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La música de la Nueva Abengoa me suena... ¿a la Nueva Pescanova?

Es posible que la historia «parezca» que se repite, sí, pero... con matices, aunque no con tantos como para que devenga en farsa

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Decía el filósofo Hegel (Georg Wilhelm Friedrich Hegel, Stuttgart, 1770-1831) que «la historia siempre se repite». A lo que Marx (padre ideológico del comunismo, Karl Heinrich Marx, Tréveris, Prusia occidental, 1818-1883), en la obra «El 18 Brumario de Luis Bonaparte» (1852), le contestaba: «Pero, la primera vez es tragedia, la segunda es farsa». Excesivamente contundentes los dos, bajo mi punto de vista. Discrepo. Con ambos. Es posible que la historia «parezca» que se repite, sí, pero... con matices, aunque no con tantos como para que devenga en farsa. Quizás, simplemente lo que ocurra es que el ser humano siempre tiende, para su tranquilidad, a buscar analogías del pasado con el presente, y no al revés. ¿Y no será que buscamos muchas veces los porqués de las situaciones reinterpretando el pasado pero reenfocando el relato de manera que nos cuadre con lo que vivimos en el presente? Sí, es más bien esto, fijo. O eso pienso yo...

En cualquier caso, la reflexión me viene al pelo para poner de manifiesto que hay situaciones concretas que se repiten o, al menos recuerdan a otras cercanas -o no-, pero que tienen tintes similares. Al menos, en economía y en el mundo de la empresa, se suele hacer este ejercicio de reflexión. De hecho, es lo que a muchos les pasa ya al diseccionar el devenir de la situación de la que será la Nueva Abengoa con lo ocurrido, en un pasado no tan lejano, con la Nueva Pescanova. Por tanto, la historia, podríamos decir, se repite. Con matices. Una «tragedia», digamos, que se repite «a medias» pero que no acabará precisamente en «farsa». En cualquier caso, se antoja fundamental estudiar la historia de la compañía pesquera gallega donde sospecho que es muy válido analizar problemas para evitar tropezar en la misma piedra con la multinacional andaluza de ingeniería.

Empezando por el principio, ¡qué mejor comienzo!, una vez que Abengoa presentó preconcurso de acreedores a finales del pasado mes de noviembre, y echando la vista atrás, muchos pensamos que su supervivencia dependería de tres posibles escenarios: que apareciera un caballero blanco, que los bancos acreedores estuviesen dispuestos a asumir enormes quitas, o, por último, trocear la empresa y venderla por partes para recuperar parte de sus créditos. Las tres hipótesis de futuro pues guardaban muchas semejanzas con los de otras empresas cotizadas que en el pasado vivieron o múltiples problemas de refinanciación de deuda o de cuentas como Martinsa Fadesa -en proceso de liquidación desde hace meses-, Pescanova -hoy, la Nueva Pescanova, en manos de los bancos- o, incluso, FCC, salvada «in extremis» también por su particular caballero blanco mexicano, el multimillonario Carlos Slim, hoy dueño y señor de la histórica y «familiar» constructora española. Pues bien, salvando las distancias, la historia de Abengoa -que desembocará en la Nueva Abengoa- me suena. De hecho, muchos advierten ya de que comienza a parecerse a la del grupo gallego. Así, en el recuerdo ya -¡y eso que sólo han pasado tres años y pico!- Pescanova protagonizaba uno de los mayores casos de fraude contable de la historia en nuestro país, lo que le llevó a protagonizar un concurso de acreedores superado tan sólo por el de Martinsa Fadesa. Entonces, tras arduas negociaciones, y tira y aflojas entre deudores y acreedores, la banca (el llamado G7, Popular, Sabadell, Abanca, Bankia, Caixabank, BBVA y UBI, por cierto muy similar al G7 de Abengoa: Santander, HSBC, Caixabank, Bankia, Popular, Sabadell y Crédit Agricole) accedió a aceptar una quita superior a dos tercios de la deuda de la pesquera. A cambio, la compañía se sometía a duras condiciones, entre ellas un canje de deuda por acciones que dejó cerca del 80% del capital en manos de sus acreedores, y un nuevo presidente, Jacobo Gonzaléz-Robatto. Nueva deuda, nueva directiva y nuevo consejo, si no ¡nanai! Y en esas están... enderezando el rumbo, de hecho, desde que en noviembre de 2015 la banca se hiciera cargo de la compañía notan que «hasta los proveedores nos dan crédito».

Hoy, en Abengoa, tras las inevitables comparaciones por los también interminables tiras y afloja entre deudores y acreedores, el primer paso para llegar a un entendimiento llegó con el «despido» del entonces presidente y dueño, Felipe Benjumea, para potenciar la independencia de la compañía de su principal accionista, Inversión Corporativa. Condición «sine qua non» que llevaba aparejado el cese posterior del presidente José Domínguez Abascal, un daño colateral lógico al haber sido nombrado por el propio Benjumea para sustituirle. Antonio Fornieles, actual presidente, sí es del gusto de la banca, si bien se descartaron, por razones obvias, los consejeros ligados a las familias fundadoras y otros independientes que llevaban tiempo en el principal órgano de gobierno. A partir de aquí, muchos bailarán al mismo son de la música ya escuchada en otra ocasión: una reestructuración que diluirá a la mínima expresión las acciones del pequeño accionista, una participación «escasita» de los antiguos dueños de la empresa y mayoría casi absoluta de banca y bonistas. ¿Les suena?