CRÍTICA DE ÓPERA

Un «Macbeth» en blanco y negro

El Gran Teatre del Liceu inauguró su temporada con la ópera de Verdi

Una escena de «Macbeth»
Una escena de «Macbeth» - Efe

El Liceu barcelonés comenzó su temporada despidiendo su Año Shakespeare con una de las obras más logradas de Verdi inspiradas en el actor y dramaturgo inglés: «Macbeth». La obra se ofreció mezclando la versión francesa de 1865, aunque sin todos los ballets y dejando el final original, de 1847. La opción, quizás no la más coherente, venía dada desde el teatro de origen de esta lograda producción de Cristof Loy, el Grand Théâtre de Genève (Ginebra, Suiza), que opta por una escenografía única y un par de cortinajes que funciona muy bien, algo impensable ante una ópera con tantas escenas por acto. El menos logrado resultó ser el segundo, con el asesinato de Banquo en el comedor de los Macbeth. Pero hay muy buenas ideas, como que la fatal pareja esté junta desde el principio, incluso en la lectura de la carta, o el «racconto» que Loy se saca de la manga. Decorados, maquillaje y vestuario, en blanco y negro, miraban al cine del pasado.

«Macbeth»Música: G. Verdi. Intérpretes: Ludovic Tézier, Martina Serafin, Vitalij Kowaljow, Saimir Pirgu. Orquestra Simfònica i Cor del Gran Teatre del Liceu. Director musical: Giampaolo Bisanti. Director de escena: Christof Loy. Lugar: Gran Teatre del Liceu, Barcelona.

Los dos protagonistas debutaban en sus complejos personajes: Martina Serafin, Lady Macbeth, aportó una voz impresionante, brillante; sin un pasado belcantista, sin embargo, su aproximación al rol careció de dominio en la coloratura; se cuida al bajar a los graves -casi inaudibles- y tampoco sus sobreagudos son hermosos, aunque solucionó con tablas y talento la escena de la locura. Ludovic Tézier cantó un Macbeth humano: su bello timbre pudo incidir en la maligna enfermedad que tortura al Rey escocés, aunque se echó en falta todavía más compromiso actoral; su «Pietà, rispetto onore» fue simplemente maravillosa. El Banquo de Vitalij Kowaljow convenció pero, curiosamente, no se lució en su escena ni en su aria. Saimir Pirgu completó el reparto sin brillo especial -raro en ese lujo que es el papel de Macduff-, mientras el Coro del Liceu cantaba y actuaba cuidando siempre la calidad del sonido.

Desde el podio, Giampaolo Bisanti llevó por caminos de gloria a la Simfònica liceísta, ofreciendo una lectura teatral, pasional y aseada.

Un comienzo de temporada más que auspicioso.

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