Cultura - Toros

Del milagro de Robleño a la plenitud al natural de Aguilar en Las Ventas

El primero resulta herido al sufrir una espantosa cogida a portagayola y el segundo pierde una oreja de ley con el descabello con una variada corrida de Palha

Más de 6.500 espectadores en el cierre de la temporada y en la última corrida de Taurodelta al frente de Madrid

Fernando Robleño, a merced del toro de Palha tras ser cogido a portagayola
Fernando Robleño, a merced del toro de Palha tras ser cogido a portagayola - Paloma Aguilar

Un hombre a portagayola. Solo él y su destino frente a la boca de fuego, que disparó la llamarada del primer toro de Palha, parado en el umbral del ruedo hasta que se arrancó a Fernando Robleño, arrollado por la fuerza bruta de «Saltillo II» en su saludo. La leyenda del «terror, el horror y el furor» de la divisa portuguesa visitaba Madrid. «Saltillo II» le lanzó cornadas que parecían la cadena de la muerte. Espantosa la escena, y en el recuerdo el percance del día anterior de Padilla en Zaragoza... Todos los corazones se encogieron; todos menos el de Robleño, el pequeño gigante renacido. Sin chaquetilla, continuó en el fragor de la batalla como si el toro no le hubiese propinado tan dura paliza.

Robleño, con el primer toro
Robleño, con el primer toro- P. Aguilar

El boquete de la camisa anunciaba el navajazo en terrenos del tórax. La sangre oscura se atisbaba cada vez con mayor intensidad. Nada sería para lo que pudo ser... No era fácil el encastado «Satillo II», al que zurraron en varas, pero que se tragaba los muletazos. Rebrincadito, Robleño adelantó la muleta y lo llevó muy tapado, una de las claves de su meritoria faena. Por el izquierdo se metía por dentro y cuando tomó de nuevo la mano de escribir trazó una serie de esfuerzo y exposición. Valeroso y con oficio, cazó de un espadazo al palha, que murió con la boca cerrada y que fue arrastrado entre aplausos. La petición de oreja no cuajó del todo y dio una vuelta al ruedo antes de pasar a la enfermería, donde fue atendido de «una cornada de 10 centímetros en la región posterolateral del tórax derecho, no penetrante en cavidad, de pronóstico leve».

Era el principio del fin de la temporada y la última corrida en Las Ventas con la firma Taurodelta, capitaneada por uno de los taurinos más inteligentes de su generación, don José Antonio Chopera. La empresa hizo un guiño torista en el festejo previsto para la Hispanidad, pero por la lluvia se aplazó a la tarde de ayer, de agradable temperatura y con más de 6.500 espectadores.

Alberto Aguilar, en un largo y profundo natural
Alberto Aguilar, en un largo y profundo natural- Paloma Aguilar

Hubo que esperar al sexto toro, «Quita-Sustos» de nombre, para ver los mejores muletazos. Su autor: Alberto Aguilar, sensacional en una obra de plenitud al natural. El izquierdo era el pitón superior del palha, y por ese lado se centró –por el derecho parecía reparado de la vista y no tenía ni medio–. Tras una lidia sobresaliente de Iván García, su matador se marchó a los medios, se santiguó y brindó al público. Apostó con firmeza y se echó la muleta a la zurda después de una breve probatura genuflexa. Dos series brotaron con temple y abandono, entregado siempre, con gusto y desparpajo. Crecido y soberbio Aguilar, que buscó la colocación sincera, echó los vuelos al hocico y cuajó puros y profundos naturales en medio de los oles de Madrid. La oreja era premio seguro. Cuando enterró la espada, la gente sacó el pañuelo de los bolsillos, pero precisó del descabello y el paseo del anillo fue sin trofeo.

Arturo Macías, por manoletinas
Arturo Macías, por manoletinas- Paloma Aguilar

El toro más bravo del desigual conjunto de Palha fue el segundo, bautizado como «Saltillo I». Un estrechito y gran ejemplar, en línea y casta Ibán. Muy castigado en su notable pelea en el caballo, se comió luego la muleta del mexicano Arturo Macías, dispuesto y con algunas series con su aquel, pero desbordado a veces y al que se midió con dureza.

El resto de la interesante tarde tuvo menos historia, con toros más mansos, parados y deslucidos. En la memoria, un «Saltillo» y el renacimiento de dos toreros... La vida sigue.

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