López Simón, triunfador de la tarde, sale a hombros del coso portuense
López Simón, triunfador de la tarde, sale a hombros del coso portuense - NACHO FRADE
Toros

Puerta grande para López Simón en El Puerto

Garrido corta una oreja y Finito de Córdoba recibe bronca en su segundo frente a reses de escaso juego en El Puerto

EL PUERTOActualizado:

Del ramillete de verónicas con que Finito de Córdoba recibió al ejemplar que abría plaza, sólo pudo estirar los brazos a gusto en, a penas, un par de ellos, dado el escaso celo y la poca humillación que presentó de salida su oponente. Que tras pasar por el fielato del caballo, evidenciaría también una palmaria falta de fuerzas.

Por este motivo, un quite frustrado del cordobés sólo pudo quedar abrochado con una bella media verónica. Buena labor de la cuadrilla durante el tercio de banderilllas, que recibió el entusiasmado reconocimiento del respetable. Con naturalidad y añeja torería de unos suaves pases por alto, inició el trasteo de muleta Finito. El toro desarrolló nobleza y fijeza en el último tercio, lo que permitió que Juan Serrano se gustara con tandas de toreo en redondo, en los que derramaba la pureza y calidad que atesora. Sólo interrumpidas con algunas pérdidas de mano de la res. Más reticente ésta en su embestida por el pitón izquierdo, los naturales, aunque excelsos algunos, no alcanzaron la ligazón conseguida por los derechazos. Dos pinchazos y una media estocada pusieron colofón a su labor.

El cuarto fue un toro que mostró nula codicia en los capas, lo que dejó inédito a Finito en su actividad capoteril. Recibió un duro castigo en varas, lo que provocó la ira del público, poco acostumbrado a contemplar la suerte de varas en dos actos. Frente a un enemigo moribundo y con una embestida sosa y adormecida a media altura, Finito tan sólo pudo merodear por su cara durante un rato, hasta que la hostilidad del respetable le urgiera a armar la espada. Dos pinchazos lanzados a distancia y un descabello pusieron fin a su triste actuación.

Con mecidas verónicas, primero a pies juntos y luego abierto el compás, recibió López Simón al segundo de la suelta, al que después galleó con garbo por chicuelinas para dejarlo en jurisdicción del picador. Arribó el toro al tercio de muerte con cierto brío y brusquedad en su embestida, que pronto serían domeñadas por el trazo bajo, fuerte y certero de la franela del madrileño. El animal pedía pelea, con acometidas largas y encastadas, por lo que López Simón procedió a acortarle el viaje de manera progresiva con sus poderosos muletazos-latigazos. así, con el enemigo más sujeto y templado, planteó la lid en terrenos de cercanías, donde dio su buscado y consabido recital de arrebatada tauromaquia. Tras cobrar una estocada desprendida se le concedió una oreja.

Se estiró con relajo a la verónica al recibir al quinto de la suelta, un castaño no sobrado de fuerzas ni de raza. Jesús Arruga Arruga y Domingo López saludaron tras parear con acierto, preámbulo feliz de una esforzada labor muleteril de López Simón, en la que intentaba ligar los pases a las embestidas noblonas, suaves y sin ninguna intensidad ni transmisión que le regalaba su oponente. Embestidas. Lo puso todo en pos del triunfo, hasta se arrimó en el tramo final del trasteo con circulares y circulares invertidos a milímetros de los pitones que enaltecieron los tendidos. Un pinchazo y una estocada servirían de salvoconducto para abrir la Puerta Grande.

Verónicas, chicuelinas y una media en el centro de ruedo constituyeron el variado repertorio capotero con que José Garrido recibió al castaño que hizo tercero de la tarde. Quitó después con ajustados delantales y el toro, tras los escuetos trámites de varas y rehileteros, inauguró el trasteo de muleta con embestidas rebrincadas y manifiestos problemas de tracción. No sobrado de casta ni de fijeza además, López Simón hubo de sujetarlo con dominadores pases por bajo, que dieron paso a series en redondo que carecieron de la hondura y ligazón que el animal no podía aportar. Denodada actuación del extremeño, que culminaría con un sincero arrimón y abrocharía con una estocada trasera. Meció los brazos con donaire al capotear a la verónica y gallear por chicuelinas al que cerraba plaza. Animal que perdió gran parte de su escaso brío tras el puyazo recibido. Garrido, ante un toro casi inmóvil realizó una faena voluntariosa y, tras matar de estocada, obtuvo postrero trofeo.