrada le resultan muy atractivas. Se llamaba Luis Pineda, de profesión extorsionador, con el que trabajó mano a mano. Las obsesiones de la abogada vallisoletana que quiso conquistar Madrid se han traducido en dos imputaciones por apropiación indebida y extorsión.

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