Una imagen de «Una oda al tiempo»
Una imagen de «Una oda al tiempo» - David Ruano

María Pagés escribe «Una oda al tiempo»

La coreógrafa sevillana presenta su nuevo trabajo, una reflexión sobre el paso del tiempo, en los teatros del Canal

MadridActualizado:

«El río me arrebata y soy ese río. / De una materia deleznable fui hecho, / de misterioso tiempo. / Acaso el manantial está en mí. / Acaso de mi sombra / surgen, fatales e ilusorios, los días». Estos versos del argentino Jorge Luis Borges constituyen el principio poético de «Una oda al tiempo», el nuevo espectáculo de María Pagés, que se estrenó ayer en los teatros del Canal después de ver la luz en Albacete hace unos meses. «Es una reflexión sobre el tiempo y la contemporaneidad -explica la bailaora y coreógrafa-; no existe nada contemporáneo si no está en constante diálogo con la tradición».

Con dramaturgia y textos de El Arbi El Harti, «Una oda al tiempo» lo componen doce episodios, asentados sobre doce palos flamencos -tonás, seguiriyas, soleá, alegrias, vidalita, peteneras...-, con uno de los habituales cócteles musicales que suele realizar María Pagés, y donde el flamenco de su músico de cabecera, el guitarrista Rubén Levaniegos, se entremezcla con autores como Chaikovski, Vivaldi o Händel. El vestuario, revela la bailaora, está dominado por el gris.

El espectáculo, presidido por un péndulo que es al tiempo luna, sol o reloj, atraviesa las cuatro estaciones. «Yo estoy en el otoño; hay aún mucho tiempo, pero no queda ya tanto...», reflexiona María Pagés. A pesar de este comentario y del color dominante del vestuario, dice la bailaora que no es un trabajo pesimista. Sí hay en él, reconoce, una preocupación social y política. «La política nos organiza la vida, y es en este sentido como se refleja esta preocupación. El arte refleja lo que está pasando, y es evidete que no vivimos los mejores tiempos. Hay desilusión; también por la democracia, que tanto nos esperanzó. Ya no la vemos como un ideal, está cansada, pero no solo aquí en España». Y sigue la creadora con otra reflexión: «el ser humano ha dado la espalda a la Naturaleza, la ignora, cuando sin ella no es nada».

Y por encima de todo, el tiempo, «el enigma de la existencia, pero también la clave, la sustancia y el reto -escribe El Harti-. Tiempo de nacer, tiempo para el amor, tiempo de desamor, tiempo de la juventud, de la pasión y el entusiasmo, tiempo del aprendizaje y la sabiduría, tiempo de la melancolía que anuncia las inminentes transformaciones, tiempo de guerra, tiempo para la trascendencia y la esperanza».

A juzgar por las palabras de María, este es un espectáculo teñido por su momento vital -todos lo son, pero algunos de manera más evidente-. «Una oda al tiempo» es una obra de madurez en la que la coreógrafa reafirma su credo artístico: el «necesario diálogo con la memoria». «En la coreografía está presente desde el flamenco más “primitivo” hasta ese flamenco “hospitalario”, que acoge otros estilos, otras músicas y otras culturas y las lleva a su terreno. «La coreógrafa continúa -escribe El Harti- su diálogo permanente con la memoria del baile flamenco, que constituye su propia memoria. Lo hace de manera serena y sin tabúes para extraerle su mejor savia e interpretarla desde su singularidad y su modo de ver y concebir el baile, la coreografía y el espectáculo flamencos. Para María Pagés la tradición ha sido siempre su fuente y su ágora. No concibe el arte fuera de la incesante escucha y observación de la herencia cultural, creada a fuerza de genio y perseverancia por todos los que se han dedicado a él».