Un nuevo Perera extremeño irrumpe en la Oportunidad de Vistalegre

El alumno de la Escuela taurina de Badajoz se alza ganador del certamen en una final en la que Villita salió a hombros

MADRIDActualizado:

A dejarse matar. Así salió Manuel Perera, un chaval de Villanueva del Fresno, cosecha de agosto de 2001. Un adolescente aún, con el punto de locura que dan el toreo y la edad, pero con actitud de hombre que sabe lo que quiere. Y el objetivo era claro: ganar La Oportunidad, un certamen muy reñido, cuyo segundo puesto fue para Juan José Villita, que salió a hombros, mientras que la tercera posición la ocupó Valentín Hoyos.

Tres conceptos distintos, tres esperanzadores aspirantes que renovaron ilusiones en el aficionado. Los tres, cada cual en su estilo, se asomaron al balcón del toreo como esas almas que se asoman a una ventana llena de sol, con ese espíritu tan lorquiano, aunque la final no fuese a las cinco de la tarde, sino a las doce de la mañana.

Perera pasea la oreja del sexto
Perera pasea la oreja del sexto-Paloma Aguilar

Un par de horas después, cuando las agujas buscaban la media de las dos, un nuevo Perera extremeño irrumpía en Vistalegre y se alzaba vencedor de un ciclo en el que ya había pegado un golpe sobre la mesa en la primera semifinal del viernes. Este domingo volvió a dar el do de pecho, con una disposición ilimitada, frescura y conexión. Su decidida apuesta en el sexto fue decisiva. En novillero siempre, con hambre de triunfo, se marchó a la puerta de chiqueros. Y de esa misma guisa, de rodillas, comenzó su entregada faena, arreando que es gerundio, con cierto oficio por su rodaje en el campo extremeño bajo la batuta de Luis Reina y también con inocencia del verdor lógico. Poco tiempo llevaba delante del eral de Guadajira cuando a derechas le cogió de espantosa manera, con los pitones en el pecho cuando yacía en la arena. Medio grogui quedó de la paliza, pero allá que siguió con raza, ahora por el izquierdo, por donde hubo naturales buenos y de mucho mérito. Dispuestísimo y enfibrado, caló en el público, que vivió otro susto cuando se llevó otra voltereta. Lo quería todo este Perera, que mató a la primera aun que el acero cayó muy bajo. Magullado y sin más dolor que el de no haber cortado las dos orejas, paseó una entre los aplausos.

Perera sufrió una dura voltereta
Perera sufrió una dura voltereta-Paloma Aguilar

Antes había pinchado al tercero, al que recibió de hinojos y con el que sorprendió su prólogo por bernadinas. No fue el planteamiento más inteligente para un animal que embestía como un tigre de Bengala, con cero clase, como poca tuvo en líneas generales el conjunto ganadero, que se movió y transmitió a medio camino entre la casta y el genio, pero que obedecía a los toques. Muy valiente, alargó en exceso y en la hora final se llevó un tremendo susto: en el segundo encuentro, el acero voló y cayó sobre su propio cuello -en la parte posterior, cerca del cuero cabelludo-, por lo que tuvo que ser atendido en la enfermería de un corte.

Villita se abandona en un derechazo
Villita se abandona en un derechazo-Paloma Aguilar

Rozando ese primer puesto se quedó el alumno de la Escuela Yiyo, Juan José Villita (Toledo, 2000), con la virtud y la listeza de hacer rugir a la afición mediada su segunda faena. No paraba de berrear este quinto animal, que brindó a sus maestros El Fundi, Miguel Rodríguez y Rafael de Julia. Transcurría la labor entre el «tal vez...», cuando tomó la derecha y se abandonó en dos series sensacionales, con aires de Joselito. Aquellas dos rondas entusiasmaron y se creció Villita, que borda los pases de pecho, fluidos con naturalidad y aires antiguos hasta la hombrera contraria. En ambos enemigos lo demostró y a ambos cortó una oreja tras dos obras ilusionantes. En su geniudo primero, con unas ganas locas de pirarse y rajarse, tuvo el mérito de sujetarlo en los medios después de llevarse un volteretón tremendo en su entregado tercio de banderillas.

Valentín Hoyos se dobla con el de Guadajira
Valentín Hoyos se dobla con el de Guadajira-Paloma Aguilar

Una oreja del cuarto se embolsó Valentín Hoyos (La Alberca, 1999), un alumno aventajado de la Escuela salmantina que tiene a Morante de la Puebla como ídolo. Y ese espejo se vio en algunos pasajes, como un comienzo por bajo con aroma y un bello broche a dos manos; suyos fueron los momentos de más torería. Hoyos aprovechó el notable pitón zurdo del primero -el mejor de la mañana-, componiendo en naturales con su personalidad y su aquel, pero pinchó.

El nombre del triunfador fue Manuel Perera, que recogió un estoque como premio, mientras abandonaba a hombros la plaza Villita. Los tres merecen nuevas oportunidades. El camino ya lo han abierto. Paso a la juventud...