Sarah Lamb y Vadim Muntagirov, en el ballet «Manon», retransmitido el pasado 3 de mayo.
Sarah Lamb y Vadim Muntagirov, en el ballet «Manon», retransmitido el pasado 3 de mayo. - Alice Pennefather

Un teatro de ópera infinito

Las temporadas de ópera y ballet en los grandes coliseos como el Covent Garden multiplican su aforo con sus retransmisiones en los cines

LondresActualizado:

La Royal Opera House, en el Covent Garden londinense, es uno de los más señeros teatros de ópera del mundo. Inaugurado en 1732 -aunque el edificio actual es de 1858-, al reclamo de sus sobresalientes espectáculos operísticos y de ballet acuden diariamente algo más de dos mil personas, que llenan el aforo del teatro. Sin embargo, el pasado 5 de diciembre fueron 82.000 los espectadores que pudieron ver el ballet «Cascanueces», ofrecido por el Royal Ballet, la compañía de danza titular del teatro. ¿Cómo es posible esta multiplicación? No hay ningún misterio en la explicación. Aproximadamente 80.000 personas pudieron ver el ballet sentados en la butaca de un cine en algún lugar del mundo.

El cada vez más asentado desarrollo audiovisual de los teatros de ópera tiene varios caminos. Algunos, como el Teatro Real, ponen el acento en internet y las redes sociales. El Covent Garden dedica sus mayores esfuerzos a la retransmisión de sus espectáculos a través de las salas cinematográficas de todo el mundo. Edgar Kamga-Sande, jefe de operaciones de cine y grandes pantallas de la Royal Opera House, asegura que «la mentalidad de los teatros de ópera ha cambiado radicalmente en los últimos años. Cuando yo llegué aquí en 2011, el teatro tenía costumbre de grabar sus espectáculos y comercializar esas grabaciones. Ahora la gran aventura es la retransmisión en vivo, que ofrece al espectador una sensación totalmente diferente».

Multiplicación

Según Kamga-Sande, en la temporada 2010/11 vieron los títulos de la Royal Opera House 18.000 personas; «la temporada 2016/17 ese número se multiplicó y llegó, solamente en Gran Bretaña, a 425.000 espectadores de los doce espectáculos que ofrecimos». También la mentalidad de las salas cinematográficas está cambiando. «Aproximadamente -sigue- el 40% de los espacios con los que trabajamos son cines independientes, pero hay cada vez más demanda. Comenzamos con cincuenta en Gran Bretaña. Hoy hay medio millar, y en todo el mundo rondamos las mil salas».

«Tosca»
«Tosca»- ROH

Asegura Kamga-Sande que la experiencia para el espectador que ve un ballet o una ópera es totalmente diferente a la que siente el público en el teatro. «Pero nuestro reto es que se sienta como si estuviera allí. La proyección les ofrece a todos y cada uno de los espectadores la posibilidad de sentarse en la mejor butaca del teatro -en realidad, en las mejores butacas, ya que se ofrecen distintos puntos de vista-. Además, tiene acceso a contenidos que el espectador del teatro no tiene, porque en los descansos proyectamos reportajes de los ensayos, entrevistas con los intérpretes... Estamos creando un nuevo lenguaje; “traducimos” a los espectadores del cine una nueva experiencia».

El próximo 12 de junio, con la proyección de «El lago de los cisnes» -la producción que el Royal Ballet traerá al Teatro Real un mes después- concluirá la temporada cinematográfica del Covent Garden. Pero ya está diseñada la próxima, que en España distribuye Versión digital a cerca de un centenar de salas cinematográficas. Dicha temporada incluye seis ballets -«Mayerling», «La bayadera», «Cascanueces», «Don Quijote», un programa mixto contemporáneo y «Romeo y Julieta»- y cinco óperas: «La valquiria», «La dama de picas», «La traviata», «La forza del destino» y «Fausto»-.

Mentalización

El ballet tiene una alta demanda por parte de los espectadores en todo el mundo. De hecho, cuenta Kamga-Sande, «la retransmisión más vista el año pasado fue “Cascanueces”». Ashley Woodfield, responsable de comunicación del Royal Ballet, reconoce que «hoy en día, al crear un nuevo ballet, los diseñadores de la escenografía, del vestuario y de la iluminación son conscientes de que su trabajo se va a ver a través de una gran pantalla, y de algún modo orientan sus creaciones; y también el coreógrafo, que sabe que las cámaras pueden ayudar a contar mejor la historia. El diálogo con los responsables de la realización en este sentido es fundamental».

Los intérpretes también salen al escenario mentalizados de que sus acciones se van a ver a través de la lupa de la gran pantalla. La vasca Itziar Mendízabal, solista del Royal Ballet, reconoce que los nervios crecen en los días anteriores a la retransmisión, «porque sabes que te va a ver muchísima más gente, incluso quizás tus amigos y familiares. Una vez en el escenario todo se te olvida, aunque sí hay cosas con las que debemos tener cuidado; por ejemplo, en ocasiones hablamos entre nosotros, pero en estas funciones no podemos hacerlo».