Nacho Guerreros, en una escena de «Juguetes rotos»
Nacho Guerreros, en una escena de «Juguetes rotos» - BARBARA SANCHEZ PALOMERO

«Juguetes rotos»: el «bullying» de la vida

El Teatro Español presenta esta obra escrita y dirigida por Carolina Román

MadridActualizado:

«Tenemos el derecho y el deber de contar las historias que nos afectan y nos emocionan», dice Carolina Román, autora y directora de «Juguetes rotos», la obra que se acaba de estrenar en la Sala Margarita Xirgu del Teatro Español. Nacho Guerreros y Kike Guaza son sus intérpretes. La historia que ha querido contar Carolina Román es la de Mario, un transexual durante una época en la que «serlo te llevaba fácilmente al suicidio o a la muerte -cuenta la autora-; muchos no pudieron salir de sus jaulas, unas jaulas que estaban a menudo en sus cabezas».

En la puesta en escena de «Juguetes rotos» Carolina Román ha contado con dos cómplices: por un lado, la directora del Español, Carme Portaceli, que quiso contar con ella para esta temporada del coliseo y eligió éste de entre los proyectos que le presentó; y el actor Nacho Guerreros. «No hacía drama desde 2005, en que interpreté “Bent” junto a Daniel Freire; desde entonces no he hecho más que comedia, y quería reinventarme. Así que contacté con Carolina Román con la idea de que escribiera un monólogo sobre el acoso» -el actor es el autor de un libro titulado «Yo también sufrí bullying»-. A la autora se le plantearon varias preguntas que condujeron a querer contar la historia de un transexual: «¿qué ocurriría si fuera todo un colectivo el que sufriera acoso, si fuera la vida la que le hiciera bullying?»

La primera cita que tuvieron Carolina Román y Nacho Guerreros fue, premonitoriamente, en la puerta del Teatro Español. El trabajo entre los dos comenzó y para ayudarles con unos ejercicios de improvisación apareció Kike Guaza. «Después de la sesión de trabajo -cuenta la autora y directora-, tanto Nacho como yo vimos la necesidad de incorporarlo a la historia».

La historia de Mario y de Doreen transcurre fundamentalmente durante el franquismo, desde los años sesenta hasta esos ochenta que fueron en España un estallido de libertad. «Ahora somos mucho más modernos que en 1984», lamenta la directora, que justifica la elección de época porque en aquellos años estaba vigente la Ley de vagos y maleantes -promulgada por la II República, aunque modificada por el régimen franquista para incluir en ella a los homosexuales-, que fue sustituida en 1970 por la Ley sobre peligrosidad y rehabilitación social. «Estas leyes eran una brutalidad», dice Carolina Román, que para ilustrar esta idea cuenta una anécdota. «En el texto se reproducen fragmentos de esta ley, que las interpreta una voz en off. Juan Margallo es esa voz y cuando estaba grabando estos textos le dijo a su hija, Olga Margallo -ayudante de dirección en la función- que me advirtiera de que no resultaba creíble. “Pero si es el texto de la ley literal”, le contestó Olga».

Hay luz en esta historia de oscuridad, alega la autora y directora. Y hay también detrás, explica, una profunda labor de investigación, enfocada en principio a una transexual llamada Maite. «Durante este proceso apareció una pregunta: ¿Dónde quedaron esas personas que no pudieron asumir su verdadera sexualidad reprimida por una España franquista y negra? ¿Qué pasó con los que no tenían cabida en el mundo del espectáculo? Me interesa contar esa otra parte: los que no pudieron salir de sus propias jaulas, los que no se atrevieron y los que sí lo hicieron». Y cuenta Carolina Román que contactaron con la Fundación 26 de diciembre, que fundamentalmente atiende a personas mayores lesbianas, gays, transexuales y bisexuales (LGTB). «Allí nos dijeron que apenas hay transexuales, porque la mayoría se suicidaron, no soportaron la situación». «Juguetes rotos», concluye Carolina Román, «es una lanza a favor de lo diferente; pero no pretendo aleccionar a nadie».