Saúl Craviotto - FOTO: ISABEL PERMUY/VÍDEO: MERCEDES N. ALCOCER
Piragüismo

Saúl Craviotto: «Soy policía y me siento catalán y español... tengo el pack completo»

El palista charla con ABC sobre sus alegrías y sus cuatro medallas olímpicas en tres Juegos Olímpicos y también sobre sus peores momentos, su libro y Cataluña

Actualizado:

Su cuerpo está entrenado para dar 150 paladas por minuto. Sus carreras apenas duran 32 segundos. Su preparación para ellas: cuatro años. Un difícil y exigente equilibrio entre el éxito y la invisibilidad en el que vive Saúl Craviotto (Lérida, 1984) desde que cambió el fútbol por el piragüismo, deporte que practicaba su padre. Pero la rapidez con la que compite la aparca fuera de la piragua. Al hablar es pausado, con mirada directa y sonrisa abierta cuando relata sus medallas (dos oros, plata y bronce) en tres Juegos Olímpicos, algo más leve al recordar los malos momentos, que ha plasmado en su libro «4 años para 32 segundos», y la situación actual del país. El equilibrio en la piragua, reflejado en sus palabras.

Ganó dos medallas en Río 2016, pero estuvo a punto de no clasificarse.

En 2015 yo pensaba que lo sabía todo después de estar en dos Juegos y conseguir medallas. Ese año aprendí que no se puede tirar nunca la toalla. Estuve a un pasito de tirarla. Fue el mayor palo de mi carrera deportiva. Fue el año en el que más me obsesioné con cuidar todo a rajatabla: la alimentación, el descanso... Lo quería hacer tan perfecto que llegué allí con un nivel de exigencia, de presión y de nervios que no pasé ni a la final. Fue algo surrealista y estuve a punto de retirarme. Lo hablé con mi mujer, todos me apoyaban... Hablé incluso con gente del Consejo Superior de Deportes, fui al despacho a hablar. «Mira, que estoy pensando en retirarme». Lo iba a anunciar, pero fueron pasando las semanas, los meses, poco a poco me fui animando... Gracias a mi familia llegó un punto en el que era «o para adelante o para atrás». Y gracias a eso, después de ese gran palo creo, que saqué mi mejor versión. A veces es bueno resetear, darte una buena torta y salir a flote con más fuerza todavía.

¿En esos 30 segundos le dio tiempo a pensar que algo no iba bien?

Sí, sí que me fijé. No te da tiempo a pensar demasiado pero por el rabillo del ojo vi que había proas por delante, y ves que vas un poco atrasado. En esa semifinal pasaban dos. Pensaba: «Llevo meses sufriendo como una bestia y me voy a quedar fuera de la final, no puede ser». Es un palo muy fuerte y lo pasé fatal. No recuerdo una situación igual en mi carrera deportiva.

Y un año después, bronce.

En el K1 de Río creo que hice la mejor salida de mi vida. Pero en el paso del 40-50 fallé una palada. Y en 200 metros a esas revoluciones con fallar una pasé de estar entre los primeros a último. Pero último de no salir ni en la pantalla. Tuve que remontar. No sé cómo lo hice. Supongo que de la rabia de decir: «No me puede volver a pasar esto un año después». Mira si fue ajustado que empaté con el alemán. Primera vez en la historia que hay un empate en unos Juegos. Encantado de ser yo el primero. Si llego a quedar cuarto menudo bajón.

«En 2015 yo pensaba que lo sabía todo por haber ido a dos Juegos Olímpicos. No me clasifiqué ni para la final. Estuve a punto de retirarme»

Porque hay mucha diferencia entre ser tercero y ser cuarto.

Venía del oro dos días antes en K2, así que si no hubiese sacado medalla tenía ese plan B. Pero sí cambia mucho. Por ejemplo, Sete Benavides, en Río y Londres quedó cuarto las dos veces por esto (dice juntando las manos). Hubo que mirar la «foto finish» y él ahora no tiene patrocinadores, ni ayudas, no ha salido casi en ningún sitio... Te cambia mucho la vida, no lo podéis ni imaginar.

¿A ustedes ser cuarto también les produce frustración o es fuera donde no se valora lo que hay detrás?

En el momento lo ves como una decepción. Siempre pongo el ejemplo de Sete. O el de Teresa Portela, que también quedó cuarta en Londres. Estábamos los dos en la sala de antidoping, yo venía con una felicidad increíble con mi medalla y ella estaba llorando como una magdalena. No se me olvidará nunca. Nunca he pasado por eso. Yo de cuatro pruebas que he hecho he sacado cuatro medallas. Pleno absoluto. No sé lo que es quedar cuarto. Hay que estar ahí. Pero entiendo que en el momento debe ser parecido a lo que viví yo en 2015, que te sientes mal. Pero al final han salido todos a flote tanto Teresa como Sete como todos los que he conocido. No sé qué tenemos los deportistas. Seremos de otra pasta, porque al final sales a a flote.

¿Por qué España es tan buena en piragüismo, siendo este un deporte minoritario?

Desde 2004 estamos arrasando como Federación. Se están haciendo las cosas bien, hay buenos técnicos, se trabajan mucho los equipos sub-23, los equipos junior... La base es el futuro. Y referentes como David Cal, como «Perucho», las medallas que he conseguido yo... A los niños les ayuda. Es un deporte emergente: está creciendo el número de fichas, de clubes... Cuanta más afición y más jóvenes, más nivel. Antes hablabas de piragüismo y la gente no sabía cómo se agarraba el remo. En cada país hay una cultura, unos deportes con más tradición, y aquí está la cultura del fútbol y dos o tres más. No pasa nada. No lo hacemos por fama. Es bonito que haya un abanico de deportes, que se practiquen y se hable un poco de todos. Entiendo que es imposible hablar de todos, pero se agradecería un poco más.

¿Ahora le pesa el currículum cuando llega a una competición?

Yo intento partir de cero tras los Juegos. Marcarme retos nuevos y olvidar el éxito pasado. Aprender de él pero partir de cero. No puedes vivir de las rentas. Sí es verdad que la gente se fija más, que cuando salen las semifinales hay quien piensa: «Me ha tocado con el español». La gente hace sus quinielas, da por hecho que sacas medalla, pero piensas: «Tranquilo, que todavía hay que darle». Forma parte del deporte de élite y estamos preparados para ello.

«El día de la competición me tengo que obligar a desayunar, se me cierra el estómago por los nervios»

¿Qué hace para dormir el día antes?

No pensar en piragüismo (ríe). En Río me vi no sé cuántas series: «Juego de tronos», «Hannibal»... Si te pones a ver técnicas de piragüismo, o Twitter, donde está la gente dándote ánimos, se te pone el corazón... No duermes porque sabes lo que te juegas al día siguiente: «Tienes que rendir, tienes que descansar». Y si empiezas a pensar... Es mejor hacer cosas totalmente diferentes. O eso es lo que yo hago. Yo no puedo escuchar música antes de competir, me pone nervioso, me entran ganas de empezar. Cada uno tiene su técnica. Yo soy de los que piensa: «Ya he hecho los deberes, tengo el entrenamiento en el cuerpo, ya sé lo que tengo que hacer». Prefiero relajarme, pensar en mi familia, en mis series...

Se dice que las medallas se ganan día a día y que la carrera de los Juegos es para disfrutar. ¿Eso es cierto?

Eso queda muy bonito pero en ese momento mientras compites es como «ahora tienes que comprimir tu fuerza». Lo disfrutas, pero los momentos previos no los disfrutas ni de coña. La mañana de antes me tengo que forzar para desayunar porque se me cierra el estómago de los nervios. La hora de antes tienes náuseas, el estómago cerrado... Y llevo ya 17-18 años compitiendo. El que me diga «yo no me pongo nervioso»... Es mentira. Mentira. Es normal ponerse nervioso antes de competir, antes de una gran cita, del examen de una oposición, de una entrevista de trabajo... El secreto está en controlar esos nervios. Son buenos. Te activan, te ponen a tono, son necesarios para competir.

¿Ha sentido miedo al fracaso?

Creo mucho en que si lo has dado todo no estás obligado a más. No somos robots. Somos seres humanos y tenemos un límite. Yo miedo a fracasar tampoco. De 100 competiciones he fracasado en 80. He tenido más fracasos que victorias. Forman parte del deporte y hay que asumir que si quieres meterte en este mundillo tienes que aceptar que vas a perder muchas veces.

¿Querría ser abanderado en Tokio?

¡Claro que me gustaría! Ya fui de clausura pero de apertura es más vistoso, más bonito. Pero primero hay que clasificarse. Queda mucho tiempo y en España hay grandísimos deportistas. Está Mireia Belmonte, que es un referente para todos nosotros... No sé. Sería un sueño hecho realidad y si no pues iré detrás y apoyando a nuestro país.

Nació en Lérida, es policía nacional, ¿cómo ha vivido estos días?

Me siento muy orgulloso de ser catalán. Y soy español. Llevo 17 años en Asturias, mi mujer y mi hija Valentina son de Gijón. Me siento español. Soy policía nacional. Tengo el pack completo. Son momentos duros y lo estoy pasando mal. Está el ambiente muy crispado y hay que tener muchísimo cuidado con lo que se diga porque veo mucho odio. Lo único que deseo como español, como catalán, como policía, como padre y como ser humano es que volvamos a la normalidad, que todo se encauce y se arregle. Yo personalmente lo estoy pasando mal. Esperemos que todo se arregle.