Cultura - Toros

El Juli convierte en fiesta una tarde abocada al desastre en Logroño

El madrileño corta dos orejas al buen quinto de la mular corrida de El Vellosino

El Juli, con el quinto toro
El Juli, con el quinto toro - Efe
ÁNGEL G. ABAD Logroño - Actualizado: Guardado en: Cultura , Toros

Uno de seis, como si de una apuesta se tratase. Al final salió cara en el quinto, al que cuajó El Juli, y, al parecer, todos contentos. Objetivo cumplido, que tampoco es mala marca que se corten tres orejas y uno de luces salga por la puerta grande, se dirán toreros, organizadores y hasta el ganadero de El Vellosino. Pues no. De la tarde se salvó El Juli y un toro que tuvo la nobleza por bandera, aunque muy medido de motor. El resto para olvidar, o mejor, no; para recordar el desastre que estuvieron a punto de perpetrar.

Le faltó de todo al mular conjunto de El Vellosino, algo que no debe sorprender a quien siga lo que está dando de sí últimamente este hierro. Pero las figuras se siguen apuntando. Seguramente en la espera de que de vez en cuando salte uno que tape la boca a tanta ausencia de sangre brava. Ellos verán, que de ellos parece que es este juego.

El Juli pasea feliz las dos orejas
El Juli pasea feliz las dos orejas- Efe

Y esta vez el premio de la rifa le salió a El Juli en el quinto. Un vellosino noble al que el madrileño cuidó mucho. Toreó con suavidad extrema con el capote y en una faena que tuvo el mérito de ir siempre a más, en la que el juego con los tiempos fue fundamental para que el toro aguantase. Le sacó El Juli partido por los dos pitones, primero toreando a la recta, para ir poco a poco metiéndose más y más en un muleteo que acabó poderoso. No faltaron circulares y entonadísimos cambios de manos, que elevaron el tono de la faena. El público se le entregó y tras una fea estocada a sus manos fue el premio gordo de las dos orejas, con el final en fiesta de la salida a hombros, ese que da el titular si no se rasca más en lo que fue la segunda corrida de la Feria de San Mateo.

El riojano Diego Urdiales anduvo por encima del tercero, que embestía sin humillar y rebrincado, una prenda que tuvo la suerte de encontrarse con el torero de casa, que venía a por todas, pues seguramente cualquier otro torero lo hubiera despachado con mayor premura. Se gustó por momentos y hasta le cortó una oreja, que también se pudo llevar del sexto de no fallar con los aceros tras una de mérito.

Morante –o tuvo mala suerte o se la busca– dio una paupérrima imagen, excepto a la hora de aguantar la bronca con que los logroñeses le despidieron. Ahí, cara a la puerta de salida, le puso sus gotitas de arte.

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